Ana Rivera, psicóloga, sobre ser madre pasados los 40: "Puede haber una mayor autoexigencia, necesidad de mostrar su mejor versión y, a la vez, poder mantener intacta su faceta profesional"


Cuando las mujeres son madres mayores, pueden afrontar la maternidad de forma diferente y buscan información, a veces, de forma compulsiva


madre madura abrazando a su bebé© Getty Images
27 de septiembre de 2026 a las 7:02 CEST

Ser madre cuando se supera la barrera de los 40 años suele vivirse como una decisión consciente, meditada y cargada de sentido. Pero esa misma madurez que aporta seguridad también puede abrir la puerta a un fenómeno silencioso: la búsqueda compulsiva de información. Manuales, foros, cuentas de Instagram… muchas mujeres se aferran a ellos para sostener la pérdida de control que supone un recién nacido que no responde a agendas ni métricas. 

Como explica la psicóloga Ana Rivera Ramos, miembro de Top Doctors Group, “toda madre convive con el sentimiento de pérdida de control de su vida en algún momento”, y en las más maduras esa autoexigencia puede intensificar el miedo, la duda y la necesidad de hacerlo perfecto. No podemos perder de vista que en un posparto más cansado, con menos tribu y más expectativas sociales, la información se convierte en refugio… aunque a veces también en ruido. 

¿Por qué el recién nacido puede llegar a provocar un choque psicológico tan severo en este perfil de madres maduras, que tal vez han estado muy volcadas en su faceta profesional?

Cuando una mujer decide ser madre a una edad más madura, yo lo entiendo como una maternidad más consciente, a pesar de que durante el transcurso de la misma, se puedan desarrollar momentos y desajustes personales con una gran carga mental, emocional y física en la mujer. Estas madres ya han dedicado una hermosa etapa de su desarrollo hacia su propio crecimiento, personal, laboral, afectivo y social. Entonces deciden ser madres y asumir las responsabilidades que la maternidad conlleva. Es importante entender el origen del que procede la decisión de ser madre en estas mujeres, no se puede considerar igual una toma de decisión libre, una presión por parte de pareja, familiares o grupo social o, como en muchas ocasiones ocurre, por una comparación social.

Con la llegada de un recién nacido, las prioridades cambian: ahora sois tú y tu bebé. Existe una fisura real con tu desarrollo profesional, vinculado a tu libertad, independencia, seguridad, control, satisfacción y realización, relacionadas con tu faceta como mujer. Todas las madres pasan por un proceso de transición con ellas mismas, donde uno de los errores puede ser en la búsqueda de seguridad, control, satisfacción o realización durante nuestro primer contacto con la maternidad. En la maternidad, aparecen momentos de miedo, inseguridad, angustia, culpa, autoexigencia... Es un camino complejo, único y de alta responsabilidad en la mujer, vivido y analizado desde su historia personal.
¿Puede provocar un choque psicológico en perfiles de madres maduras? En muchas madres sí, pero no depende única y exclusivamente de la separación temporal de su faceta profesional. Entender el entorno laboral en el que convive la mujer puede llegar a ser más o menos favorable al desarrollo del mismo. El sector laboral, equipo de trabajo, espacios de acompañamiento y cuidado durante la maternidad, conciliación familiar, pueden ser algunos de los desencadenantes de este choque psicológico.

mujer dando el biberón a su bebé© Getty Images

Las mujeres que son madres mayores suelen llegar a la maternidad tras años de autonomía, desarrollo profesional y control de sus agendas. ¿Cómo choca esa identidad de “mujer resolutiva y autosuficiente” con un recién nacido que no responde a métricas, tiempos ni manuales?

Ser resolutiva y autosuficiente son dos habilidades de gran peso durante la maternidad. Una mujer resolutiva podrá afrontar situaciones que puedan surgir de imprevisto con su bebé, tomar decisiones de manera más objetivas, analizar y contemplar posibles alternativas. De la misma manera es de gran valor una mujer autosuficiente, una cualidad vinculada a la seguridad, la confianza y la libertad.

Es fundamental entender el rol que tiene una mayor prioridad en tu vida ahora, el de madre. No estamos diciendo que se deba abandonar a la mujer, todo lo contrario, es la naturaleza de la maternidad, si no entendernos desde nuestra participación en el día a día, durante un tiempo desde ese rol. Ayuda a identificarnos en quién somos como mujeres, organizadas, seguras, inseguras, alegres, resolutivas, dependientes, divertidas, criticas, perfeccionistas, afectivas, frías… Estar en una mayor coherencia con tu esencia como mujer te permitirá poder adaptarte de una manera más natural, segura y calmada a las necesidades reales del recién nacido, saber dónde están tus propios límites y tus potencialidades.

 La madre de 38 o 42 años es una mujer que, con esa edad, de manera general, ya tiene una responsabilidad laboral, económica, social y familiar, es más autosuficiente y autónoma

Ana Rivera Ramos, psicóloga

Cuando el embarazo se ha buscado durante mucho tiempo, a veces tras procesos de reproducción asistida o pérdidas previas, ¿existe un mandato inconsciente de que la crianza “debe salir perfecta” para justificar todo el esfuerzo invertido?

No siento que eso sea precisamente así. En ocasiones, mujeres que han desistido de procesos de reproducción asistida, finalmente se han quedado embarazadas, y se observan que son madres con una mayor sensibilidad, presencia y menor nivel de autoexigencia durante la maternidad.

Socialmente se asume que una madre de 40 años está “más preparada” emocionalmente que una de 25 años. ¿Genera esta expectativa social una presión extra que les impide pedir ayuda o admitir que se sientes desbordadas o sobrepasadas?

Es curioso, pero sí es verdad que la madre de 40 años es una mujer que, con esa edad, de manera general, ya tiene una responsabilidad laboral, económica, social y familiar, es más autosuficiente y autónoma. Mientas que una madre de 25 años aún se sigue viendo como una mujer más “desprotegida” que puede seguir recibiendo ayuda. Sin embargo, existe una controversia en eso.

También es muy común escuchar entre madres más maduras “mi paciencia no es la misma que cuando era joven, no tengo tanta energía como antes”… Por lo tanto, el sentirse sobrepasadas y desbordadas puede ser algo común a todas las madres con un rango de edad más elevado. Pienso que el juicio y las expectativas sociales siempre convivirán en la sociedad, aunque no es en absoluto saludable. Como madres debemos de realizar un trabajo interno y personal sobre qué significa pedir y recibir ayuda para nosotras.
Como mujer me he sentido cómoda pidiendo ayuda, y me he sentido cómoda recibiéndola. Entendernos desde ahí, nos permitirá sentirnos más o menos presionadas socialmente ante la necesidad real de ayuda que merecemos durante la maternidad.

madre mirando el móvil sentada en el sofá, con su bebé en brazos© Getty Images

La madurez suele ser sinónimo de anticipación y previsión. Sin embargo, un bebé es impredecible. ¿Es la búsqueda compulsiva de información una forma de duelo por la pérdida abrupta de control sobre su propia vida?

No estoy de acuerdo. Considero que esta búsqueda de información puede ser una manera de entendimiento, vinculación y pertenencia. Toda madre convive con el sentimiento de pérdida de control de su vida en algún momento durante el acompañamiento de su bebé. En una madre más mayor, sí puede existir una mayor autoexigencia, necesidad de mostrar su mejor versión y, a la vez, poder mantener intacta su faceta profesional, para seguir contribuyendo y desarrollándose en su carrera profesional.

A menudo, las madres más mayores tienen madres (abuelas del bebé) muy ancianas o con dinámicas de crianza que sienten obsoletas, y amigas cuyas familias ya han crecido. ¿La falta de una “tribu de pares” cercana empuja a buscar esa tribu en libros, cuentas de Instagram y foros especializados?

Por suerte, cada día está más instaurado un acompañamiento más centrado en la mirada del niño, poner en valor sus necesidades reales, su mirada ante el mundo donde se está descubriendo y desarrollando. Las madres maduras que tienen esta visión de un acompañamiento más consciente necesitan de otras madres que compartan un mismo valor de maternidad. A través de espacios de encuentros de madres, el sentimiento de pertenencia que se desarrolla en las mujeres es fundamental para darle un sentido a todo lo vivido en esta revolución interna que las acompaña día a día. Se trata de entenderse dentro de la pérdida de control, de la inseguridad, de la duda, en la necesidad de hacerlo bien, de la culpabilidad. Saber que el sentimiento que te acompaña no solo te pertenece a ti te permite entenderte y dar valor a lo que le ofreces día a día a tu hijo o tu hija.

Madre duerme, feliz, junto a su bebé recién nacido© Getty Images

A mayor edad, el cansancio físico del posparto puede vivirse con menor tolerancia o mayor desgaste. ¿Hasta qué punto la mente intenta “compensar” el cansancio físico volcando una energía obsesiva en la hiperinformación y la planificación?

El posparto es único para cada mujer. Hay mujeres que tras el parto se recuperan de manera muy funcional y rápida, mujeres que desarrollan una depresión posparto y mujeres que conviven con un posparto complejo que repercute de manera directa a su estado físico, transcendiendo a su esfera emocional y mental.

¿Están vinculados una menor tolerancia o mayor desgaste en el posparto con una mayor edad? La naturaleza de la mujer adulta, decida o no ser madre, es hormonalmente diferente a una mujer más joven. Aceptar que la naturaleza de nuestro cuerpo es diferente, nos permite también entendernos y exigirnos desde nuestra fortaleza corporal. Se trata de aceptar e integrar la transformación y recuperación que nuestro cuerpo está viviendo. Hay mujeres que necesitan estar conectadas con experiencias de otras mujeres que se encuentran en su misma situación, para desarrollar el sentimiento de pertenencia tan importante durante la maternidad y, de esta manera, poder paliar y convivir con la posibilidad de un sentimiento de culpa presente en ellas.
En relación a la planificación, tiene sentido en ellas. Planificar, ordenar y ser previsoras permite a las mujeres sentirse más eficaces, validas, facilitando una connotación positiva de la maternidad tan importante.

Cuando una madre analiza cada llanto, hito o toma bajo lupa de manuales, foros o redes sociales, ¿cómo se ve afectada su capacidad de conectar de manera intuitiva con el bebé?

Acompañar el llanto y la nutrición de un recién nacido es la médula espinal tras el nacimiento. Sobre todo en madres primerizas son situaciones donde se sienten abrumadas y, en ocasiones, paralizadas. De ahí la necesidad de identificar tipos de llantos, para poder saber cómo resolver en el bebé. Tener una guía de hitos de desarrollo puede ser útil, pero no considero que sea el acompañamiento más natural y sano para el bebé.

Vincularse de manera intuitiva y afectiva con el bebé, considero que es lo más nutritivo para su desarrollo, pues permite potenciar la conexión natural entre madre-hijo. Durante el embarazo, el cerebro de la madre se transforma y prepara para establecer esa conexión intuitiva con él (matrescencia). Desde el embarazo, ya estamos conectadas a sensaciones que nos vinculan con el bebé. Cuando la madre se deja llevar por su intuición, el acompañamiento nace desde la calma y seguridad, estados que se transforman y proyectan en los recién nacidos. Desde la intuición se acompaña desde una mirada real, afectiva y respetuosa.

Hay mujeres que necesitan estar conectadas con experiencias de otras mujeres que se encuentran en su misma situación, para desarrollar el sentimiento de pertenencia tan importante durante la maternidad

Ana Rivera Ramos, psicóloga

Cuando la realidad del bebé no encaja con lo que la teoría promete (por ejemplo, en el sueño o la lactancia), ¿qué estragos causa el sentimiento de culpa o “fracaso” en la mente de esa madre madura?

Considero que presentar dificultad en la regulación del sueño y una lactancia adecuada es algo que preocupa y culpabiliza a cualquier madre, independientemente de la edad de la mujer. En relación a la mujer adulta, puede aparecer un autodiálogo interno con una connotación más negativa hacia su desarrollo personal. Puede aparecer una comparativa acerca de cómo podría haber sido en otro momento vital. La culpa es un sentimiento que va muy de la mano de la maternidad. La autoexigencia es muy alta y los estándares establecidos no facilitan la presencia de un error durante el acompañamiento de un bebé. El sentimiento de culpa no se origina en el presente, es el resultado de una experiencia con un significado de nuestra historia, de nuestra exigencia hacia quién debemos ser.

Muchas madres vinculan la culpabilidad asociada a la dificultad que se pueda presentar durante la lactancia con el miedo a no desarrollar un apego seguro con su bebé. Sin embargo, hay madres que deciden no dar el pecho tras su parto. Entender el origen de la culpa es un paso para convivir con ella. ¿Qué expectativas tenía yo ante la lactancia de mi hijo? ¿Qué está pasando en mí al no sentirme realizada en ello? Esa culpabilidad no recae en el acompañamiento y desarrollo del bebé; él está feliz de que su madre esté ahí con él. Es un trabajo como mujer y como madre. Yo invito transformar y crecer en la culpa.

Paradójicamente, a pesar de estar hiperconectadas a redes y libros, muchas de estas madres se sienten profundamente solas, ¿por qué que pasa eso?

Porque estamos solas. Puede que esta respuesta suene feminista. No me considero feminista, pero sí una gran defensora del valor de la maternidad. Realmente quien vive el proceso de la maternidad es el cuerpo y la mente de la mujer, la conexión que tiene su madre con el bebé es única, la intuición es de la mujer. El refugio del bebé es la madre, el “saco de descarga” es la madre. La madre contribuye de manera directa e indirecta en el desarrollo y crecimiento del niño.

Por suerte, cada vez se oye menos que los padres “ayudan”. No es cuestión de ayudar, es contribuir y acompañar a una persona que depende única y exclusivamente del adulto. Existen madres solteras donde el sentimiento de soledad está menos latente en ellas, debido a que las expectativas de contribución son menores, ya que la responsabilidad depende única y exclusivamente de ellas.

La madre es la naturaleza de la vida. Valor, respeto y dignidad deberían de ser los pilares que deberían de acompañar a cualquier madre, independientemente de la edad, situación social y familiar.