Hablar de la maternidad real implica a veces romper con la imagen idealizada que nos hacemos antes de tiempo. Bien lo sabe Cristina Pedroche, que no dudaba en visibilizar sin tabúes esa culpa silenciosa que surge cuando la realidad descuadra los planes, como cuando supo que su segundo bebé sería un niño y no la niña que esperaba. Ella misma lo contaba así en el programa Y ahora Sonsoles: "Me costó hasta contárselo a Dabiz y a mis padres, me daba vergüenza. Me daba miedo no querer al niño, me había hecho a la idea de tener dos niñas".
Tras el revuelo causado, la presentadora aclaró que no era un rechazo a su hijo, sino el duelo de una idea: "Yo no me sentía fatal porque mi hijo fuese niño, sino porque mis expectativas estaban hechas para que fuese una niña. Por supuesto que yo me sentía absurda por cuestionarme todo esto". Para entender cómo gestionar esta frustración sin culpa y reconfigurar nuestras expectativas en la maternidad, hablamos con la psicóloga general sanitaria Leticia Martín Enjuto.
¿Es normal que una futura madre genere expectativas muy concretas sobre cómo será su embarazo, su parto o incluso el sexo de su bebé?
Sí, es algo bastante habitual. Durante el embarazo, la mujer no solo se prepara físicamente para la llegada de su hijo, sino que también empieza a imaginar cómo será esa nueva etapa de su vida. Puede pensar en cómo será el parto, cómo se organizará la familia o incluso cómo será su bebé. Son imágenes que se van construyendo poco a poco y que, en ocasiones, llevan detrás muchos años de deseos, experiencias personales o recuerdos de la propia infancia.
La dificultad aparece cuando nos aferramos demasiado a esa idea de cómo deberían suceder las cosas. Cuanto más concreta es la imagen que nos hemos hecho, más nos puede costar aceptar que la realidad sea diferente. Esto no significa que la mujer no esté preparada para ser madre, sino que necesita tiempo para adaptarse a algo que no había contemplado de esa manera. Al final, una parte importante de la maternidad consiste precisamente en aprender a convivir con la incertidumbre y aceptar que no todo va a suceder como habíamos imaginado.
Puede pensar en cómo será el parto, cómo se organizará la familia o incluso cómo será su bebé. Son imágenes que se van construyendo poco a poco y que, en ocasiones, llevan detrás muchos años de deseos, experiencias personales o recuerdos de la propia infancia
Algunas mujeres explican que sienten tristeza o decepción al conocer el sexo de su bebé. ¿Es un sentimiento más frecuente de lo que pensamos?
Sí, es una experiencia que puede darse con más frecuencia de la que pensamos, aunque muchas mujeres no se atreven a hablar de ella abiertamente. Existe una idea bastante extendida de que, cuando un embarazo es deseado, conocer el sexo del bebé debería ser siempre motivo de alegría. Sin embargo, la realidad emocional es más compleja. Una mujer puede recibir la noticia y sentir ilusión, pero también sorpresa, tristeza o cierta decepción porque esperaba otra cosa.
Lo que hace que esta experiencia sea especialmente difícil es que muchas mujeres se sienten culpables por reaccionar así. Piensan que no tienen derecho a estar tristes cuando tienen un embarazo deseado y su bebé está sano. Por eso, en lugar de compartir lo que sienten, intentan ocultarlo o restarle importancia. Siempre traslado en consulta que poder hablar de ello con naturalidad es fundamental, porque sentir decepción en un momento concreto no define a una mujer como madre ni significa que no vaya a querer a su hijo.
¿Cómo se explica psicológicamente que una madre pueda sentirse decepcionada si el bebé es sano y deseado?
Creo que es importante entender que una emoción no desaparece simplemente porque sepamos que hay motivos para estar contentas. Una mujer puede ser consciente de que su embarazo evoluciona bien, desear a su bebé y, aun así, sentir tristeza porque algo que había imaginado no va a suceder como esperaba. No hay una contradicción real entre ambas cosas, aunque a ella le cueste entenderlo. Los sentimientos no siempre responden a lo que racionalmente creemos que deberíamos sentir.
Muchas veces, detrás de esa decepción hay una historia que va más allá del sexo del bebé. Quizá llevaba años imaginándose como madre de una niña, había pensado en determinadas experiencias que quería compartir con ella o tenía una imagen muy concreta de cómo sería su familia. Cuando la realidad no coincide con esa representación, necesita reajustar sus expectativas. En consulta, exploramos qué significado tiene para esa mujer aquello que esperaba, en lugar de juzgar su reacción. Entender de dónde viene la emoción suele ayudar mucho más que intentar eliminarla a la fuerza.
¿Esa decepción tiene que ver realmente con el sexo del bebé o con la pérdida de una idea que se había construido previamente?
En muchos casos, tiene más que ver con todo lo que la madre había asociado a tener un niño o una niña que con el sexo en sí mismo. Puede que se imaginara determinadas experiencias, una relación parecida a la que tuvo con su propia madre o una forma concreta de vivir la maternidad. También pueden influir las vivencias familiares, la relación con los hermanos o incluso algunas ideas que hemos interiorizado sobre cómo son los niños y las niñas. Cada mujer tiene sus propios motivos, por lo que no sería adecuado dar una única explicación para todas. Me parece especialmente importante preguntarnos qué representa ese deseo. A veces, detrás de querer tener una niña, por ejemplo, hay una ilusión relacionada con compartir ciertas experiencias o con repetir algo que fue importante en la propia infancia. Otras veces, simplemente existe una imagen que se ha ido construyendo durante mucho tiempo. Cuando la mujer comprende qué había detrás de esa expectativa, puede empezar a separarla de la realidad del bebé que está esperando. Y eso le permite abrirse a la posibilidad de construir una relación propia con él, sin tener que ajustarla a una idea previa.
La mujer puede desear a su bebé y estar ilusionada con su llegada, pero necesitar tiempo para despedirse de la imagen que se había hecho
¿Es compatible sentir amor por el futuro hijo y, al mismo tiempo, atravesar una fase de duelo por las expectativas que no se han cumplido?
Sí, por supuesto. Podemos querer profundamente algo y, al mismo tiempo, sentir tristeza por aquello que no ha sucedido como esperábamos. En este caso, la mujer puede desear a su bebé y estar ilusionada con su llegada, pero necesitar tiempo para despedirse de la imagen que se había hecho. Cuando hablamos de duelo, nos referimos precisamente a esa necesidad de elaborar una expectativa que ya no se corresponde con la realidad, no a una pérdida del bebé real. Además, no todas las mujeres lo viven igual ni necesitan el mismo tiempo para adaptarse.
A veces, el sufrimiento aumenta porque la mujer intenta luchar contra lo que siente. Se repite que debería estar contenta, se compara con otras embarazadas y termina sintiéndose culpable por no reaccionar como esperaba. Sin embargo, obligarnos a sentir algo no suele funcionar. Es mucho más útil reconocer la tristeza, entenderla y permitir que vaya cambiando. El vínculo con el bebé no depende de que todas las emociones estén perfectamente resueltas durante el embarazo. Hay sentimientos que se van transformando a medida que la mujer se adapta a la nueva realidad y empieza a imaginar su vida con ese hijo concreto.
Cristina Pedroche reconocía que cuando supo que iba a tener un niño, le costó aceptarlo, pues se había hecho a la idea de tener dos niñas. Desde la psicología, ¿qué ocurre exactamente cuando una madre experimenta este choque al conocer el sexo de su bebé? ¿Es correcto hablar de un proceso de duelo por el "hijo imaginario"?
Lo que puede ocurrir en una situación así es que la noticia choque con una imagen que la madre llevaba mucho tiempo construyendo. Quizá ya se había imaginado cómo sería su familia, cómo crecerían sus hijos o qué experiencias compartiría con ellos. Cuando descubre que la realidad va a ser diferente, necesita recolocar todas esas expectativas. Puede aparecer tristeza, desconcierto e incluso cierta resistencia a aceptar la noticia. No necesariamente porque no quiera al bebé, sino porque todavía no ha terminado de adaptarse a lo que significa para ella ese cambio.
Hablar de un duelo por el hijo imaginario puede ayudarnos a explicar esta experiencia, siempre que tengamos claro que nos referimos a la pérdida de una expectativa y no del hijo real. Es una forma de describir cómo la madre va dejando atrás una imagen que había construido para poder dar espacio a una realidad diferente. No es un proceso que todas las mujeres tengan que experimentar ni sigue necesariamente unas fases determinadas. En el caso de Cristina Pedroche, podemos partir de lo que ella misma ha contado, sin hacer interpretaciones sobre aspectos de su experiencia que no conocemos. Lo importante es entender que aceptar la noticia puede llevar tiempo y que una primera reacción de decepción no determina el amor que se desarrollará hacia el bebé.
Cristina Pedroche mencionaba que le daba "vergüenza" contárselo a su marido y a sus padres. ¿Por qué cuesta tanto admitir esta decepción y por qué genera tanta culpa en la mujer?
Considero que tiene mucho que ver con las expectativas que todavía existen sobre cómo debería sentirse una mujer durante el embarazo. Parece que, si el bebé es deseado y todo va bien, no debería haber espacio para ninguna emoción que no sea la alegría. Cuando una mujer siente algo diferente, puede pensar que hay algo malo en ella o que los demás van a juzgarla. No le da vergüenza únicamente estar triste, sino lo que cree que esa tristeza dice de ella como madre.
Además, cuando se trata de personas cercanas, como la pareja o los padres, puede aparecer el miedo a decepcionarlos o a que no comprendan lo que está viviendo. Por eso, muchas mujeres prefieren callarse y hacer como si no pasara nada. El problema es que guardar esa emoción por miedo al juicio puede aumentar la sensación de culpa y hacer que se viva con más angustia. Necesitamos dejar de interpretar estos sentimientos como una falta de amor y empezar a entenderlos como una experiencia emocional que se puede expresar, explorar y elaborar sin que nadie tenga que sentirse culpable por ello.
Cuando una mujer siente algo diferente, puede pensar que hay algo malo en ella o que los demás van a juzgarla. No le da vergüenza únicamente estar triste, sino lo que cree que esa tristeza dice de ella como madre
Una de las frases más potentes de sus declaraciones fue "me daba miedo no querer al niño". ¿Es habitual que las madres teman no poder conectar afectivamente con el bebé por este motivo? ¿Suele ocurrir esto en la práctica tras el nacimiento?
Sí, ese miedo puede aparecer. Cuando una mujer siente decepción durante el embarazo, es posible que empiece a preguntarse si esa emoción significa que no va a querer a su hijo. Puede anticipar situaciones que todavía no han ocurrido y asustarse ante la posibilidad de no sentir la conexión que espera. Sin embargo, tenemos que diferenciar entre cómo se siente una persona en un momento concreto y cómo puede evolucionar su relación con el bebé. Sentir tristeza porque la realidad no ha coincidido con las expectativas no significa que vaya a existir una dificultad para establecer un vínculo afectivo.
También es importante recordar que no todas las madres sienten una conexión inmediata después del nacimiento. En algunas aparece desde el primer momento y en otras se va construyendo poco a poco, a través de los cuidados, el contacto y el conocimiento mutuo. No hay una única manera de vivir ese vínculo. Eso sí, si el miedo, la tristeza o la culpa se mantienen en el tiempo y generan un malestar importante, sería conveniente buscar apoyo psicológico. No se trata de alarmar a la mujer, sino de ofrecerle un espacio donde pueda expresar lo que le ocurre y recibir acompañamiento sin sentirse juzgada.
¿Qué herramientas o pasos psicológicos ayudan a una mujer a transitar esta reconfiguración de expectativas durante el embarazo para llegar al parto en paz?
Lo primero sería dejar de juzgarse por lo que siente. Muchas mujeres dedican tanta energía a intentar convencerse de que no deberían estar tristes que no llegan a comprender qué les está pasando. Puede ayudarles preguntarse qué esperaban exactamente, por qué era tan importante para ellas y qué emociones les despierta ahora la noticia. No se trata de buscar una justificación para sentirse así, sino de entender la experiencia y poder mirarla con algo más de distancia. También es importante recordar que el sexo del bebé no determina cómo será su personalidad ni garantiza una relación concreta entre madre e hijo. Otro paso fundamental es hablar de ello con alguien con quien se sientan seguras, ya sea la pareja, una persona de confianza o un profesional de la psicología. Poder expresar lo que sienten sin recibir reproches facilita que la culpa pierda fuerza.
A partir de ahí, pueden ir construyendo una imagen más abierta del bebé que esperan, dejando espacio para conocerlo tal y como es, en lugar de compararlo con el que habían imaginado. No tienen que conseguir sentirse felices de un día para otro ni llegar al parto con todas sus dudas resueltas. Se trata de ir adaptándose poco a poco y pedir ayuda si el malestar se vuelve intenso o empieza a afectar a su vida cotidiana.
Si una mujer que nos está leyendo se encuentra ahora mismo en esa misma situación, sintiéndose "absurda" o culpable por no haber recibido el sexo del bebé que esperaba, ¿cuál es el primer mensaje que debería escuchar?
Le diría que no es una mala madre por sentirse así. Que puede desear a su bebé, estar agradecida por su embarazo y, al mismo tiempo, necesitar un tiempo para asimilar que las cosas no van a ser como había imaginado. No tiene que castigarse por una emoción que no ha elegido ni compararse con otras mujeres para decidir si tiene derecho a sentirse triste. A veces, cuanto más intentamos convencernos de que no deberíamos sentir algo, más culpables terminamos sintiéndonos. Lo importante es poder reconocer lo que nos pasa sin convertirlo en un juicio sobre quiénes somos.
También le diría que no necesita demostrar ahora cuánto va a querer a su hijo ni tener todas las emociones resueltas antes de que nazca. Puede darse tiempo, hablar de lo que siente y buscar ayuda si lo necesita. La relación con su bebé se irá construyendo a través de las experiencias que compartan, y no tiene por qué ajustarse a la imagen que había creado durante el embarazo. No necesitas sentirte feliz en todo momento para ser una buena madre. También tienes derecho a sentir dudas, tristeza y miedo, y eso no te hace menos capaz de querer a tu hijo.







