Cada 15 de octubre se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, una fecha que tiene como objetivo dar visibilidad a un dolor silenciado al que la sociedad, con frecuencia, tiende a restar importancia.
Detrás de una pérdida gestacional, ocurra en la semana que ocurra, no solo hay un proceso físico, sino la ruptura brusca de un proyecto de vida y de las ilusiones depositadas en él. Y todo ello sucede en un contexto donde los límites de la fertilidad se expanden con nuevas tecnologías y tratamientos, y las expectativas en torno a la maternidad son cada vez más complejas. Para entender el impacto emocional de estos duelos, saber cómo validarlos y abordar la realidad de la salud reproductiva hoy, hablamos con Patricia Bartolomé, experta en fertilidad integrativa y creadora del método Las Leyes de la Fertilidad.
Afirma que "no se pierde solo un embarazo, sino el futuro imaginado". ¿Cómo afecta esta falta de reconocimiento social (duelo desautorizado) a la salud emocional de las mujeres y sus parejas?
Cuando se produce una pérdida gestacional, no se pierde únicamente un embarazo. También se pierde una historia que ya había comenzado a construirse por dentro: la ilusión, los planes, la identidad de madre o padre que empezaba a tomar forma y todas las experiencias que una pareja había imaginado compartir con ese bebé. Y ese futuro imaginado puede existir desde el momento en que aparece el deseo de tener un hijo, incluso antes de que el embarazo se confirme.
Cuando el entorno minimiza ese dolor, la mujer puede llegar a cuestionar sus propias emociones y sentir que no tiene derecho a sufrir tanto. Esto puede favorecer la culpa, la soledad y la dificultad para elaborar el duelo. El dolor no se mide en semanas de gestación, sino también en el significado emocional de lo vivido.
En las primeras etapas de la gestación suele reinar el silencio o el "mismo no se cuenta hasta la semana 12". ¿Esa prudencia social contribuye a que las pérdidas tempranas se vivan de forma más solitaria o culpable?
Sí, puede contribuir a que se vivan con mayor soledad. La recomendación de esperar a las doce semanas antes de comunicar un embarazo suele responder al miedo a una posible pérdida y al deseo de protegerse emocionalmente. Sin embargo, cuando ese silencio se convierte en una norma social, puede dejar a muchas mujeres sin una red de apoyo precisamente cuando más la necesitan.
Creo que debemos devolver a cada mujer la libertad de decidir cuándo y con quién compartir su embarazo, sin imponerle ni la exposición ni el silencio. Contarlo pronto no es una irresponsabilidad, del mismo modo que mantenerlo en privado no debería ser una obligación ni una prohibición.
La decisión de contarlo debe ser personal, pero no debería convertirse en una norma que nos obligue a vivirlo en silencio. Necesitamos crear espacios donde las pérdidas tempranas puedan expresarse sin vergüenza, sin culpa, y, sobre todo, sin tanto juicio. El silencio no siempre nos protege del dolor; a veces, nos impide encontrar compañía.
Un futuro embarazo no sustituye al bebé que se ha perdido. La posibilidad de volver a intentarlo tampoco elimina el dolor presente. Y pedirle a alguien que sea fuerte puede transmitirle que no tiene permiso para derrumbarse
¿Qué frases o comentarios bienintencionados deberíamos erradicar cuando intentamos acompañar a alguien que ha pasado por una pérdida perinatal?
Hay frases que nacen del desconocimiento y que, sin querer, pueden hacer que una persona se sienta incomprendida. Algunas de las más habituales son "seguro que pronto te quedas otra vez", "al menos sabes que puedes quedarte embarazada", "estabas de muy poco", o "tienes que ser fuerte".
El problema es que todas intentan encontrar una explicación, una ventaja o una solución para algo que, en ese momento, necesita ante todo ser reconocido. Un futuro embarazo no sustituye al bebé que se ha perdido. La posibilidad de volver a intentarlo tampoco elimina el dolor presente. Y pedirle a alguien que sea fuerte puede transmitirle que no tiene permiso para derrumbarse.
¿Qué podemos decir en su lugar? "Lo siento muchísimo", "no sé qué decirte, pero si me necesitas estoy aquí", "puedes hablar conmigo de lo que sientes cuando quieras" o "¿qué necesitas de mí en este momento?".
Y hay algo todavía más importante: estar disponibles también después de los primeros días, cuando la atención del entorno suele disminuir y la persona continúa atravesando su duelo.
No necesitamos encontrar las palabras perfectas. Necesitamos aprender a no huir del dolor ajeno. A veces, acompañar consiste sencillamente en escuchar, sostener el silencio y no intentar arreglar lo que no se puede deshacer.
¿Cómo se ayuda a una mujer a validar su propio dolor cuando su entorno o su voz interior le dice que "debe pasar página" o que "ya vendrá otro"?
Lo primero es recordarle que no tiene que justificar su dolor ni cumplir un calendario para recuperarse. Cada persona vive el duelo a su manera, y sentir tristeza o rabia después de una pérdida no significa ser débil ni estar estancada. En lugar de preguntarse por qué todavía no lo ha superado, puede preguntarse qué necesita en este momento.
Validar el dolor y permitirse sentirlo no significa quedarse atrapada en él ni renunciar a volver a sentirse bien. Significa dejar de luchar contra lo que una siente y comprender que la recuperación no sigue un calendario idéntico para todas las personas. Habrá días mejores y otros en los que una fecha, una conversación o el embarazo de alguien cercano reactive la tristeza. Eso no implica necesariamente estar retrocediendo.
También es fundamental contar con un entorno que no imponga plazos. Si el sufrimiento es muy intenso, persiste o interfiere de manera importante en la vida cotidiana, buscar apoyo psicológico especializado en duelo gestacional y perinatal puede ser de gran ayuda.
Y, sobre todo, me gustaría transmitir un mensaje: no tienes que pasar página para seguir adelante. Puedes aprender a integrar lo ocurrido sin negar lo que significó para ti.
Después de una pérdida, pueden convivir emociones aparentemente contradictorias: el deseo de volver a intentarlo, el miedo a que vuelva a suceder, la necesidad de recuperar la ilusión...
¿De qué manera se puede integrar la huella emocional de un duelo perinatal antes de volver a intentar un embarazo?
Creo que es importante distinguir entre integrar una pérdida y sentir que la hemos superado por completo. No siempre necesitamos llegar a un punto en el que ya no duela nada para volver a mirar hacia el futuro, pero sí merece la pena encontrar un espacio para comprender qué nos ha ocurrido y cómo nos sentimos antes de afrontar una nueva búsqueda.
Después de una pérdida, pueden convivir emociones aparentemente contradictorias: el deseo de volver a intentarlo, el miedo a que vuelva a suceder, la necesidad de recuperar la ilusión y, al mismo tiempo, aunque solo en algunas ocasiones, la sensación de estar traicionando al bebé que se ha perdido si empezamos a mirar hacia otro embarazo.
Desde una perspectiva integrativa, considero valioso atender a la persona en su conjunto: su salud física, su bienestar emocional, su descanso, sus hábitos y el apoyo que tiene a su alrededor. Pero esto nunca debe convertirse en una nueva lista de exigencias ni en la idea de que hay que estar emocionalmente perfecta para conseguir un nuevo embarazo.
No podemos garantizar un resultado reproductivo por trabajar nuestras emociones, como tampoco debemos responsabilizar a una mujer de una pérdida por haber sentido miedo, estrés o tristeza.
¿Cómo impacta esta vivencia en la relación de pareja y qué pautas ayudan a transitar el duelo cuando los tiempos o la manera de expresar el dolor son distintos en cada uno?
Una pérdida gestacional puede afectar profundamente a la pareja, no solo por el dolor compartido, sino porque cada persona puede vivirlo de una manera diferente. Una puede necesitar hablar continuamente de lo ocurrido y la otra preferir el silencio. Una puede sentir la necesidad de volver a intentarlo cuanto antes y la otra necesitar más tiempo. También puede suceder que ambos sufran intensamente, pero que lo expresen de formas distintas.
Es importante no interpretar estas diferencias como falta de amor o de implicación. Hablar de las necesidades de cada uno, respetar los ritmos individuales y buscar apoyo profesional si es necesario puede ayudar a atravesar esta experiencia juntos. No se trata de sufrir de la misma manera, sino de aprender a acompañarse sin invalidarse.
Y no debemos olvidar que el vínculo de pareja necesita cuidados más allá del duelo: momentos de descanso, afecto, intimidad y actividades que no giren constantemente en torno a la pérdida.
Hoy en día, la ciencia ofrece alternativas como las técnicas de "rejuvenecimiento ovárico". Desde tu perspectiva integrativa, ¿dónde está el límite entre la esperanza real y la presión por agotar hasta la última opción?
La esperanza es fundamental, pero debe ir acompañada de información rigurosa. Las técnicas denominadas "rejuvenecimiento ovárico" agrupan procedimientos diferentes que se han investigado con el objetivo de mejorar determinados aspectos de la función ovárica. No debemos interpretar ese nombre como una garantía de rejuvenecimiento real del ovario, recuperación de la reserva ovárica o aumento de la probabilidad de tener un bebé. La evidencia disponible no permite considerar estas técnicas como una solución establecida y eficaz.
Es importante conocer la evidencia, los riesgos y las alternativas antes de decidir. Desde una perspectiva integrativa, acompañar también significa respetar los límites de cada persona. No siempre necesitamos agotar todas las opciones; necesitamos poder elegir con información y libertad, sin sentir que rendirnos es fracasar.
La postergación de la maternidad genera una carga emocional enorme cuando el proceso se complica. ¿Cómo influyen las expectativas de "controlar cuándo y cómo ser madres" frente a la realidad biológica?
Vivimos en una sociedad en la que hemos aprendido a planificar muchos aspectos de nuestra vida: los estudios, la carrera profesional, la estabilidad económica o el momento en el que queremos formar una familia. Es comprensible que muchas mujeres esperen poder decidir también cuándo ser madres.
Pero la fertilidad tiene sus propios tiempos y no siempre responde a nuestros planes. Cuando aparecen dificultades pueden surgir frustración, culpa y sensación de pérdida de control. La edad es un factor importante, aunque no el único, y disponer de información reproductiva rigurosa ayuda a tomar decisiones conscientes.
Creo que necesitamos dejar de abordar la fertilidad desde la culpa. No todas las circunstancias son previsibles ni todas las dificultades pueden evitarse. Al mismo tiempo, es importante facilitar información reproductiva rigurosa, accesible y temprana para que cada persona pueda tomar decisiones con mayor conocimiento y sin alarmismo.
La maternidad no debería vivirse como una carrera contra el reloj ni como un examen que tenemos que aprobar. Y cuando las cosas no suceden como habíamos imaginado, necesitamos apoyo e información, no más culpabilidad.
Si tuviera que darle un mensaje a una persona que acaba de sufrir una pérdida en estos momentos, ¿qué sería lo primero que le diría?
Le diría que lo siento mucho y que entiendo por lo que está pasando, yo misma he sufrido cuatro pérdidas gestacionales. Que no tiene que demostrar fortaleza ni encontrarle un sentido inmediato a lo ocurrido. Puede sentir tristeza, rabia, confusión o simplemente no saber cómo se siente.
Tiene derecho a llorar esa pérdida, independientemente de las semanas de gestación. Que busque compañía, que se permita pedir ayuda y que no se exija estar bien antes de tiempo. Y saber que ese hijo siempre será su hijo, tiene que reconocerlo aunque no esté vivo, porque aunque esto en un principio puede parecer especialmente doloroso, es justamente lo que nos libera del peso.







