Al llegar a la adolescencia, cuando los padres ya no son los encargados de aplicar la crema solar como en la infancia, muchos jóvenes optan por no aplicarse el protector.
Sin embargo, tal como advierte el Dr. Eduardo Varas, jefe del Servicio de Dermatología de Policlínica Vila Parc, en Ibiza, "el adolescente debe entender que pertenece a una población especialmente sensible a la exposición solar. Se le deben transmitir las recomendaciones de fotoprotección a través de fuentes de información contrastadas, con consejos cómodos y compatibles a su estilo de vida. Estas información se deben compartir no desde la obligación sino de la apelación a su autocuidado como menores responsables, siempre que la situación nos acompañe".
Hemos charlado con él sobre las implicaciones que tiene el cuidado solar en la salud de los adolescentes.
La infancia y la adolescencia son etapas especialmente sensibles, y las quemaduras solares sufridas durante estos años aumentan el riesgo de enfermedad cutánea en la edad adulta
¿Qué dice la ciencia acerca del sol recibido durante la adolescencia en relación con posibles problemas futuros en la piel?
Muchos adolescentes tienen una menor percepción del riesgo asociado al sol: valoran más conseguir un tono bronceado y aproximarse al canon estético del momento que prevenir una quemadura cuyas consecuencias parecen lejanas. La radiación ultravioleta excesiva daña el ADN de las células cutáneas y puede producir mutaciones que, acumuladas con el paso de los años, favorezcan el desarrollo de cáncer de piel.
La infancia y la adolescencia son etapas especialmente sensibles, y las quemaduras solares sufridas durante estos años aumentan el riesgo de enfermedad cutánea en la edad adulta. De ahí la expresión de que «la piel tiene memoria»: aunque el daño no sea visible de inmediato, puede dejar una huella biológica duradera.
¿Se ven ya en la adolescencia lesiones importantes a causa del sol?
Los tumores cutáneos son muy poco frecuentes en la infancia. El melanoma también es raro durante la adolescencia, aunque su incidencia aumenta con la edad y no debe considerarse imposible. Por eso, cualquier lesión nueva que sea diferente de las demás o un lunar que cambie de tamaño, forma o color, sangre, pique de forma persistente o crezca debe ser valorado por un profesional.
¿Qué perfiles de adolescentes tienen más riesgo con respecto al sol?
El perfil del paciente de riesgo en adolescentes es similar al adulto. Los más susceptibles son adolescentes con piel clara, cabello pelirrojo o rubio, muchos lunares o lunares atípicos y con antecedentes personales o familiares de melanoma. La autoexploración es útil en todos los casos y, cuando existen factores de riesgo, se recomiendan revisiones dermatológicas periódicas.
¿Cómo se les puede refutar lo que ven en redes sociales de personajes conocidos que hablan del «callo solar» o hacen apología de no utilizar crema? Es mucho más fácil en esta etapa que crean a un famoso que a sus padres…
Más que plantearlo como una batalla entre la autoridad de los padres y la del personaje famoso, conviene enseñar al adolescente a evaluar la información que consume: quién transmite el mensaje, qué formación tiene, en qué evidencias se apoya y si existen intereses comerciales. La experiencia personal de una figura pública no equivale a evidencia científica.
Las redes sociales han canalizado la búsqueda de nuevos referentes propia de esta etapa. Una vez establecida esa conexión, el creador de contenido puede tener una enorme capacidad de influencia. Por eso, la comunidad científica también tiene la responsabilidad de ocupar estos canales y transmitir información rigurosa en un lenguaje comprensible y adaptado a cada plataforma. Los profesionales sanitarios hemos llegado más tarde de lo deseable, pero cada vez hay más dermatólogos con buenas habilidades de comunicación en redes, y su labor merece el apoyo del resto de la profesión.
¿Cuáles son las recomendaciones básicas para un adolescente que quiere protegerse bien del sol, teniendo en cuenta que pasa mucho tiempo en el agua o practicando deporte al aire libre?
La fotoprotección es una estrategia global y no se limita a aplicarse crema solar. Conviene consultar el índice ultravioleta y adoptar medidas de protección cuando sea igual o superior a 3. En verano, deben evitarse especialmente las horas centrales del día, buscar la sombra y utilizar gorra o sombrero, gafas de sol homologadas y prendas que cubran la piel. Para quienes practican deporte o pasan muchas horas en el agua, la ropa con factor de protección ultravioleta puede resultar especialmente cómoda.
En las zonas que queden expuestas debe aplicarse un fotoprotector de amplio espectro frente a UVA y UVB, resistente al agua y con factor 50+. Es importante utilizar una cantidad generosa, extenderlo antes de iniciar la actividad y reaplicarlo cada dos horas, así como después de bañarse o sudar intensamente.
La elección del producto facial puede ser un reto en adolescentes. El aumento de la actividad androgénica favorece la seborrea, el taponamiento folicular y la aparición de puntos negros, granos y pústulas de acné. Por ello, suelen tolerarse mejor los fotoprotectores no comedogénicos, sin grasa y con texturas fluidas, en gel o sérum, de acabado seco y con o sin color. Encontrar una textura agradable es fundamental para conseguir que el adolescente la utilice de forma constante.
En determinados pacientes de alto riesgo o con exposiciones intensas puede valorarse la fotoprotección oral como medida complementaria. Se trata de comprimidos comercializados en farmacias con extractos vegetales y antioxidantes que reducen el daño oxidativo provocado por la radiación solar. No obstante, son medidas complementarias y nunca sustituyen a la sombra, la ropa ni el fotoprotector tópico.
Una vez que se han quemado por el sol, ¿cuál es la mejor manera de cuidar esa piel?
Una vez establecida la quemadura solar, debe interrumpirse por completo la exposición de la zona afectada. Se puede aliviar la piel con duchas frescas o compresas húmedas, pero no debe aplicarse hielo ni frío intenso directamente.
Después conviene utilizar una crema hidratante sin perfumes ni sustancias irritantes y repetir su aplicación dos o tres veces al día, según sea necesario. También se recomienda beber más agua, llevar ropa holgada y no romper las ampollas. Si aparecen ampollas extensas, dolor intenso, fiebre, escalofríos, náuseas, mareo o malestar general, debe solicitarse asistencia sanitaria.
Estas medidas reducen la inflamación y las molestias, pero no pueden borrar el daño celular ya producido. Por eso, en las quemaduras solares, la prevención sigue siendo la intervención más eficaz.








