Quienes tienen hijos adolescentes saben que no siempre es fácil. La adolescencia pone a prueba la paciencia, la comunicación y el equilibrio familiar. Una realidad que también viven los periodistas Ángeles Blanco y Vicente Vallés, que afrontan, como cualquier otro padre, los retos que trae consigo la llegada de esta etapa en la vida de su hijo de 13 años. Según ha reconocido la propia presentadora en una reciente entrevista con Divinity, la experiencia está siendo especialmente exigente: "Lo llevo fatal", ha reconocido con franqueza, señalando que, al comparar su propia adolescencia con la de su hijo, no recordaba una dinámica tan compleja, aunque paradójicamente su madre sostiene todo lo contrario.
Más allá de los cambios hormonales e identitarios propios de la edad, la periodista pone el foco en el gran impacto que tiene la tecnología en la convivencia familiar. "Luchamos con elementos que no existían y que vienen a distorsionar todo: los móviles y las redes sociales. No se lo quieres comprar, pero todos tienen y al final se convierte en el bicho raro", lamenta Blanco, criticando la falta de regulación y admitiendo que "poner puertas al campo es muy difícil y esto está haciendo mucho daño a los jóvenes y a las familias. Espero que esté mucho más regulado. La adolescencia, en la situación en la que nos encontramos, es mucho más complicada que antes".
A este escenario se le suma el reto añadido de la conciliación: al presentar informativos en la misma franja nocturna que Vallés, la coincidencia horaria les impide estar en casa a la hora de la cena y el descanso. "Tenemos un hijo que todavía es pequeño y que está espabilando, siempre ha espabilado mucho y ahora está espabilando más porque no le queda otro remedio. La conciliación es complicada. El tiempo que está en el colegio es el que podríamos estar con él, pero una vez que sale, ya estamos ocupados y no llegamos a casa hasta las 22:30 horas, que ya está acostado. Esa parte es la más complicada", comenta.
Una generación que vive 'pegada al móvil'
La irrupción de los smartphones no solo ha adelantado el acceso a estímulos para los que el cerebro adolescente aún no está maduro, sino que rompe la comunicación directa en el hogar y distorsiona el sentido de pertenencia al grupo. Para gestionar esta etapa sin perder la autoridad ni el vínculo afectivo, la especialista enfatiza en la importancia de comprender la función de la tecnología en sus vidas en lugar de limitarse a demonizarla: “Las pantallas son uno de los grandes temas de conflicto porque para los adolescentes no son solo entretenimiento: también son relación social, identidad, música, información, pertenencia. Si lo abordamos como 'eso es una tontería' o 'estás todo el día enganchado', probablemente se pondrán a la defensiva”, detalla Martínez.
Por eso, la profesional insiste en la necesidad de anticiparse al problema mediante pautas operativas y rutinas saludables. “Lo mejor es pactar normas claras antes de que estalle el conflicto: momentos sin pantallas en comidas, horarios razonables por la noche, tiempos de descanso digital o acuerdos sobre cuándo se usa y cuándo no. En verano puede haber más flexibilidad, pero no ausencia total de límites. También ayuda no centrar toda la conversación en 'quítate el móvil', sino ofrecer alternativas reales: planes, deporte, tiempo con amigos, actividades que le interesen. Si solo quitamos pantalla y no ofrecemos vida, el conflicto aumenta”, indica.
La experta recuerda que la transformación del hogar empieza por la coherencia del propio adulto. Toca predicar con el ejemplo. “Los adultos también tenemos que revisar nuestro propio uso. Es difícil pedir desconexión si nosotros estamos contestando mensajes todo el día”, nos dice.
Los expertos insisten en la importancia de marcar límites y pactar normas claras con los adolescentes en relación al uso del móvil
Mantener la comunicación con nuestros hijos adolescentes
No podemos olvidar, además, que es muy importante cuidar la relación con nuestros hijos adolescentes. La psicóloga Sonia Martínez, directora de Centros Crece Bien, analiza las claves para sostener la comunicación sin perder la autoridad: “Trabajar la relación con un adolescente no significa estar encima todo el tiempo ni intentar que nos cuente absolutamente todo. Significa estar disponible, escuchar sin juzgar a la primera, respetar sus tiempos y sostener el vínculo incluso cuando hay discusiones. A veces es preguntar: '¿Quieres hablar o prefieres que simplemente esté contigo?'. Otras veces es aceptar que no quiere contarnos algo en ese momento, pero que necesita saber que seguimos ahí”, apunta Martínez.
La experta también reflexiona sobre la importancia de construir una cercanía basada en el respeto mutuo antes de que las normas se conviertan en un motivo constante de fricción: “Lo importante es que el adolescente no sienta que solo nos acercamos para corregir, controlar o señalar lo que hace mal. Si durante años la relación se ha basado sobre todo en órdenes, reproches o exigencia, es lógico que cuando crezca se cierre más. En cambio, si siente que sus padres también saben escuchar, reconocer errores y acompañar, es más fácil que siga acudiendo a ellos cuando lo necesite”, señala, añadiendo que “el adolescente necesita sentir que sus padres le escuchan y le respetan, pero también que hay límites. La clave está en explicar esos límites sin convertir cada norma en una guerra”.
Para la Directora de Centros Crece Bien, redefinir el concepto de disciplina es fundamental para reestructurar la convivencia. “La autoridad no tiene que sonar a imposición constante. Puede ser firme, clara y afectuosa. Y la confianza no significa permitirlo todo. Significa que el adolescente sabe que puede hablar, incluso cuando se ha equivocado, sin que la respuesta sea solo castigo, grito o sermón”, explica.
En definitiva, la experiencia de rostros conocidos como Ángeles Blanco y Vicente Vallés demuestra que el desafío de criar a un adolescente en la era digital es universal. Aunque poner límites parezca a ratos una tarea inalcanzable, toca recordar que el objetivo final no es aislar a los jóvenes del mundo que les ha tocado vivir, sino dotar a las familias de la paciencia, la coherencia y la firmeza afectuosa necesarias para acompañarlos en su camino hacia la madurez.






