La actriz Belén Rueda, a sus 60 años lo tiene claro. "La madurez es saber digerir mejor lo que te ocurre", sostiene. Hacía esta reflexión en el podcast El sentido de la Birra, conducido por el periodista Ricardo Moya para la plataforma Podimo España. Es un programa de entrevistas con conversaciones profundas en tono distendido y relajado.
Belén le contaba a Ricardo que siempre les ha explicado a sus hijas (Belén Écija, Lucía y María) que madurar es tardar menos en digerir las cosas que nos pasan. "La madurez no es que sepas en todo momento lo que quieres hacer o cómo enfrentarte a las cosas sino que, cuando pasas por una situación que no era la que tú esperabas cada vez tardas menos tiempo en digerirla", explicaba.
Nos hemos puesto en contacto con Luis Guillén, psicólogo y terapeuta de Psicopartner. Hemos querido saber, en relación a las palabras de la actriz, qué es la madurez realmente; por qué tardan más unas personas en "madurar" que otras; si es malo "madurar" más tarde o hacerlo antes de tiempo; y si madurar es algo que depende de uno mismo o si el contexto y nuestros padres, por ejemplo, también tienen algo que ver en el asunto. Esto es lo que nos ha dicho el experto.
¿Qué dice la psicología que es la madurez?
Según Luis Guillén, "la madurez no se entiende como una edad concreta ni como un punto de llegada, sino como un proceso de desarrollo". "Una persona madura es aquella que ha adquirido cierta capacidad para comprender sus emociones, regularlas, asumir responsabilidad sobre sus decisiones y relacionarse con los demás de forma equilibrada", sostiene conectando directamente con las palabras de Belén.
"Implica tolerar la frustración, aceptar los límites de la realidad y sostener proyectos a largo plazo sin depender constantemente de la gratificación inmediata", agrega. Para el experto ,"la madurez tiene más que ver con cómo gestionamos la vida que con cuántos años tenemos".
¿Por qué tardan más unas personas en madurar que otras?
El experto lo tiene claro: "depende de muchos factores". "Algunas personas desarrollan antes habilidades como la autonomía emocional o la responsabilidad porque han tenido que hacerlo, por ejemplo, al asumir responsabilidades tempranas; mientras que otras han crecido en entornos más protegidos que retrasan ese proceso", revela. Además nos cuenta que también influyen rasgos de personalidad y la forma en que cada individuo afronta los retos y las crisis de la vida.
Para el terapeuta no hay una cosa mejor que la otra. "El problema aparece cuando esa demora impide asumir responsabilidades o sostener vínculos y proyectos de vida o cuando genera una apariencia de fortaleza que esconde necesidades emocionales no resueltas". "La clave no está tanto en cuándo ocurre, sino en que el proceso sea saludable y permita desarrollar una identidad propia", explica.
En definitiva, para el psicólogo, "la madurez es siempre el resultado de una interacción entre factores personales y contextuales". "Las experiencias tempranas, el estilo educativo de los padres o el ambiente en el que crecemos influyen en cómo aprendemos a gestionar emociones, conflictos o responsabilidades. Sin embargo, la psicología también subraya que la madurez no queda fijada en la infancia: a lo largo de la vida seguimos desarrollando herramientas emocionales y cognitivas que nos permiten revisarnos, cambiar y crecer".
Así, "el contexto importa, pero siempre existe un margen personal para seguir madurando y construyendo nuestra propia forma de estar en el mundo".











