Belén Rueda es una de las actrices más importantes de su generación y ha compartido con ¡HOLA! algunos de sus sentimientos más profundos sobre la maternidad. Le pasó lo más duro que a una madre le puede ocurrir, que es perder a un hijo, tuvo tres: Belén, María, quien falleció a los 11 meses en 1997 por una cardiopatía, y Lucía, junto a su exmarido, Daniel Écija, uno de los productores más importantes de nuestro país gracias a series Médico de familia, El internado y Periodistas.
De sus hijas, Belén Écija es quien ha querido seguir los pasos de su madre en el mundo de la interpretación. Madre e hija han trabajado juntas en El vestido, la película de terror que ya se ha estrenado en cines. Por su parte, Lucía también mantiene un estrecho vínculo con su hermana mayor, con quien se lleva cuatro años y medio y con quien vivió muy ilusionada los preparativos de boda. Belén se casó el pasado verano con el asesor financiero Jaime Sánchez en Menorca, un enclave mágico desde su infancia, cuando pasaba los veranos en familia y sus recuerdos están unidos a esta isla balear.
Tanto ella como su hermana Lucía disfrutaron de una tranquila infancia alejadas del foco mediático y al margen de la fama de sus padres. "Adivina entre mi hermana y yo, ¿quién estaba encantada de ponerse frente a la cámara y quién renegaba y quería ver qué pasaba detrás del objetivo?", pregunta divertida a sus seguidores tras publicar una foto con su hermana, vestida igual que ella, pero llorando mientras posa para las fotos.
Belén Écija ha rememorado algunos de los episodios más significativos de su infancia, en los que estuvieron muy presentes sus abuelos. "Mi abuela María [madre de Dániel Écija] no se separó de mí ni un segundo en toda mi infancia y es la mejor", cuenta. "Todos mis abuelos fueron un referente de amor puro. Además, mi abuelo Alfonso [padre de Belén Rueda] cocinaba a mi abuela todos los días y se encargaba de mil tareas del hogar, además de trabajar fuera de casa, en una época en la que ningún hombre movía un dedo al pisar su hogar. Deseaba e idolatraba a mi abuela locamente cada día", destaca de sus queridos abuelos maternos.
También evoca con ternura pequeños hitos de aquellos años: "El Calipo, los Chupa Chups… mientras que el pescado y las lentejas no parecían divertirme en absoluto". Recuerda con especial cariño a su primo Dani, "mi cómplice inseparable y secuaz en cualquier propuesta de juego que pasase por mi mente, sin importar la hora, el lugar ni el ridículo o la bronca que nos pudiera caer. Él abrazaba cualquier juego con gran entusiasmo". Y sonríe al mencionar a su perro "Collie", "que era un perro de esa raza al que prefería no quitarle la identidad".










