Belén Rueda tuvo que enfrentarse a uno de los golpes más duros que puede vivir una madre: la pérdida de un hijo. La protagonista de la película El vestido tuvo tres hijas, Belén, María y Lucía, junto al productor Daniel Écija, pero la mediana de las tres falleció a los 11 meses de vida a causa de una cardiopatía congénita severa. Han pasado casi 30 años de lo sucedido, pero no hay día que no lamente su pérdida y se pregunte por qué tuvo que suceder tan horrible tragedia. De ese momento ha hablado en el programa de Aimar Bretos en LaSexta.
Belén Rueda ha hablado en pocas ocasiones con tanta claridad sobre las pérdidas que han marcado su vida. "Siendo muy joven, con 32 años, perdí a mi hija". A ese dolor se sumaron otras despedidas demasiado tempranas. " Más luego, familiarmente, mis papás también desaparecieron demasiado pronto". Hubo un momento, reconoce, en el que sintió que ya no podía asumir más: “Hay un momento en el que dices, ya, ya no me toca más". "Parece que de repente la vida se enreda y se enreda en modo mal", explica, mientras plantea dos caminos posibles de solución: "Puedes estar enfadado con la vida todo el tiempo o intentar descubrir hacia donde puedes dirigir eso para tener curiosidad por otras cosas".
Para la actriz, esa búsqueda no implica olvidar, al contrario transformar el recuerdo. "Yo creo que los que no están viven en nosotros, y no de una forma sobrenatural, sino que es verdad que "es nuestro recuerdo el que transforma, recordando cómo cada persona vive de forma distinta los mismos momentos. "De alguna manera viven en nosotros", insiste, convencida también de que la muerte también nos deja una valiosa enseñanza: "Nos ayuda a entender también que tenemos que aprovechar el momento".
El presentador Aimar Bretos, en un momento de la emotiva entrevista, le plantea una cuestión especialmente delicada "Se me hace muy difícil, Belén, que se le pueda perdonar a la vida la muerte de una hija tan pequeña". "Lo sé", ella responde con honestidad. Y añade con una claridad sobrecogedora: "Si yo pudiera traerla no dudaría ni medio segundo, pero no la puedo traer". Por eso, concluye que no queda más remedio que buscar "alguna razon para poder entender por qué la vida es así".
Poco después del nacimiento de María, la pequeña fue diagnosticada con una grave cardiopatía, lo que la obligó a pasar prácticamente toda su corta vida ingresada en el hospital. Finalmente, falleció con tan solo 11 meses. Durante ese tiempo, Belén Rueda decidió dejar su trabajo para volcarse por completo en el cuidado de su hija, pasando largas horas en el hospital. Sin embargo, las estrictas normas solo permitían a los padres visitarla durante dos horas al día, por lo que el resto del tiempo lo compartían en los pasillos con otras familias que atravesaban situaciones similares.
El duelo fue un camino largo y profundamente doloroso, pero la actriz logró sobellevarlo gracias al apoyo de su familia y a la necesidad de seguir adelante por su hija mayor, Belén, que entonces tenía tres años. Con el tiempo, la vida encontró de un modo su camino y, dos años después de la pérdida de María, la familia recuperó la sonrisa con el nacimiento de Lucía, la menor de sus hijas.
De una experiencia tan dura como fue la muerte de María, nació un vínculo y también un propósito: unir fuerzas para apoyar a la Fundación Menudos Corazones, con el objetivo de ayudar a niños con cardiopatías y, sobre todo, acompañar a sus familias en un proceso tan complejo. Belen, como presidenta de honor de la fundación, subraya la importancia de contar con información y apoyo en esos momentos decisivos, recordando que “la información es vital a la hora de tomar decisiones".








