Claro que me veo mayor, pero me siento tan bien en mí, que creo que por primera vez en mi vida tengo una relación honesta con Minerva” dice con esa sonrisa pícara que tanto la caracteriza. Porque Minerva Piquero es esa misma persona que se colaban allá por los noventa en nuestros hogares para decirnos con toda naturalidad cuándo debíamos sacar el chubasquero o ponernos las sandalias; la misma sí, pero mejorada, digamos que es su versión 3.0 después de muchas vicisitudes vitales y atravesar un árido desierto durante años.
Se ha reinventado una y mil veces, ha vivido las luces y también las sombras, ha sido la más feliz y la más desdichada...y ahora, camino de los 60, es la mujer radiante y segura que se sienta frente a nosotros para romper tabúes y fulminar estigmas. Lo hace desde la propia experiencia, con humor y sin intención de aleccionar, solo de ayudar a otras mujeres a transitar por el climaterio, ese proceso natural femenino del que, hasta hace dos días, como quien dice, casi ni se hablaba. “Es una jugada maestra de la naturaleza. Y nadie nos lo contó. Pero eso se acabó” dice en su libro No estoy loca: cómo sobrevivir a la menopausia y sentirte poderosa (Grijalbo), que quiere ser un manual práctico de supervivencia, que Minerva acaba de presentar.
Este libro es el resultado de una búsqueda individual que comenzaste tú. ¿Necesitabas gritar de alguna manera que no estás loca?
Sí. Antes de cumplir los 50 lo oí en muchas ocasiones y también me dijeron que me preparara porque al llegar a esa edad me volvería invisible. Y en cierto modo, en aquellos cuarenta y largos lo era, pero no entendía por qué tenía que ser así socialmente, por qué no había otra salida. Miraba hacia atrás y decía: “Minerva, con lo que tú has peleado para llegar hasta aquí, para ser lo que eres y tener lo que tienes, tus hijos, tu casa…No me podía rendir. Yo iba al endocrino y me decía: tus análisis están bien; iba al digestivo y me decía: es el estrés, cambia de vida; iba al psicólogo y me daba pastillas…Todo el mundo me decía: “asúmelo, es la edad”. Pasé mucho tiempo llorando, fue mucho tiempo de soledad y de introspección, de estar triste y cansada de estar cansada
¿Qué hiciste para revertir esta situación?
Creía que mi cuerpo me estaba boicoteando, que me estaba traicionando y me iba a morir. Empecé a entender que, en realidad, me estaba pidiendo auxilio enviándome mensajes de mil maneras distintas y que el proceso era reaprender a vivir en mí para volver a ser yo. Ese fue el camino. Y en ese camino empecé a leer ¿Qué dice este? ¿Y ese?, ah este es un gurú de tal…Me encontré con cosas contradictorias y me di cuenta de que tenía que formarme mi propio criterio e ir un poco más allá. Porque es cierto que la conversación comienza a estar en la calle, pero también hay demasiada información y demasiado listo aprovechando el momento.
¿Por eso comenzaste a investigar por tu cuenta?
Sí, empecé a investigar y a entender. Haces una dieta, pruebas, hablas con otros, pruebas otra. Así fui haciendo mi propio "mix" y mi cuerpo fue reaccionando de forma positiva. Y eso fue gasolina porque ahí te das cuenta de que hay luz al final del túnel. Y todavía estoy en proceso, hay cosas que aun no he podido solucionar, como el insomnio, pero ahí voy, camino de arreglarlo
"En 2021 me encontraron un tumor en el pecho. Estaba encapsulado, se podía quitar y limpiar, pero decidí hacerme una doble mastectomía"
Cuentas en el libro cómo te sentiste al convertirte en el centro de críticas injustas y despiadadas tras aparecer en un 'photocall después de años alejada de la televisión. ¿Ese fue el revulsivo para ti?
Tardé mucho después de eso porque no estaba preparada. Me vi expuesta y criticada, cuando te para un paparazzi y te dice ¿cómo has llegado a esto? Así, de repente y delante de un montón de personas, cuando te preguntan constantemente…Tienes que plantarte y decir: “Por favor, si después de 20 años de una carrera profesional bastante digna, lo único que os interesa de mí es esto, me estáis convirtiendo en un pedazo de carne. Y yo soy mucho más que eso, tengo emociones, sentimientos, familia, aspiraciones…tengo una vida. No, no fue en aquel momento. Sí, había cogido mucho peso, pero no sabía que estaba en perimenopausia, estaba desarrollando un tumor en la mama y no lo sabía, tenía una tiroides que había dejado de funcionar y no lo sabía. Me estaban pasando un montón de cosas
Era mucho más que haber engordado, solo que esto también te afectó mucho.
Como explico en el libro, comencé a tener mucho estrés porque la caída de estrógenos y progesterona me provocó niebla mental, disparo del cortisol, dejé de ir al baño con regularidad —algo tan sencillo como eso y con los trastornos que ocasiona—, dejé de dormir… Por supuesto que haber engordado era algo difícil de gestionar cuando me convertí en la mofa de las redes sociales y de mucha gente, pero estaba tan cansada que tuvieron que pasar unos cuantos años hasta que reuní la fuerzas físicas, emocionales y mentales para decir: "Ahora puedo". Porque no es cuando tú quieres, sino cuando tú puedes. Y eso lo explico en el libro: está bien lo que digan los demás, pero tú tienes que encontrar tu momento y tus herramientas para anclarte y empezar a construir ese camino. Quizá ese fue el comienzo, pero no la razón. Fue más una cuestión de amor propio, de ver a mis hijos y sentir que quería recuperar mi vida. Y eso me llevó un tiempo, fue un proceso de años.
'Empezar a quererme'
Ahora mismo, pasado todo es proceso ¿Cómo estás?, ¿cómo te sientes?
¡Hay premio! A mi nadie me contó que me iba a pasar con la menopausia, no nos lo cuentan. Y si tenemos algo de información es que dejas de tener la menstruación, te dan sofocos y tienes altibajos emocionales y estás loca. Es que hay hombres que me han dicho a la cara: “mi mujer se ha vuelto loca, todas están locas”. Por Dios. Y hay ocho años en el peor de los casos y cinco en el mejor en los que puedes estar transitando por la perimenopausia y no tienes información. Y todo ese proceso que desconocía y que nadie me contó, me llevó a pasar un infierno de cosas, pero me llevó a aprender, a descubrir y a reinventarme físicamente, a cambiar mis hábitos, a quererme y a escuchar mi cuerpo.
"Fue muy difícil verme convertida en la mofa de las redes sociales y de mucha gente cuando engordé, pero pasaron años hasta que reuní las fuerzas para decir: 'Ahora puedo'"
Y cuando empezaste a quererte y escucharte todo cambio, claro.
Empiezan a ordenarse las cosas y a encontrarte tan a gusto en tu cuerpo, tan bien…En Japón a la menopausia se le llama "koneki", que significa renovación y energía, algo mucho más natural y bonito, aquí culturalmente en occidente tenemos una carga patriarcal machista y parece que se asocia con el fin, el declive, estar vieja…Y quiero reivindicar que no es así. Cuando las mujeres transitamos el climaterio y sabemos qué síntomas vamos a tener, qué nos van a provocar y cómo, lo podemos solucionar, cada una con lo que le vaya mejor. Pero, si tomamos nuestras propias decisiones y lo transitamos como queremos, la mujer en la que te conviertes después es espectacular.
Incluso, aseguras que ha cambiado la relación con tus hijos, ¿en qué sentido?
Sí, en un momento dado, me quité la capa de Superwoman y les dije: “Hola, vuestra madre, que nunca está cansada, pues se cansa. Y además de madre, soy hija, he sido adolescente, soy mujer y tengo necesidades, ambiciones, aspiraciones e ilusiones. Qué sepáis que me pasa esto, que a veces tengo mucho miedo, que ahora no sé dónde voy ni qué me pasa…”. De repente, te quitas esa careta. Mi hija tenía entonces 18 o 19 años y mi hijo 13, y desde entonces, ahora tienen 26 y 19, nos hablamos de tú a tú. Mamá sigue echando broncas si dejan el tupper lleno de salsa de tomate en el fregadero o no sacan la lavadora, pero las conversaciones importantes que tienen que ver con las emociones y lo que nos pasa en la vida, son de tú a tú y con un respeto absoluto por las debilidades y vulnerabilidades de cada uno, las aceptamos y las abrazamos. Y eso me parece un paso muy importante.
¿Cómo llegaste hasta ahí?
Para llegar hasta ahí tuve que primero aceptarme yo. Durante mucho tiempo decía no puedo, dormirme llorando y despertarme por la mañana y no querer salir de la cama porque no quería afrontar la vida que tenía fuera. Se trata de, por ejemplo, de pensar: me voy a hacer un batido y me voy a poner algo en la tele que me guste, porque me lo merezco. El "me lo merezco" yo empecé a practicarlo no hace mucho tiempo. Y es que a las mujeres nos cuesta una vida dar ese paso, porque estamos programadas y lo hacemos yo creo que de manera natural, para cuidar, mantener, organizar y sacar adelante.
Antes has mencionado que te descubrieron un tumor en el pecho, Minerva, eso no lo habías contado nunca.
Sí, no se lo conté a nadie, pero he decidido que no importa. En un año, fue todo en 2021 después de la pandemia, me partí el tobillo, me pusieron 20 tornillos y dos placas de titanio, estuve tres meses en silla de ruedas. En agosto me tuvieron que operar de la vesícula porque me reventó y luego me encontraron el tumor en el pecho. Estaba bien encapsulado, medía unos cinco centímetros en forma alargada. Se podía quitar y limpiar, pero decidí quitarme los dos pechos
Te hiciste una doble mastectomía.
Y no me puse prótesis, tengo muchas cicatrices. Tenía mucho pecho porque además estaba gordita cuando lo hice y con mi propia grasa quedó un pecho pequeñito. Solo que ahora, al perder tanto peso, me he quedado sin nada. Y en este proceso estaba cuando me llamaron de Telemadrid y me dijeron: tenemos un programita. No me sentía preparada porque no hacía tele desde hacía mucho tiempo, pero al final me lancé. Empecé en octubre de ese año y a los pocos meses conocí al que hoy es mi pareja. De repente todo se empezó a colocar y han pasado tres años desde entonces.
El amor llegó a tu vida ¿qué aprendiste en el camino sobre él?
Algo que aprendí es que tienes que llegar completo a una relación. Si no estás completo y el otro sí, es muy difícil hacer ese viaje. Yo empecé a quererme, pero no lo había conseguido del todo todavía, poco antes de conocerle. Él me conoció al final de mi peor momento. A mí me ayudó mucho conocer a alguien que me decía: me pareces preciosa, me pareces súper guapa. Me lo sigue diciendo hoy: “me encantas. A veces te miro y pienso: ¿cómo este pibón está conmigo? Pero te prometo que eso es lo más pequeño si me pongo a pensar por qué estoy contigo. Estoy contigo por la mujer que eres”. Tener a alguien que ve el esfuerzo que haces, ve cómo te levantas, como quieres a tus hijos y cómo peleas, te ayuda mucho a crecer.








