Durante años, muchas mujeres han tenido que escuchar lo mismo sobre el lipedema: “Con dieta y con mucho ejercicio mejorarás”, “es cuestión de fuerza de voluntad y constancia, verás como lo consigues”. Sin embargo, este dolor, hinchazón en brazos y piernas no disminuye por mucha tenacidad que una tenga.
El Dr. Sebastián Rosell, de la Institución Gournay, nos explica la razón: “El lipedema es una enfermedad médica crónica y progresiva, no un problema estético.” Las personas que lo tienen sufren dolor, inflamación y limitación funcional. Por mucho que hagan, no mejoran. aunque se trate de “mujeres jóvenes y físicamente activas”.
No es una simple retención de líquidos ni unos kilos de más. Veamos por qué.
Qué es exactamente el lipedema (y qué no es)
El lipedema es una alteración del tejido graso subcutáneo que afecta casi exclusivamente a mujeres y que se caracteriza por una acumulación anómala y simétrica de grasa, principalmente en piernas y, en algunos casos, en brazos. No afecta a manos ni pies, un detalle clave para diferenciarlo de otras patologías.
No es obesidad. No es linfedema. No es simple retención de líquidos. Y tampoco es un problema estético.
En el lipedema, el tejido graso es patológico. Esto significa que su comportamiento no es el habitual: no responde como debería a los mecanismos normales del metabolismo. Por eso, aunque la paciente adelgace en la parte superior del cuerpo, la zona afectada permanece prácticamente igual.
Además, el lipedema duele. Hay inflamación, hipersensibilidad al tacto, facilidad para que aparezcan hematomas y una sensación constante de pesadez. Con el tiempo, puede generar limitación funcional, problemas de movilidad y un importante impacto psicológico.
La genética: una carga importante pero no un único gen
“El lipedema es una enfermedad con una clara carga genética; los últimos datos confirman que entre el 60% y el 80% de las pacientes presentan al menos un familiar afectado por esta enfermedad”, explica el doctor Rosell.
Ahora bien, no hablamos de un gen concreto que determine su aparición. Se trata de una afección poligénica, en la que intervienen múltiples genes relacionados con la regulación hormonal y el metabolismo de la grasa.
Esto también ayuda a entender por qué suele manifestarse o agravarse en momentos de cambio hormonal, como la pubertad, el embarazo o la menopausia. Las hormonas influyen, y mucho, en su evolución.
¿Se puede prevenir el lipedema?
No. “A día de hoy, es imposible prevenir la enfermedad”, señala el especialista.
Sin embargo, sí podemos frenar su progresión una vez detectada. Y ahí radica la importancia del diagnóstico temprano. Cuanto antes se identifique, antes se pueden instaurar pautas que minimicen sus efectos y síntomas.
En este sentido, el tratamiento debe ser multidisciplinar. No existe una única intervención milagrosa. Nutrición, ejercicio adaptado, fisioterapia especializada y, en muchos casos, cirugía, forman parte del abordaje.
“La cirugía permite eliminar los síntomas al mismo tiempo que lograr un buen resultado estético para nuestras pacientes”, explica el doctor Rosell. No se trata de una intervención superficial, sino de eliminar el tejido graso patológico responsable del dolor y la inflamación.
La dieta y el ejercicio pueden complementar
Esta es una de las preguntas que nos hacemos ya que, como se dice, la dieta y ejercicio no soluciona este problema. Entonces, ¿sirve de algo cuidarse? Sí, pero conviene entender cómo.
“La característica que define al lipedema es ser un tejido graso anómalo que no responde de manera normal a la dieta y el ejercicio”, aclara el doctor Rosell. Esto significa que, una vez instaurada la enfermedad, el estilo de vida puede lograr mejoras pequeñas en los síntomas, pero no revertir el problema.
Ahora bien, mantener un peso saludable y hacer deporte sí ayuda a detener su progresión. Y, por el contrario, las subidas de peso aumentan el volumen de los tejidos afectados y con ello los síntomas.
En cuanto a la alimentación, la dieta antiinflamatoria —muy cercana a la dieta mediterránea tradicional— es la que mejores resultados ha demostrado para reducir parcialmente síntomas como el dolor y la pesadez. Hablamos de priorizar verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y reducir ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans.
El papel del estrés y el sueño en el lipedema
Puede parecer un detalle secundario, pero no lo es. El estrés crónico y la falta de sueño tienen un impacto directo en el metabolismo de la grasa.
“Sabemos que la gestión del estrés y una buena higiene del sueño tienen efectos potentes sobre nuestra salud, mediadas entre otras por hormonas como el cortisol, que juegan un papel importante en nuestro metabolismo de la grasa, el ánimo y el apetito”, explica el especialista.
Cuando el estrés se mantiene elevado, el cortisol altera la distribución de la grasa corporal y favorece hábitos menos saludables. Dormir mal también influye en las decisiones alimentarias y en la energía disponible para moverse.
Por eso, mantener niveles razonablemente bajos de estrés y cuidar el descanso tiene repercusiones en la salud general que pueden reflejarse en la progresión y los síntomas del lipedema.
No es que el estrés lo cause, pero sí puede contribuir a que la enfermedad avance con mayor intensidad.
Tratamiento conservador: la base del control del lipedema
El abordaje conservador es el primer escalón en el tratamiento del lipedema y tiene como objetivo aliviar síntomas, reducir la inflamación y preservar la funcionalidad. Como decíamos, la alimentación antiinflamatoria, una hidratación adecuada y una estructura ordenada en las comidas forman parte esencial de esta estrategia.
El ejercicio debe ser adaptado y de bajo impacto, con especial atención al entrenamiento de fuerza, junto a actividades que favorezcan la movilidad y el retorno linfático, como caminar, los ejercicios acuáticos, el yoga o el pilates. El uso de prendas de compresión ayuda a disminuir la sensación de pesadez y mejora el confort.
Además, se incorporan técnicas de drenaje linfático manual o asistido, como la presoterapia, y en algunos casos tratamientos médicos no quirúrgicos dirigidos al tejido adiposo localizado. Todo ello no solo contribuye al control sintomático, sino que resulta clave como preparación antes de una cirugía y como mantenimiento posterior.
“El tratamiento médico no quirúrgico es muy útil para controlar la inflamación, el dolor y la progresión del lipedema”, señala la Dra. Cecilia Rufino, especializada en Medicina Estética integral corporal (Clínica FEMM en Madrid).
Cirugía del lipedema: cuándo está indicada
Cuando las medidas conservadoras no logran frenar la persistencia de los síntomas o la progresión de la enfermedad, la cirugía se plantea como una herramienta terapéutica. Consiste en la reducción selectiva del tejido adiposo patológico mediante técnicas de liposucción específicas para lipedema.
Esta intervención permite disminuir el dolor, la pesadez, la inflamación y el volumen de las extremidades afectadas, con un impacto directo en la vida diaria.
“En las pacientes intervenidas observamos una mejoría clara del dolor y de la pesadez, lo que se traduce en una mejora funcional real en su vida diaria”, explica el Dr. Ismael González, especializado en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Clínica FEMM).
Además, la mejora del contorno corporal suele reforzar la adherencia al resto del tratamiento, ya que muchas pacientes se sienten más motivadas para mantener las pautas médicas al percibir cambios visibles y funcionales.












