Tamara Pazos, neurobióloga: "La permeabilidad intestinal no es algo malo, el intestino tiene que ser permeable para absorber agua y nutrientes"
El problema no está en la permeabilidad, sino en la desregulación de esta barrera inteligente que permite que forma parte del funcionamiento normal del aparato digestivo
Cada vez escuchamos más el concepto "intestino permeable" y lo asociamos automáticamente a un problema de salud. Sin embargo, esta relación no es del todo correcta. De hecho, la neurobióloga Tamara Pazos asegura que la permeabilidad intestinal no es una enfermedad ni algo que deba evitarse. Todo lo contrario: es una función necesaria para que el organismo pueda absorber nutrientes, hidratarse y mantener un sistema inmunitario saludable.
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Durante un encuentro organizado por Activia para analizar el papel de la microbiota en la salud y la longevidad, la experta explicó por qué este concepto suele interpretarse de forma errónea y qué situaciones son realmente las que pueden generar problemas.
Para entender qué significa la permeabilidad intestinal conviene imaginar el intestino como una barrera inteligente. Su función consiste en dejar pasar aquello que el organismo necesita y bloquear aquello que podría resultar perjudicial.
El interior del intestino está recubierto por millones de células unidas entre sí mediante estructuras que actúan como un filtro selectivo. Gracias a este mecanismo, el cuerpo puede absorber agua, vitaminas, minerales, aminoácidos y otros nutrientes esenciales procedentes de los alimentos.
Por ello, y según indica Tamara Pazos, la permeabilidad forma parte del funcionamiento normal del aparato digestivo. Sin ella sería imposible alimentarse o aprovechar los nutrientes que contienen los alimentos.
Un intestino que funciona correctamente permite absorber los nutrientes necesarios para el organismo. Esta es, probablemente, su función más conocida.
Pero no es la única. Tambiénfacilita la hidratación, ya que permite el paso del agua desde el tubo digestivo hacia el torrente sanguíneo.
Además, participa en la regulación de las defensas. Tal y como explica Pazos, el intestino actúa como una especie de escuela inmunológica donde el organismo aprende continuamente a distinguir qué es propio y qué es extraño.
La microbiota también desempeña un papel fundamental en este proceso. Las bacterias intestinales producen sustancias beneficiosas que ayudan a regular la inflamación, participan en procesos digestivos y contribuyen al equilibrio general del organismo.
Por qué pensamos que tener un intestino permeable es algo malo
Parte de la confusión surge porque el término "intestino permeable" se ha popularizado para describir situaciones en las que la barrera intestinal está alterada y deja pasar sustancias en exceso.
De hecho, no tenemos más que buscar en la red "intestino permeable". La mayoría de los titulares van acompañados de la palabra curación. Es decir, el concepto de permeabilidad intestinal ha acabado asociándose casi exclusivamente a enfermedad, inflamación o problemas digestivos.
Pero la clave está en el grado de permeabilidad y en el control de esa barrera. Dicho de otra manera, lo que puede resultar perjudicial es que la barrera intestinal pierda su capacidad de regulación y se vuelva excesivamente permeable, permitiendo el paso de sustancias que favorecen la inflamación.
Un ejemplo para que lo podamos visualizar mejor: la permeabilidad intestinal es como una puerta de seguridad que debe abrirse para dejar entrar lo necesario y cerrarse ante lo que puede causar daño. El problema no es que exista la puerta, sino que deje de funcionar correctamente.
Esto puede ocurrir cuando se deteriora la capa de moco que protege el intestino, se alteran las uniones entre las células intestinales o aparecen procesos inflamatorios persistentes. En esas circunstancias pueden atravesar la barrera sustancias que no deberían hacerlo en determinadas cantidades, favoreciendo una respuesta inflamatoria que puede afectar tanto al sistema digestivo como al resto del organismo.
No se debe a una sola causa, sino a diferentes factores. Uno de los principales es el estrés crónico. Una situación de tensión mantenida en el tiempo puede afectar al sistema nervioso que rodea el intestino, alterar su funcionamiento normal y favorecer el deterioro de la capa de moco que protege la pared intestinal. Cuando esa protección disminuye, las células intestinales quedan más expuestas y la barrera puede volverse menos eficaz.
También influye unamicrobiota desequilibrada o poco diversa. Las bacterias intestinales participan en el mantenimiento de la barrera intestinal y ayudan a regular la inflamación. Cuando disminuyen las especies beneficiosas o aumenta la presencia de microorganismos menos favorables, esa función protectora puede verse comprometida.
La inflamación persistente es otro factor importante. Cuando existe inflamación mantenida, las uniones estrechas que mantienen cohesionadas las células intestinales pueden alterarse, permitiendo el paso de sustancias en mayor cantidad de la deseable.
Además, algunos hábitos de vida pueden contribuir indirectamente a este proceso. Dormir poco, llevar una alimentación pobre en fibra y vegetales, el sedentarismo o determinadas enfermedades digestivas pueden dificultar que la barrera intestinal se repare adecuadamente.
Cómo ayudar a que la permeabilidad intestinal sea más eficiente
La buena noticia es que existen hábitos capaces de ayudar a mantener la integridad de la barrera intestinal. La alimentación es uno de los más importantes. Seguir una dieta rica en fibra, vegetales, prebióticos y alimentos fermentados favorece una microbiota diversa, uno de los indicadores más asociados a una buena salud intestinal.
En este sentido, el investigador Manel Esteller añade que los probióticos ayudan a mantener una microbiota más saludable y recuerda que alimentos como el yogur aportan microorganismos vivos beneficiosos para el organismo. Y destaca además el caso de la supercentenaria María Branyas, cuya microbiota mostraba características asociadas a personas mucho más jóvenes. Entre sus hábitos diarios figuraba el consumo habitual de yogur durante años.
Por su parte, Tamara Pazos subraya que el dormir bien desempeña un papel fundamental. Durante la noche, el organismo activa procesos de reparación que ayudan a mantener el equilibrio del sistema inmunitario y la salud digestiva.
El ejercicio físico también contribuye a mejorar el entorno intestinal. Según explica la neurobióloga, la actividad física regular ayuda a regular el estrés, mejora el funcionamiento metabólico y favorece la resiliencia del organismo.
Como vemos, la permeabilidad intestinal no es mala ni podemos pensar que se trata de una enfermedad, sino que, como en casi todo en la vida, en el equilibrio está la clave de que todo nuestro organismo funcione correctamente.