Un intestino con agujeros como si fuera un calcetín de esos calados que llevábamos de pequeñas… Suena raro, y quizás no es el ejemplo gráfico más evocador, pero nos da una idea clara de lo que pasa cuando tenemos permeabilidad intestinal. Como nos cuenta nuestra experta, la Dietista-Nutricionista María Merino, directora del centro Comiendo con María: “En un estado de salud, las células que forman nuestro intestino están unidas muy firmemente entre sí por unas estructuras llamadas uniones estrechas. Estas permiten pasar a través de ellas a los nutrientes digeridos y al agua hacia el torrente sanguíneo para nutrir nuestras células, pero no dejan paso a toxinas, bacterias dañinas, ni partículas de alimentos sin digerir.
En caso de permeabilidad intestinal, estas uniones estrechas son como si se hubieran aflojado o dañado, de manera que empiezan a colarse por ellas todas esas toxinas, bacterias, y partículas sin digerir, que llegan a la sangre provocando que el sistema inmune reaccione, pues las identifica como agentes extraños y los ataca. Esto desencadena inflamación en el organismo, problemas digestivos (gases e hinchazón), fatiga, alergias e intolerancias alimentarias. Incluso se cree que esta condición puede relacionarse con enfermedades autoinmunes, aunque esto está siendo estudiado”
Síntomas y diagnóstico
Que no cunda el pánico, porque actualmente es relativamente sencillo saber si tienes permeabilidad intestinal o no. Los síntomas, como nos explica nuestra experta van desde: “Sensación de pesadez e hinchazón, distensión abdominal idiopática, gases, tránsito intestinal irregular, fatiga crónica, neblina mental o hasta cambios de humor, incluso, según el grado de permeabilidad, afectar a otros sistemas y provocar acné, rosácea, urticaria y erupciones cutáneas”. Sin embargo, además de esta clínica, lo aconsejable es hacerse pruebas específicas para valorar la barrera intestinal.
María Merino nos cuenta que: “Hay pruebas directas como los test de lactulosa y manitol que consisten en beber una solución de agua que contiene estos dos tipos de azúcares. El manitol es una molécula pequeña que un intestino sano absorbe fácilmente, mientras que la lactulosa es una molécula grande que, normalmente, no debería poder cruzar la barrera. Tras unas horas, se analiza la orina; si aparecen niveles altos de lactulosa, es un indicador claro de que las "uniones estrechas" están abiertas y las partículas grandes se están filtrando. Otro indicador de permeabilidad es el análisis de la zonulina, proteína que nuestro organismo produce para controlar la apertura y cierre de las uniones de la pared intestinal. Se mide en sangre o heces, y cuando hay un nivel anormalmente alto de zonulina debemos sospechar que existe un aumento de la permeabilidad”.
Así puede afectar a tu bienestar
No es ninguna sorpresa que nuestra especialista achaque esta condición digestiva a los malos hábitos mantenidos en el tiempo. “Las causas más comunes suelen ser una dieta alta en alcohol; abuso de ultra procesados y azúcares; el estrés crónico; la falta de sueño; el uso excesivo de ciertos medicamentos como antibióticos y antiinflamatorios, y el desequilibrio de la flora intestinal”. El problema de muchas personas que la padecen es que llegan a normalizar los síntomas y a convivir con ellos sin prestarles mucha atención.
Esto conduce a medio-largo plazo a consecuencias claras sobre su salud, que podrían haberse evitado. Una de ellas es la famosa inflamación interna y otra, no menos importante, afecta al bienestar mental. Como nos explica nuestra especialista: “A través de la conexión del eje intestino-cerebro. Nuestro intestino y cerebro están conectados físicamente por el nervio vago, y químicamente por neurotransmisores. Tanto es así, que el 90% de la serotonina (hormona de la felicidad) se produce en nuestro intestino. Si el intestino está inflamado, se envían señales de alerta al cerebro (neuroinflamación), lo que está directamente vinculado con ansiedad, depresión y niebla mental".
Abordaje y método de las '5R'
Una alimentación específica, bien pautada, ejercicio físico regular y moderado, y el "protocolo de las 5R" parecen ser las herramientas más eficaces para restaurar un intestino permeable. María Merino apuesta por este abordaje integral, ya que es el cambio en el estilo de vida el que da los mejores resultados. No obstante, afirma que: “La alimentación es la clave. A través de ella, reducimos la inflamación, modulamos la microbiota, aportamos los nutrientes para reconstruir todas esas células dañadas y reforzamos al sistema inmune para que haya protección. Dicho esto, la alimentación no es ‘mágica’, y de nada sirve seguir las pautas dietéticas, si no acompañamos con un estilo de vida óptimo.
El enfoque más eficaz suele ser el "protocolo de las 5R":
- Retirar tóxicos y posibles patógenos de la dieta
- Reemplazar con enzimas digestivas y otras sustancias que apoyen la digestión.
- Restaurar la microbiota con prebióticos y probióticos
- Reparar el revestimiento intestinal con nutrientes como colágeno, Omega 3, L-Glutamina, zinc o vitamina D
- Reequilibrar la salud intestinal con un estilo de vida saludable).
Después, de esta fase, pondríamos el foco en una alimentación que tenga un patrón dietético mediterráneo y antiinflamatorio. El objetivo es calmar el sistema inmune y dar un respiro a la digestión”. Además, María nos aconseja alejar de nuestra dieta los alimentos de perfil antiinflamatorio como los ultra procesados, los azúcares libres o añadidos, las grasas refinadas como las de girasol y palma, y el alcohol. En cuanto al gluten y los lácteos no comenta que: “Son muy controvertidos. Habría que reducir su carga (que no eliminar) en las fases de retirada, pero son totalmente compatibles después. No es lo mismo apartar los lácteos por la lactosa, que por la caseína A1”.
Las mujeres somos más proclives
El papel de las hormonas, como en otras muchas patologías y condiciones de salud, es clave en la permeabilidad intestinal. Como nos cuenta la experta: “Estadísticamente, las mujeres sufren más problemas digestivos y autoinmunes debido en gran medida a que el tracto gastrointestinal tiene receptores de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona)”.
El perfil medio de paciente con intestino permeable es el de una mujer en la treintena o cuarentena, con un trabajo sedentario, pero altamente estresante, que duerme poco, depende del café para rendir, come rápido o frente a pantallas (dietas ricas en ultraprocesados), y quizás toma analgésicos con frecuencia para los dolores de cabeza o menstruales”. Y es que el sistema hormonal de las mujeres tiene unas peculiaridades que nos hace más vulnerables a esta dolencia: “Las fluctuaciones hormonales (durante el ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia) afectan a la velocidad del tránsito intestinal y la barrera de la mucosa. Además, el cortisol (la hormona del estrés) reduce el flujo sanguíneo al intestino, disminuyendo la producción de moco protector y facilitando que las "uniones estrechas" se abran”. Todo ello favorece el cóctel perfecto para la permeabilidad intestinal.
La buena noticia es que esta condición se puede curar por completo: “Las células que recubren el intestino se regeneran a sí mismas cada tres a cinco días. Y, si les das el entorno adecuado, el daño físico desaparece”. Pero también advierte de que si, una vez libres de permeabilidad, volvemos a los malos hábitos y al estilo de vida que nos llevó a ella, el problema volverá.









