Una mirada a la vida del Príncipe

Vida familiar
Se respira cierta normalidad familiar en La Zarzuela, hasta que don Juan Carlos se convierte en Heredero de Franco. En sus primeros años de casados, los Príncipe de España son, ante todo, un joven matrimonio que dedica casi todas sus horas de ocio a ver crecer a sus hijos y a jugar con ellos por los alrededores del palacio de La Zarzuela. La Reina, al igual que había hecho con las infantas Elena y Cristina, se ocupa muy directamente del cuidado del Príncipe, acompañada muchas veces por sus hijas, siempre dispuestas a echar una mano, ya que les encanta estar junto a Felipe. Don Juan Carlos define siempre como “una madraza” a doña Sofía, que en su adolescencia estudió Puericultura y tiene la norma de que a los niños “ni mimarlos, ni olvidarse de ellos”. A medida que los tres hermanos van creciendo y aumentan los compromisos de doña Sofía como Princesa de España, primero, y como Reina, después, se contrata a más personal para que ayude a llevar la casa.

Estar sujetos a un horario y obedecer son cuestiones que los tres hermanos aprenden pronto. Llevan una vida muy ordenada y siempre están ocupados en algo. La austeridad es otro de los valores que doña Sofía les inculca a temprana edad. Así cuando los niños piden algún regalo, no se les da en ese momento, sino que les dice: "Pídelo para tu cumpleaños o para Navidades".

A pesar de no contar con hermanos varones, don Felipe tuvo en sus hermanas a dos excelentes compañeras de juegos. Tan unidos han estados siempre los tres hijos de los Reyes que, incluso ya mayores, siguen compartiendo amistades y muchas aficiones. “Me comunico muy bien con mis hermanas; no echo de menos no haber tenido otro hermano varón”, comenta años después el Príncipe.

También le encanta estar con sus padres, jugar cerca. Cuando empieza a ir al colegio, en cuanto regresa, busca a su padre para contarle lo que ha hecho. Don Juan Carlos le deja pasar al despacho; alguna vez se lo impiden, pero generalmente le dejan. Y si se queda toda la mañana allí trabajando, Felipe va varias veces a verle. Durante muchos años, Felipe aspira a parecerse a su padre en todo. Uno de sus principales pasatiempos es ensayar movimientos, gestos, costumbres, imitándole.

“La familia para mí, en particular, ha supuesto –resume Felipe- una fuente de apoyo incondicional, de cariño. Hay que tener en cuenta que es el primer cauce de socialización, de formación del individuo, de formación de la personalidad. En mi familia siempre hemos gozado de muy buena relación entre hermanos, padre, abuelos... y todo eso ha formado un ambiente que quizá yo desearía para cualquiera”.

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