La ciudad de Madrid se ha convertido esta semana en el epicentro de todas las miradas con motivo de la llegada del Papa León XIV, la primera visita de un Pontífice a España en quince años. Un recibimiento en el que, siguiendo la tradición protocolaria, la monarquía ha ejercido como anfitriona de un jefe de Estado excepcional que ha recorrido la capital a bordo del emblemático papamóvil, dejando imágenes tan históricas como poco habituales. Entre ellas, las protagonizadas durante el inicio de la visita, cuando la reina Letizia realizó una impecable genuflexión ante Su Santidad, haciendo uso del privilège du blanc —el privilegio de vestir de blanco ante el Papa—, mientras la princesa Leonor y la infanta Sofía siguieron con precisión la etiqueta vaticana.
El protocolo de una visita excepcional
El sábado 6 de junio, los preparativos estaban más que ultimados. Una alfombra de color carmesí cubría gran parte de la zona de aterrizaje del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Un escenario que, tras el descenso de León XIV por la escalerilla del avión, dio paso a uno de los momentos más comentados de la jornada. La reverencia que los reyes Felipe VI y doña Letizia realizaron ante el Pontífice. Inevitablemente, en la memoria colectiva resonó la imagen de Juan Pablo II besando el suelo español a su llegada en 1982. Sin embargo, Madrid no ha sido escenario de una rememoración, sino de una nueva página en la historia de las relaciones entre la Corona y la Santa Sede. La cuestión que más debate e interés ha suscitado ha sido precisamente ese gesto reverencial de los Reyes. Una excepción protocolaria que rompe con las normas habituales de cortesía entre jefes de Estado.
Por norma general, los monarcas –el Rey– no realizan reverencias, ya que ostentan la más alta representación institucional de sus respectivos países. Felipe VI, como jefe del Estado español, no tiene obligación protocolaria de inclinarse ante otro dirigente en el ámbito civil. Sin embargo, la figura del Papa trasciende esa condición al reunir en una misma persona la jefatura del Estado de la Ciudad del Vaticano y la máxima autoridad de la Iglesia católica. Es, sin duda, la máxima representación de la Iglesia católica sobre la Tierra. Y fue precisamente en ese contexto donde quedó enmarcado uno de los gestos más simbólicos de la jornada. Los testigos —aunque solo unos pocos se percataron del detalle— pudieron observar cómo doña Letizia realizó una genuflexión doblando la pierna izquierda. La Reina flexionó la rodilla hasta quedar casi a ras de suelo para inclinarse ante el representante de la Iglesia católica. Sin embargo, cuando la genuflexión se realiza ante un altar, la norma litúrgica es distinta. En ese caso, se dobla la pierna derecha como señal de reverencia. La elección de la pierna izquierda en su saludo al Pontífice no fue casual, sino un detalle que evidencia el profundo conocimiento de la Reina sobre el protocolo vaticano y las diferencias entre la etiqueta religiosa y la institucional.
"Nos vemos enseguida", se dirigió la reina Letizia al Papa en el momento de la despedida, justo antes de que la comitiva se trasladara al Palacio Real de Madrid. Allí, la princesa Leonor y la infanta Sofía protagonizaron su particular debut internacional ante un jefe de Estado extranjero entre los históricos salones de la residencia oficial de los Reyes de España. Situadas inicialmente en la Tribuna de Honor, ambas descendieron el escalón carmesí para realizar la correspondiente genuflexión ante el Sumo Pontífice. Se trató de la primera reverencia de sus vidas ante un mandatario extranjero. Un gesto que, en su condición de altezas reales, también deberán realizar en el futuro ante los soberanos de otras monarquías. A diferencia de la reina Letizia, que hizo uso del privilège du blanc, Leonor y Sofía optaron por seguir con rigor la etiqueta vaticana, recuperando una tradición que en España había quedado prácticamente difuminada con el paso de los años.
Tras el saludo protocolario, recorrieron algunas de las estancias más emblemáticas del Palacio Real, especialmente engalanado para la visita de León XIV. Incluso los pasillos que conducen a la Capilla Real se convirtieron en una excepción histórica. Por primera vez en décadas, se exhibieron los tapices de los Hechos de los Apóstoles sobre cartones de Rafael, una reproducción de la célebre serie encargada por el papa León X para la Capilla Sixtina, dotando al recorrido de un simbolismo aún mayor. Aquella visita excepcional, que convirtió a León XIV en el segundo Papa en ser recibido en el Palacio Real de Madrid después de Juan Pablo II, sirvió como punto de partida para el recorrido del Pontífice a bordo del papamóvil. Miles de ciudadanos madrileños —y llegados de otros puntos de España— salieron a las calles para presenciar de cerca cada uno de los movimientos del jefe de Estado vaticano, en una jornada que dejó imágenes para la historia. La emoción continuó al día siguiente en la Plaza de Cibeles, donde el protocolo, las reverencias y la solemnidad de la ceremonia volvieron a cobrar protagonismo. Allí, José Luis Martínez-Almeida hizo entrega de las Llaves de Oro de la Ciudad al Papa ante la atenta mirada de la Familia Real. Tras abandonar la sacristía habilitada para la ocasión, los Reyes, junto a la princesa Leonor y la infanta Sofía, ocuparon sus lugares para asistir a la primera misa solemne de León XIV en la capital.
La celebración contó además con una destacada representación de la familia del Rey. Las infantas Elena y Cristina estuvieron presentes junto a varios de sus hijos: Victoria de Marichalar, Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin, acompañados por sus respectivas parejas, tal y como adelantó ¡HOLA! en exclusiva. Una imagen de unidad familiar que añadió un componente aún más simbólico a una jornada marcada por la historia, la fe y el protocolo.
Los siete Papas junto a la Reina Sofía
Doña Sofía hace historia al conocer a siete Papas tras su encuentro con León XIV: de Pío XII al privilegio blanco convirtiéndose en la Reina de la historia que más ha conocido. La historia entre la esposa del Rey Juan Carlos dio inicio junto a Juan XXIII, a quien tuvieron que dirigirse para que, aquel matrimonio —originalmente mixto, dado que el era católico y ella ortodoxa—, la Iglesia Católica exigía una dispensa por "disparidad de cultos". Entonces, el Papa Juan XXIII tuvo que autorizar el matrimonio de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia para dar inicio a la que en su momento, fue una historia de amor. Desde su llegada a España, Doña Sofía ha tenido la oportunidad de conocer a todos los Pontífices que han ocupado la Cátedra de San Pedro desde Pío XII. A lo largo de estas décadas, ha coincidido con Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y, ahora, León XIV.
Por ello, aunque el encuentro de este lunes la convierte en la primera Reina de España en haber tratado con siete Papas durante su vida como miembro de la Familia Real española, en realidad su relación con el Vaticano se remonta aún más atrás. Antes incluso de contraer matrimonio con el entonces príncipe Juan Carlos, Doña Sofía ya había conocido a Pío XII, lo que eleva a ocho el número total de Pontífices con los que ha coincidido a lo largo de su vida. Toda una vida dedicada a las relaciones con la Santa Sede. Y que, con motivo de rendir homenaje a la Virgen de la Almudena, y la audiencia privada en la Nunciatura Apostólica un nuevo hito se ha registrado en la vida de la Reina. Ahora, la visita del Papa continúa por el resto de España, de la misma forma junto a la Familia Real con la que se reencontrará este miércoles 10 de junio, en su asistencia a la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona. Allí se pondrá un broche quizá formado en diamantes de un recorrido por la capital que, el 12 de junio, pondrá fin a la visita desde Tenerife, con el Rey Felipe VI como protagonista de este final.
El apoteósico recibimiento al papa León XIV en el Bernabéu
Tras la audiencia privada con Doña Sofía, las infantas Elena y Cristina y sus respectivos hijos —Victoria Federica y Pablo, Miguel e Irene Urdangarín, a quien hemos visto salir de la Nunciatura Apostólica en el mismo vehículo que su madre y su abuela— y el posterior homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral con la que comparte nombre, el papa León XIV ha partido al último evento multitudinario en Madrid, que ha tenido lugar en el Santiago Bernabéu. Para ello, ha realizado el recorrido más extenso de su visita con el papamóvil, en el que se ha encontrado a más de 200.000 fieles que estaban esperándole desde hacía horas.
Poco después de las siete de la tarde, el Santo Padre se personaba en el apoteósico estadio que corona la Castellana para su último gran acto de su visita a Madrid, ya que mañana pondrá rumbo a Barcelona —donde inaugurará la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia—. Un evento conducido por Christian Gálvez y Patricia Pardo y marcado por la música, con actuaciones de grandes artistas como David Bustamante, Íñigo Quintero o Diana Navarro, entre muchos otros, en el que más de 80.000 asistentes han escuchado el mensaje humanitario del Pontífice, además de disfrutar del espectáculo organizado en su honor —con numerosas ovaciones de varios minutos de duración a lo largo de la jornada, en las que el Bernabéu al completo se ha puesto en pie— que ha abarcado gran parte de la tarde.










