La ceremonia, oficiada por Clair Williams, siguió el orden habitual de cualquier enlace civil. No hubo música, ni poesía o lecturas distintas de las previstas, durante los 20 minutos que se prolongó boda
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Los recién casados, con amplias sonrisas, reflejo del feliz momento, saludaron desde las escaleras del Ayuntamiento a los ciudadanos congregados, la mayoría defensores de las organizaciones benéficas de Carlos y Camilla
9 ABRIL 2005
La ceremonia, oficiada por la registradora Clair Williams, siguió el orden habitual de cualquier enlace civil. No hubo música, ni poesía o lecturas distintas de las previstas, durante los 20 minutos que se prolongó boda. Carlos y Camilla no han mencionado qué palabras iban a pronunciar en el momento de sus votos matrimoniales. Pero es probable que el Príncipe haya empleado la siguiente fórmula: “Declaro solemnemente que no conozco ningún impedimento legal por el que yo, Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor, no pueda unirme en matrimonio a Camilla Rosemary Parker Bowles”. Luego ambos se dirían: “Llamo a estas personas aquí presentes a testificar que yo, Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor, tomo a Camilla Rosemary Parker Bowles como legítima esposa (o marido)”. Aunque probablemente Carlos y Camilla no empleen sus nombres completos.
Almuerzo privado en Windsor
A continuación, la pareja real y sus dos testigos, el primogénito del novio, el príncipe Guillermo –que se encargó de las alianzas-, y el hijo mayor de la novia, Tom Parker Bowles, firmarían el registro matrimonial y, con el resto de invitados presente, en el histórico Registro Real, que documenta todos los enlaces y bautismos de la Familia Real inglesa. Una vez concluída la ceremonia civil, esposos e invitados abandonaron el recinto.
Posteriormente, los recién casados, con amplias sonrisas, reflejo del feliz momento, saludaron desde las escaleras del Ayuntamiento a los ciudadanos congregados, la mayoría defensores de las organizaciones benéficas de Carlos y Camilla.
Mientras el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles regresaban al Castillo de Windsor para asistir a la bendición religiosa de su unión matrimonial, que ofició el arzobispo de Canterbury, los invitados más cercanos a la reina Isabel II de Inglaterra, entre ellos los escasos miembros de las Familias Reales que asistieron disfrutaban de un almuerzo privado en Windsor.
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