Alberto de Mónaco, saliendo del hospital donde su padre, el príncipe Raniero, permanece ingresado con pronóstico 'extremadamente reservado'
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Una multitud de personas se concentran a las puertas del Palacio Real de Mónaco.
30 MARZO 2005
Aunque en las últimas horas, según la opinión del equipo médico que le atiende en el hospital cardiotorácico de Montecarlo, se abrió una pequeñísima puerta hacia la esperanza, el séptimo y último comunicado emitido por el principado auguraba, de nuevo, como inminente, la muerte del príncipe Raniero al presentar éste “degradación progresiva de sus funciones vitales”.
El principado asume, por ello, con tristeza lo que está por venir y se prepara para el desenlace, sin dar ya ningún lugar a los milagros.
El Príncipe Raniero de Mónaco está «consciente pero sedado» y si bien se han «estabilizado», gracias a la diálisis, sus funciones cardíacas, pulmonares y renales, su estado sigue siendo muy preocupante, muy frágil y el pronóstico vital extremadamente reservado”.
«Trabajamos como si Rainiero estuviera ya muerto”
Por ello, y como, en ningún momento se ha hablado de una mejoría de sus funciones sino de un estado “estacionario”, la administración francesa – tiene que encargarse de una gran parte de los aspectos logísticos y de seguridad- ha puesto en marcha los preparativos para el anuncio de la muerte de Rainiero, la preparación del duelo y la celebración del funeral. «Trabajamos como si Rainiero estuviera ya muerto”, señaló una de esas fuentes citada por «Le Journal du Dimanche».
Asimismo, la policía de Niza, donde se encuentra ubicado el aeropuerto más próximo a Mónaco, ha hecho un reconocimiento del itinerario que harían más de 100 delegaciones extranjeras que se esperan, ha puesto en alerta a 200 motoristas, y está buscando la manera de restringir los vuelos porque “no se puede dejar nada al azar”.
Aunque estos preparativos no han sido confirmados oficialmente, fuentes en el Principado sí han asegurado que la regla es que en caso de muerte se decreta un luto de tres días y que la ceremonia del entierro debería celebrarse una semana después del anuncio de la defunción, aunque siempre dependerá de la decisión de la familia.
Unidos en el respeto a su padre y a la historia de una dinastía, el príncipe heredero Alberto, de 47 años; sus hermanas las princesas Carolina, de 48, y Estefanía, de 40, y sus sobrinos mayores: Andrea, Carlota y Pierre, se turnan en sus visitas al hospital y llevan, con máxima discreción, la agonía de su padre y abuelo.
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