A la vez que se empapa de San Petersburgo, la princesa Victoria impulsa Suecia y da a conocer los sabores y los aromas de su reino; todos los rincones de un país que nadie tiene que dejar de visitar.
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La Princesa se apasiona descubriendo los magníficos palacios y jardines; malecones y puentes tendidos sobre sus ríos y canales; monumentos y conjuntos arquitectónicos que han dado a San Petersburgo la fama de ser un museo a cielo abierto.



29 ABRIL 2003
La Semana Sueca en San Petersburgo no sólo lleva un trocito de su patria sino que ha sido organizada para que ésta disfrute y se empape de la historia de esta ciudad a la que sus habitantes conocen como Peter o la Venecia del norte y que es, además de uno de los lugares más hermosos que hoy se pueden visitar en el mundo, testigo y protagonista de infinidad de acontecimientos históricos.

Los lazos que unen a los zares y a los Bernardotte
La Princesa va de iglesia en iglesia viendo cómo los monumentos se reflejan en las aguas de los numerosos canales y del río Neva (el hielo ha dejado paso a la primavera)... que será iluminado por una exhibición de rayos láser el próximo 27 de mayo. La fecha en la que empezarán oficialmente las grandes celebraciones del tercer centenario de su Fundación.

“Es ahí a donde me encuentro mejor. Puedo experimentar y ver tantas cosas...", dice la princesa mientras recorre los salones del palacio de Katarina, a las afueras de San Petersburgo, el lugar donde vivía, en un ambiente de lujo, la familia del Zar; y la iglesia sueca de Sta. Katarina, donde inauguró una exposición sobre los lazos que unieron a la familia de los zares con los Bernadotte (su dinastía); el Hermitage (que se prepara para una nueva muestra sobre Pedro el Grande, el Zar que fundó la ciudad en 1703); el Jardín de Verano, el Teatro Mariinsky...

Museo a cielo abierto
Edificios que han sido restaurados para que el mundo descubra el nuevo rostro de esta antigua capital imperial (la UNESCO ha declarado el 2003 como el año de San Petersburgo)... Magníficos palacios y jardines; malecones y puentes tendidos sobre sus ríos y canales; monumentos y conjuntos arquitectónicos que han dado a San Petersburgo la fama de ser un museo a cielo abierto. Un museo por el que pronto pasearán 40 jefes de estado y millares de turistas porque nadie olvida que la urbe surgió de la nada para abrir una ventana a Europa a través del Báltico. Ni que hubo un tiempo en el que reemplazó a Moscú como capital del Imperio.

De hecho, cerca de 50 naciones han anunciado obsequios a la ciudad con ocasión del jubileo. Francia se ha ofrecido a financiar la construcción de una torre de 17,8 metros de altura con la palabra "paz" escrita en diferentes idiomas. Japón desea sembrar un millar de cerezos y Suiza ha ofrecido crear un jardín en forma de reloj e instalar un reloj gigante en una calle céntrica...

La princesa Victoria ha vivido y está viviendo todos estos prolegómenos a la vez que impulsa Suecia y da a conocer los sabores y los aromas de su reino; todos los rincones de un país que nadie tiene que dejar de visitar.

Disfrutando también de todo lo que la rodea. De fácil acomodo, la Princesa se apasiona con cualquier lección que aporte algo más a su ya inmenso currículum... Pero también, con las pequeñas cosas del día a día: sopa de remolacha rusa, bizcocho sin azúcar y hasta de un brindis con Vodka que se lleva a cabo sobre la cubierta del barco de guerra HMS.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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