Los duques de Lugo por las calles de Sevilla, la ciudad en la que se casaron hace siete años y, que se volvió a volcar con ellos con miles de gestos cariñosos, durante esta Semana Santa
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En el palco de la Plaza del Ayuntamiento, la Infanta y su esposo, Jaime de Marichalar, presenciaron el desfile de los 7.200 nazarenos y dieron la señal para la "levantá" del paso de la Virgen de la Dolorosa

29 MARZO 2002
Las cofradías más populares de Sevilla, la Macarena y la Esperanza de Triana, recorrieron las calles más céntricas de la ciudad, junto a la de Los Gitanos, El Silencio y El Calvario y convirtieron con su desfile santo la noche del Jueves, un año más, la noche de Sevilla en la famosa Madrugá
Desfile milimétrico de los nazarenos
La Madrugá comenzó con ese silencio sobrecogedor que llega desde San Antonio Abad, totalmente a oscuras, mientras Avanza la cruz de guía y continuó con el desfile milimétrico de todas las cofradías con sus tallas llevadas a hombros por larguísimos tramos de nazarenos.
Dieron la señal para la levantá
En el Palco del Ayuntamiento, al que habían sido invitados también los alcaldes de La Coruña y el de San Sebastián- hicieron su aparición poco antes de la medianoche los duques de Lugo y dieron éstos la señal para la «levantá» del paso de la hermosísima talla de la Virgen Dolorosa.
La ciudad en la que se casaron hace siete años
El silencio está presente entre la multitud - 7.200 nazarenos, en procesión, bajo una lluvia de pétalos y el canto de las saetas- que inunda la noche de la ciudad. Sevilla, vestida de azahar y andar milimétrico. Y Sevilla a oscuras y llena de dolor. Tan distinta a la que recorrieron hace siete años los duques de Lugo, cuando en la Catedral de Sevilla contrajeron nupcias el 28 de marzo de 1995.
No obstante, después de presenciar con gesto de dolor y sufrimiento, el paso de las procesiones, los duques se encontraron con los mismos gestos de cariño y ternura. Especialmente los demostrados hoy Viernes Santo, a pie de calle, por los miles de sevillanos que como ellos acudieron la Soledad de san Lorenzo para ver llegar “a una madre”, La Virgen rota por el dolor.
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