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21 DICIEMBRE 2000
Con la abdicación de su padre, el duque de Nassau, después de haber reinado éste durante 35 años, el gran duque Enrique se convirtió, a sus 45 años, en el jefe de Estado más joven de la Unión Europea y en el primer miembro de una Familia Real, nacido después de la II Guerra Mundial, que llega al Trono. También, en el primero en ser coronado en el nuevo milenio.
La Europa de las diez monarquías tenía nuevos Reyes. Rompiendo con la tradicional frase: “El Rey ha muerto… Viva el Rey”, Enrique juró como soberano en presencia de sus cinco hijos y de la familia más allegada y la Gran Duquesa, para honrar la memoria de su nombre y de sus antepasados, firmó en español con el nombre de María Teresa, en lugar de Marie Therese.
Vivió en Santander durante una época
La nueva Reina de Luxemburgo nació, en marzo de 1956, en La Habana y emigró a Nueva York con su familia –su padre, el banquero José A. Mestre, su madre, Teresa Bastilla, y tres hermanos–, cuando tan sólo era una niña, tras la subida de Fidel Castro al poder.
A los seis años, llegó a Europa… Vivió en Santander durante un corto periodo de tiempo y, después, se instaló definitivamente, en Ginebra. Destacó durante su adolescencia en ballet, canto y guitarra –es aficionada, también, a los deportes náuticos, al esquí y al patinaje– y se licenció por la Universidad de Ginebra en Ciencias Políticas, en 1980.
Siendo tan sólo una joven universitaria, conoció al hombre con el que acabaría casándose años después. María Teresa, entonces, no sabía quién era él ni tampoco que, la ausencia de sangre real en sus venas, le llevaría a enfrentarse con su familia política.
Un hada buena y cariñosa
El amor venció las reticencias de la gran duquesa Carlota, su suegra. Enrique de Luxemburgo y María Teresa fijaron la fecha de su boda para el día de los enamorados de 1981. En la actualidad, María Teresa, con 44 años, y Enrique, con 45, tienen cinco hijos: Guillermo, de 19; Félix de 16; Luis Javier, de 14; Alejandra, 9 y Sebastián, de 8.
Que la Gran Duquesa sea de origen extranjero o no pertenezca a una Familia Real no les importa, en absoluto, a los habitantes de Luxemburgo. País en el que, un 37% de la población, está constituida por emigrantes. Es más, son ellos mismos los que hablan de María Teresa como de un hada buena y cariñosa, siempre dispuesta a defender a los más necesitados o indefensos. De todos es conocido, de hecho, que es embajadora de buena voluntad de la Unesco, presidenta de honor de la Fundación de Investigación sobre el sida, que apadrina un orfanato en Bielorrusia, o que ha viajado a Bosnia, Nepal y Bangladesh para ayudar a los niños…
La Gran Duquesa afirma que la sangre latina corre por sus venas, que hay mucho de cubana en su interior y que ella es “una joven que vino de una isla muy lejana”… Para probarlo, en su última visita a Miami –ciudad en la que reposan los restos de sus padres y en la que, todavía, vive un hermano–, María Teresa compró música cubana y cenó en el conocido restaurante Versailles, de la tradicional calle Ocho.
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