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10 OCTUBRE 2000
El gran duque Enrique se ha convertido, a sus 45 años, en el jefe de Estado más joven de la Unión Europea y en el primer miembro de una familia real, nacido después de la II Guerra Mundial, que llega al trono. También, en el primero que es coronado en el nuevo milenio.
En vísperas de su toma de posesión, Enrique de Luxemburgo le confesaba a la revista ¡HOLA!: "La monarquía es un símbolo de estabilidad y perennidad en un mundo que no deja de moverse… nunca se está totalmente preparado pues, en este mundo, no existe la perfección… A través de mis estudios y del servicio militar he podido adquirir una cierta experiencia de lo que debe ser un Jefe de Estado… Luxemburgo –el país que tiene la renta per cápita más alta de Europa– es un cruce de caminos, a la vez que el punto de encuentro entre el espíritu latino y el espíritu germánico".
Los estudios del nuevo Gran Duque
Por otra parte, y refiriéndose a la Europa de mañana que tendrá un poder supranacional, manifestó: "Mayoritarias en la Europa de los quince, las monarquías son, a la vez, símbolos de unidad nacional y garantías para la integración".
Tenía sólo nueve años cuando su padre empezó a ejercer como soberano –después de la abdicación de la madre de éste, la gran duquesa Carlota I– y estaba internado en un colegio francés… Después, previendo el hecho de que un día sería el Gran Duque de Luxemburgo, ingresó en la Academia Militar de Sandhurst y estudió Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de Ginebra, la misma carrera que cursara su padre en Quebec, Canadá.
El gran duque Enrique es, además, un políglota que habla francés, inglés, alemán y luxemburgués. También, un gran deportista aficionado a la natación, el tenis y la vela.
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