En el corazón de la provincia de Zaragoza se encuentra uno de los conjuntos medievales más impresionantes de España, guardado por un poderoso muro jalonado de torres preparadas para defender sus tres fortalezas y sus casi 2.000 habitantes. Pero lo cierto es que ahora no existe temor alguno, solo el rastro del que hubo en una época en la que fue un emporio comercial y político de primer orden en la Corona de Aragón.
Una historia de fortaleza y libertad
Daroca sigue siendo un paréntesis en el tiempo. La primera visión desde la carretera es la de una cinta de murallas que asciende por las laderas de dos cerros, cosiendo los flancos de un valle estrecho y encajonando entre sus lienzos de piedra un casco urbano de callejuelas medievales, torres, iglesias y casonas de sillería. Restos de muros celtibéricos y un tramo de calzada romana han aparecido en pleno corazón de la ciudad, pero fue la época islámica la que le dio a Daroca su peso político y urbano, convirtiéndose en una de las medinas más importantes del norte de Al-Ándalus en el siglo IX.
Hasta el Cid hizo su aparición por estos lares, sometiendo la ciudad a parias y recuperándose en ella de una larga enfermedad, un episodio que el Camino del Cid, que atraviesa Daroca, recoge en su trazado por estas tierras. Conquistada finalmente en junio de 1120 por el rey Alfonso I de Aragón y dotada de un fuero de repoblación unos años después, algo que en la Europa feudal del momento era toda una rareza.
Esto atrajo a personas de Castilla, Navarra, Cataluña e incluso Francia, haciendo crecer la villa con nuevos barrios. El comercio iba tan bien que las ferias llegaron a sumar hasta 78 días festivos al año en los siglos XVI y XVII. La ciudad no solo fue sede en varias ocasiones de las Cortes del Reino, sino que su situación fronteriza también le dio un papel en guerras como la que enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón en el siglo XIV, en la que los darocenses fueron los únicos aragoneses que consiguieron rechazar el ejército castellano.
Una muralla que engloba un tesoro
La seña de identidad más visible e impactante de Daroca es su muralla. Construida a lo largo de más de tres siglos (del IX al XVI), en su periodo máximo de esplendor contaba con cuatro kilómetros de longitud, 116 torreones —con nombres de lo más variopinto—, tres castillos y cinco puertas, lo que sitúa a este como uno de los tres recintos amurallados más extensos de España junto a los de Lugo y Ávila. El núcleo más antiguo es el del Castillo Mayor, construido en el siglo XI en la cima del cerro que domina la ciudad. Tras la reconquista, fue ampliado para unir ese castillo a los de San Cristóbal y San Jorge, en los otros dos promontorios que flanquean el valle.
La muralla, que revela en la variedad de sus materiales su construcción en el tiempo, se puede conocer con una ruta señalizada que permite recorrer el perímetro exterior e interior, ascendiendo a la fortaleza más alta para valorar la panorámica de la ciudad y el valle. Descendiendo, espera una ciudad que albergó durante la Edad Media tres comunidades religiosas distintas —cristiana, musulmana y judía— que se organizaban por separado. En su época de máximo esplendor, Daroca llegó a contar con 20 iglesias, seis conventos y varias decenas de casas palaciegas, aunque hoy solo se conserva la mitad de ese patrimonio.
Aun así, la ciudad goza de uno de los conjuntos monumentales medievales más densos y variados de Aragón, con más de 200 edificios históricos catalogados en los que puede rastrearse toda la evolución del arte cristiano medieval, del románico al barroco, pasando por el gótico, el mudéjar y el Renacimiento. El pueblo se organiza en torno a la calle Mayor, de más de seiscientos metros de longitud y ocho de anchura, una de las arterias medievales más amplias y mejor conservadas de Aragón, que conecta las dos puertas monumentales de la muralla.
La reliquia que cambió la historia católica
Desde esa misma calle principal se accede a la Plaza de España, donde se alza la Basílica de Santa María de los Sagrados Corporales, cuyos orígenes se remontan al siglo XII, y no le faltan detalles interesantes: su ábside románico, la antigua Puerta del Perdón, de los siglos XIV y XV; el retablo jubé del siglo XV y un órgano de los siglos XV y XVI. Además del conjunto barroco del altar mayor, del siglo XVII, se suma a la reliquia que custodia y que guarda una gran historia.
El milagro de los Corporales es el hecho histórico más trascendente de la ciudad. El 23 de febrero de 1239, en las inmediaciones del castillo de Chío, las tropas cristianas de Daroca, Teruel y Calatayud se disponían a atacar la posición musulmana cuando un capellán celebraba misa y consagraba seis formas destinadas a la comunión de los seis capitanes de los tercios. Un ataque por sorpresa le obligó a interrumpir la ceremonia y ocultar las hostias consagradas envueltas en un corporal bajo unas piedras para evitar la profanación.
Al recuperarlas, estaban empapadas de sangre y pegadas al paño, algo interpretado inmediatamente como un milagro eucarístico. Para decidir qué ciudad custodiaba la reliquia, cargaron el corporal en una mula y dejaron que ella se dirigiera donde quisiera, cayendo muerta a los pies de Daroca. Más tarde, una comisión de representantes viajó a Roma para informar al Papa Urbano IV, que instituyó en 1264 la festividad del Corpus Christi, siendo Daroca, según la tradición, la primera población española en celebrar una fiesta pública en honor al Santísimo Sacramento.
Completando el paseo entre música y arte
Siguiendo el paseo por la localidad, el visitante no tardará en encontrarse con otros lugares monumentales, como la Iglesia de San Miguel Arcángel, de los siglos XII y XIII, que conserva un ciclo de pinturas murales góticas consideradas entre las más valiosas del románico aragonés. Las iglesias de San Juan y Santo Domingo de Silos también presentan una interesante combinación de románico y mudéjar, especialmente en sus torres y ábsides. Tanto la primera como la tercera iglesia mencionada son escenario de conciertos nocturnos durante una semana de agosto en el Festival Internacional de Música Antigua de Daroca, aunque toda la ciudad vive la música con ensayos y clases magistrales en cualquier rincón del casco histórico.
Entre los edificios civiles, el Palacio de los Luna (siglo XV) es el ejemplo más destacado de la arquitectura gótica civil de la ciudad, y en su fachada pueden apreciarse detalles de decoración mudéjar. También merecen la atención la antigua Casa de Canónigos, el Palacio de Gil Bernabé y el antiguo Hospital de Santo Domingo (siglo XV), hoy sede del Museo de Arte e Historia de Daroca, con colecciones de arqueología desde el Paleolítico hasta la Edad Media, además de un notable fondo de arte medieval. Completa la oferta museística de la ciudad el singular Museo de la Pastelería, que rescata y divulga la tradición dulcera de Daroca, históricamente ligada a la prolífica actividad conventual y a las ferias comerciales.
La Laguna de Gallocanta, el humedal mejor conservado de Europa occidental
A unos 30 km de la localidad, ya en el altiplano que comparten las comarcas del Campo de Daroca y el Jiloca, se extiende uno de los ecosistemas más singulares y emocionalmente poderosos de Europa. La Laguna de Gallocanta es el mayor humedal salino de la península y el mejor conservado de Europa occidental. Declarada Reserva Natural, sus dimensiones, de 7,5 km de largo y 2,5 km de ancho, concentran sales minerales que crean condiciones únicas.
El gran espectáculo que convoca a miles de visitantes durante varios meses es la migración de las grullas comunes, que utilizan la laguna como descanso en su viaje entre el norte de Europa y sus zonas de invernación. El centro de interpretación de la laguna ofrece una exposición y visitas guiadas para descubrir las aves y otros animales que conviven en este ecosistema. Una ruta circular de aproximadamente 30 km conecta todos los miradores y atraviesa también los pequeños pueblos del entorno para contemplar un viaje maravilloso.











