Úrsula Perona, psicóloga: "La mente y los sentidos de los niños con alta sensibilidad funcionan sin parar; son muy fuertes para no colapsar ante tanto estímulo"


Ser altamente sensible es una forma distinta de procesar la información que te llega y, por tanto, de estar en el mundo. ¿Cómo son los niños con esta característica? ¿De qué manera les influye a la hora de relacionarse y de ir superando los distintos retos y etapas vitales?


Úrsula Perona, psicóloga© Úrsula Perona
25 de octubre de 2026 a las 18:02 CET

Úrsula Perona sabe muy bien de lo que habla cuando desgrana la alta sensibilidad, y no solo porque sea una de las psicólogas referente en estos rasgos, sino porque ella misma, como cuenta en su último libro, es PAS (persona con alta sensibilidad). En Los dones de los niños altamente sensibles (Ed. Zenith) aborda lo que significa para el niño, el adolescente y para sus padres que la alta sensibilidad se siente a la mesa familiar, como uno más, cada día.

En su planteamiento, en el que no romantiza los problemas que pueden surgir, se avanza hacia la comprensión de cómo funciona el cerebro y las emociones de estos niños NAS (niños altamente sensibles) para que sus progenitores o sus adultos de referencia se conviertan en el entorno seguro en el que todas las ventajas de la alta sensibilidad puedan llegar a florecer. Hemos charlado con ella.

Aunque cometamos errores, debemos intentar hacerlo lo mejor posible: formándome, aprendiendo, leyendo o buscando un psicólogo que me explique lo que está pasando con mi hijo o cómo le puedo ayudar

Úrsula Perona, psicóloga infantil

Una de las primeras dificultades con las que se encuentran los padres que advierten esas características diferenciales de la alta sensibilidad en su hijo, es que dependiendo del profesional al que vayan pueden tener incluso otro diagnóstico, como TEA o TDAH, como comentas en el libro, teniendo en cuenta, además, que hay muchos profesionales de la psicología que no aceptan la alta sensibilidad como un criterio definitorio...

Hay mucha desinformación con este tema todavía. La alta sensibilidad no es ningún trastorno psicológico, por lo tanto no lo vas a encontrar en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Se trata de un conjunto de rasgos que definen una personalidad y una forma de desenvolverse en el mundo diferente al resto de la población.

En la controversia que hay sobre la alta sensibilidad hay sobre todo desinformación, porque es un término relativamente joven, pero que se está estudiando en más de 100 universidades alrededor del mundo. No es algo que alguien se ha inventado. Además, hay una evidencia científica, sobre todo a través de la neuroimagen, de la neurociencia, que lo avala. Y no se está estudiando solo en personas, se está estudiando en animales, porque la alta sensibilidad también aparece en ellos.

Hay que ser prudentes con los diagnósticos. Si hay un TEA, hay un TEA. Y no pasa nada, hay que diagnosticarlo y abordarlo, pero no precipitarse. Porque a edades tempranas hay una gran variabilidad en el tiempo, y lo que hoy ves muy llamativo en un niño o te parece un rasgo muy sobresaliente, a lo mejor a los seis meses desaparece completamente. Y, de hecho, hay veces que después de unos años se tienen que retirar algunos diagnósticos de TEA porque ya no aparecen esos síntomas; entonces prudencia, porque es importante.

Libro Los dones de los niños altamente sensibles© Ed. Zenith

Es importante que el niño sea catalogado como tal si realmente tiene alta sensibilidad, puesto que saberlo le ayuda a entender muchas cosas, a entenderse a él mismo y ayuda a la familia. Pero ¿a qué profesional acudes con este panorama cuando incluso algunos psicólogos niegan su existencia?

Si tienes un problema de salud determinado, ¿a quién buscas? Pues a una persona experta en eso en concreto. Hay que buscar un profesional especialista en el tema, porque al final la psicología es tremendamente amplia y no todos son expertos en todo. Pero no por colocar una etiqueta al niño, sino por comprender, por ver bien, por saber, por hacer atribuciones correctas a los comportamientos del niño o a las situaciones que nos están provocando dudas o nos están generando malestar muchas veces en la crianza o agotamiento.

Porque cuando tú entiendes lo que está pasando y entiendes cómo funciona su mente y cómo funciona su sistema nervioso, ves las cosas desde otro prisma. Esto da tranquilidad a los padres, les da sensación de control y de poder darle lo que su hijo necesita, que es lo más importante.

En la mayoría de los casos, los niños con alta sensibilidad tienen padres, o alguno de ellos, con alta sensibilidad también. Esto puede suponer una ventaja en el sentido de que entiendes las necesidades de tu hijo, pero ¿es una desventaja cuando tu hijo necesita regularse a través de ti y por tu alta sensibilidad tú también estás sobrepasado?

Lo que he observado es que ambas cosas, que el papá o la mamá sea PAS, o que sean no PAS, tienen ventajas y desventajas.

Si no es PAS, probablemente el niño va a tener la desventaja de que muchas veces se sienta invalidado, de que hay una distancia de lo que está sintiendo o que no se le acompaña de la manera que necesita. Pero por la parte buena, se va a encontrar en que no se le va a dar una excesiva importancia a ciertas cosas, que no se va a dramatizar, y que se equilibra esa tendencia, de modo que se puede decir "hasta aquí" o distraer al niño o hacer otras cosas con menos carga emocional.

Si es PAS, va a tener la parte buena de que, por supuesto, el niño se va a sentir totalmente comprendido, validado, de que de manera intuitiva la persona, porque ya lo ha vivido, va a saber qué necesita ese niño en ese momento. Y la parte mala es la tendencia a vivir una crianza desde la angustia, el perfeccionismo, la autoexigencia y la sobreprotección, que son características de los PAS.

Niña pequeña de la mano de su madres en una puesta de sol© Getty Images

La alta sensibilidad y la alta capacidad suelen estar ligadas. ¿Hasta qué punto una lleva a la otra? ¿Aconsejas hacer evaluaciones de ambas cuando se descubre una de las dos condiciones?

Hay muy poca evidencia científica, se estudia muy poco esa relación. Pero de manera clínica, que es lo que me pasa a mí, a raíz de lo que yo veo en la práctica diaria, para mí existe una relación directa. Yo, personalmente, no conozco a ningún niño, adolescente o adulto PAS que no tenga una inteligencia por encima de la media o una alta capacidad.

Yo haría evaluaciones en las dos direcciones, porque muchas veces se detecta la alta capacidad y no la alta sensibilidad. Tienes claro que es un niño altamente sensible, pero no sabemos que hay una alta capacidad. Lo mismo, la alta capacidad tiene sus particularidades, que sumadas a una alta sensibilidad todavía se acentúan más. Necesitan, por ejemplo, ciertas adaptaciones o flexibilizaciones académicas, cosas que le ayudan a estar mejor. Si se desconoce, no se le puede dar, no se le puede proporcionar. Entonces, si hay una alta sensibilidad, una alta capacidad, exploraría en las dos direcciones.

El niño pequeño en etapa preescolar y los primeros años de la etapa escolar va a manifestar todo ese desbordamiento, esa sobrecarga, a través de 'malas conductas': llega a casa agotado, pasa la tarde fatal, con rabietas...

Úrsula Perona, psicóloga infantil

El libro comenta que algunos niños con alta sensibilidad son juzgados como quisquillosos, maniáticos, caprichosos, porque por ejemplo no toleran ciertos tejidos, las etiquetas de la ropa, o puede ser que el ruido del comedor escolar les abrume. ¿Deberían los padres evitarles estas exposiciones cuando los hijos son pequeños y no son capaces de integrarlas?

En el caso de la ropa es más fácil: se corta la etiqueta y ya está. En otros casos como el comedor escolar es casi la pregunta del millón. ¿Cómo encuentro el equilibrio entre proporcionar un entorno en el que mi hijo pueda estar cómodo, pueda estar bien y no se sienta desbordado? ¿Y cómo le voy preparando, cómo le ayudo a desarrollar esa tolerancia o esas habilidades que va a necesitar? Es un equilibrio súperdificil. Y yo te diría que depende de varios factores.

En primer lugar, de la importancia que tenga el hecho en sí. Por ejemplo, si solo se ponen los calcetines de una determinada marca porque son los que le resultan más suaves, ¿qué importancia tiene eso? Vamos a elegir las batallas, porque hay muchas con un niño altamente sensible. A lo mejor no tiene por qué aprender a tolerarlo nunca. Puede elegir sus calcetines, no tiene más importancia.

El ruido, por ejemplo, en el comedor, el bullicio... va a depender de muchas cosas, del momento evolutivo. El cerebro está madurando y con la madurez va a desarrollar una serie de habilidades que le permiten que lo que hoy no puede tolerar ni abordar, dentro de un tiempo le va a ser muchísimo más fácil porque el cerebro es mucho más maduro.

Hay que ir valorando y viendo poco a poco. Porque el niño pequeño en etapa preescolar y los primeros años de la etapa escolar va a manifestar todo ese desbordamiento, esa sobrecarga, a través de 'malas conductas': llega a casa agotado, pasa la tarde fatal, con rabietas... Son conductas disruptivas de un niño agotado, un niño pasado de rosca, un niño sobreestimulado.

Eso con tres años no es lo mismo que con seis o con diez. Entonces hay que coger un poco de perspectiva y decir, bueno, 'ahora mismo quizá con dos años no es necesario que se quede al comedor y con ocho, pues sí, porque logísticamente en la casa es necesario, porque tiene que aprender a convivir en entornos ruidosos, porque le aporta estar con los compañeritos'. No son decisiones fáciles, pero teniendo un poco de perspectiva yo creo que se puede encontrar esa posición gradual a las situaciones que le desestabilizan.

Padre con su hijo de alta sensibilidad en brazos © Getty Images

Indicas en el libro que son los padres los mejores aliados para proporcionar a sus hijos esos espacios para huir de la saturación, esas pausas de soledad que pueden necesitar cuando son altamente sensibles en cumpleaños, reuniones familiares...

Totalmente. Cuando los padres conocemos bien a nuestros hijos sabemos perfectamente qué necesitan. Otra cosa es que seamos conscientes o no, pero esas situaciones de sobrecarga de ruidos con mucha gente sabemos cómo van a acabar. Decirle 'vamos a tomar un poco el fresco fuera, o bebemos un poco de agua' y sacarlo de la situación por unos minutos, supone que su sistema nervioso se relaja y tiene la pausa que necesita. Es importante hacerlo antes de que explote para que se vaya regulando poco a poco.

Ese procesamiento más profundo del mundo que les rodea, el llegar a tanta sutileza, muchas veces los aleja de los intereses de otros niños de su edad. Tú hablas en el libro del tema artístico y cultural. ¿Es conveniente ofrecerles esta vía para que puedan expresar todo ese mundo interior tan rico que suelen tener?

Me parece muy interesante porque, además, cualquier expresión artística canaliza muy bien las emociones. Cuando el niño tiene la oportunidad desde pequeño de que se le ofrezcan espacios para pintar de manera libre, para hacer manualidades, para expresarse en la manera que necesite, de manera natural, estamos ayudando a que se desarrolle esa habilidad y le va a ayudar muchísimo.

Escribir, animarle a llevar un diario con las cosas que le pasan... Eso va a cumplir una función emocional. Lo veo en la consulta: a lo mejor verbalmente no te cuentan nada, los pones a dibujar o a escribir y se abren y sueltan un montón de cosas.

Si tú eres capaz de que tu hijo tenga ese recurso para siempre, imagínate qué regalo más bueno. Tenemos que facilitarlo porque si no, al niño a lo mejor ni se le ocurre decir, 'mamá, cómprame pinturas y un caballete' . Tenemos que darle la posibilidad, que en algunos casos le gustará y se sentirá cómodo y en otros tal vez no. Pero por lo menos que tenga esa opción.

Adolescente pintando al óleo© Getty Images

Explicas que suelen ser niños y adolescentes que necesitan o que tienen menos amigos, pero entienden esa amistad desde la profundidad con la que viven en el mundo. ¿Son niños con más riesgo de sufrir acoso escolar precisamente porque son muy distintos al resto?

Esa profundidad una de las cosas que conlleva es que analicen más a nivel abstracto, lo que se llama el pensamiento abstracto, valores, sistemas de creencias, a edades en que a lo mejor otros niños están todavía más en lo concreto. Y esto les puede apartar un poco del grupo. Luego están los intereses: un niño que lee, un niño que reflexiona sobre ciertos temas, a lo mejor a otros no les interesa lo mismo.

En mi práctica clínica, sobre todo en la adolescencia, en la que si no eres muy normativo, pueden haber rechazo, o pueden hacerte el vacío, hay casos de acoso escolar. La clave ahí, por lo menos lo que yo más trabajo con esos niños, es la autoestima, que es la base de todo.

Y en tener una autoestima sólida, el papel de los padres es muy importante: esa incondicionalidad, esa aceptación, esa validación, ese mensaje de que estás bien como eres, que no tienes que parecerte a nadie ni cambiar nada... Hay que transmitir ese sentimiento de valía, ese sentimiento de autenticidad, de ser auténtico, de ser tú mismo, pese a que en ciertos momentos va a ser difícil. Porque sabes que en la adolescencia lo que se tiende es a lo opuesto.

Son superempáticos y tienden a poner siempre a los demás delante de ellos, a desocuparse de sí mismos un poco u olvidarse. Eso es una de las cosas que hay que ir reconduciendo

Úrsula Perona, psicóloga infantil

Darte cuenta, gracias a la alta sensibilidad, de tantos matices de lo que te rodea es muy enriquecedor, pero también, como reflejas en el libro, te mantienen hipervigilante y eso es un caldo de cultivo para la ansiedad. ¿Puede reducirse esa tendencia a la ansiedad en estos menores?

Sí que hay una tendencia y un riesgo mayor que las personas que no son PAS a desarrollar ansiedad y depresión. Y viendo las características que tienen estos niños, estos adolescentes o estos adultos, no es difícil de entender. Tienen incluso niveles de cortisol más elevados, siempre hay un punto de estrés porque su cerebro no filtra la información que proviene del exterior.

Imagínate que estás en una situación social, una mirada de no sé quién, un gesto que ha hecho el otro cuando has dicho un comentario. Hay personas para las que todo eso pasa totalmente desapercibido y están centrados en lo que está diciendo en ese momento una persona, y el PAS está recibiendo toda esa información sin filtro. Ese sistema sensorial está funcionando sin parar. Entonces, ¿qué pasa? Que como tampoco olvidan nada pues su memoria es brutal, la capacidad de análisis y de relacionar información actual con información pasada está todo el rato activa.

Por eso se dice que son muy intuitivos. Al final, la intuición es la capacidad de predecir o de anticiparte a situaciones porque has hecho un análisis profundo previo, porque tienes en la memoria guardada muchas ideas de las previas que has vivido o que te han contado o que has leído. Es como un ordenador trabajando sin descanso a máxima potencia todo el tiempo.

Niño mirando por la ventana muy concentrado© Getty Images/Westend61

Tampoco ayudan otras características de la alta sensibilidad como el perfeccionismo, la autoexigencia o la rumiación. Al final es como un cóctel molotov... Es muy rico porque el niño se da cuenta de detalles que nadie percibe y vive todo con mucha intensidad, pero ¿de algún modo lo fragiliza?

Estás más expuesto, creo que hay más sufrimiento, pero no hay más fragilidad. Y esto es una cosa importante. Al contrario, las personas PAS son muy fuertes, porque imagínate lidiar con todo eso constantemente. La fortaleza y la resiliencia a nivel psicológico que tienen que desarrollar porque si no colapsarías mentalmente...

Son personas muy fuertes. Pero sí es verdad que hay un fondo como de pesadumbre, de decir qué difícil es todo, qué intenso es todo. Y eso crea una tendencia a la melancolía, a la nostalgia. Son rasgos que van a ir de la mano durante toda la vida. ¿Eso quiere decir que necesariamente va a tener esa persona depresión o ansiedad como trastorno? No. Pero forma parte de sus características. Hay una mayor predisposición y esa tendencia. Sin embargo, también eso permite una ternura increíble.

Aparte, son niños hiperempáticos y con un altísimo sentido de la justicia. El problema aquí viene en que se exponen mucho emocionalmente. ¿Desde la familia se les puede enseñar o dirigir un poco para darse, pero con cierta medida, sabiendo que lo que les sale es darse sin medida?

Las personas sensibles suelen encajar muy bien en el rol de cuidador o de salvador. ¿Por qué? Porque si tú eres superempático, lógicamente ahí aparece la comprensión de lo que el otro está viviendo y de la mano de eso, la compasión. Empatía y compasión van muy de la mano. Hasta un punto. Yo a veces les digo: 'el primer trozo de tarta siempre para ti'. Porque es verdad que tienden a poner siempre a los demás delante de ellos, a desocuparse de sí mismos un poco u olvidarse. Eso es una de las cosas que hay que ir reconduciendo.

También les pasa con sus padres. Comentan que no les cuentan cosas a sus padres para no preocuparlos o para que no sufran. Y yo les digo que el papel de los padres cuando han tenido hijos es preocuparse por ellos y cuidarlos, que no pueden quitarles ese derecho. Estas cosas hay que ir reconduciéndolas.

Niña con los ojos cerrados a orillas del mar© Getty Images

El libro concluye hablando de cómo hacer florecer los dones de estos niños con alta sensibilidad. ¿Cuál sería el principal secreto? 

Es un reto: el de conocer bien a nuestros hijos. Da igual que sean PAS o que sean con otro tipo de personalidad. Al final como padres yo creo que lo más importante es conocerles bien, aceptarles como son, incondicionalmente. Y la responsabilidad en la crianza la tenemos nosotros, que somos los padres y somos los adultos. A partir de ahí, pues claro, cada familia es un mundo, cada padre es un mundo, cada niño es diferente; aunque sea dentro de los PAS, hay mucha variabilidad.

Pero la tarea más trascendente que tenemos en la vida es educar a nuestros hijos. Y tenemos una responsabilidad mucho mayor de lo que creemos. Algunos padres son conscientes y otros, mucho menos. Todos vamos a cometer errores en la crianza, eso es inevitable, todos vamos a dejar algún tipo de herida o vamos a dejar alguna carencia, porque no somos perfectos. Partiendo de ahí, vamos a intentar hacerlo lo mejor posible. O sea, me voy a tomar la molestia de formarme, de aprender, de leer o de buscar un psicólogo que me explique lo que me está pasando con mi hijo o cómo le puedo ayudar.