El mundo de la cultura y el séptimo arte se viste de luto para despedir a uno de sus grandes referentes. El aclamado cineasta José Luis García Sánchez ha fallecido este domingo a los 85 años en Madrid. Ganador del prestigioso Oso de Oro en Berlín por Las truchas y poseedor de dos premios Goya por los guiones de Belle Époque y Tirano Banderas, el salmantino deja tras de sí un legado imborrable. Sin embargo, más allá de sus incontables reconocimientos, si algo ha quedado patente en las últimas horas es la profunda huella humana que ha dejado entre quienes tuvieron el privilegio de conocerle.
La Academia del Cine no ha tardado en ensalzar su figura, definiéndolo con acierto como un auténtico "cronista de su tiempo". La institución ha querido destacar la humildad que siempre le caracterizó, recordando que el propio director aseguraba que buena parte de su éxito se lo debía a la suerte de haberse cruzado en su camino con "magníficos profesionales y magníficos amigos".
El emocionado recuerdo de Antonio Banderas
Las reacciones a su partida han sido unánimes, pero entre todas ellas destaca el sentido y conmovedor mensaje que le ha dedicado Antonio Banderas. El actor malagueño ha querido rendir tributo al hombre que le guio en La corte de Faraón, regalándonos unas palabras llenas de gratitud y nostalgia: "Un recuerdo emocionado para José Luis García Sánchez. Él fue quien me dio la oportunidad de trabajar con un grupo de actores que forman parte de la mitología del cine y el teatro español".
Banderas no ha querido dejar de nombrar a aquel elenco irrepetible, para terminar su homenaje con un mensaje directo al corazón del maestro: "Mil gracias por darme la oportunidad de trabajar contigo y con esa generación de magníficos, y por darle tanto al cine español. Descansa en paz".
Un genio del humor y "voracidad de amistad"
Y es que rodar con él era, en palabras de sus grandes amigos, sinónimo de aprender y disfrutar. Su propia familia daba fe de su magnético carácter. Como revelaba su hijo, el también director Víctor García León, su padre poseía "una voracidad de amistad. Incluso con los que le caían mal, hacía por que le cayeran bien para trabajar con ellos".
El humor fue su gran seña de identidad. La Academia rememora cómo bromeaba sobre su paso por la Escuela de Cine, una época "donde no existía la censura y la matrícula costaba 148 pesetas". Esa misma brillantez mental relucía siempre en sus entrevistas. Inolvidable es su respuesta al cineasta Fernando Méndez-Leite cuando, en su última aparición pública en La memoria del cine, este le preguntó: "¿Piensas en la muerte?". Con su habitual genialidad, García Sánchez respondió: "Yo no, pero ella sí piensa en mí".









