La pandemia por coronavirus fue un punto de inflexión muy destacado para el neurodesarrollo de muchos niños. Algunos estudios españoles han destacado cómo los diagnósticos de retraso aislado del lenguaje se duplicaron en el periodo inmediatamente posterior a los confinamientos (entre 2020 y 2022). De hecho, el 62,9% de las derivaciones a consultas especializadas o unidades de Atención Temprana fueron por esta causa. En este sentido, los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra (CUN) exponen cómo, aunque antes de este periodo ya se venía observando un aumento paulatino en la prevalencia de trastornos del desarrollo, "la pandemia actuó como un catalizador crítico".
En la actualidad, y lejos ya de ese momento de emergencia sanitaria, los especialistas siguen advirtiendo un retraso en el establecimiento de algunos hábitos en el niño, lo que puede relacionarse con la resistencia de los padres a permitir que sus hijos sufran o se equivoquen. "Observamos un aumento de menores sobreprotegidos en sus actividades, pero desatendidos en la intimidad del núcleo familiar, precisamente por esa sobreprotección y el abuso de pantallas. Esto conlleva una alteración de estos hitos y contribuye al incremento del retraso madurativo global y del lenguaje", alerta la Dra. Belén Borrell, pediatra de la CUN.
Los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra constatan un aumento en la demanda de programas de Atención Temprana, con un inicio más tardío del habla y de aprendizajes como la retirada del pañal, del chupete o del biberón. Para profundizar en todo ello, hemos hablado con el Dr. José Manuel Moreno, codirector del Departamento de Pediatría de la CUN.
Observamos un aumento de menores sobreprotegidos en sus actividades, pero desatendidos en la intimidad del núcleo familiar, precisamente por la sobreprotección y el abuso de pantallas
Indican que ahora hay más casos de retraso madurativo en los niños, especialmente en lo que se refiere al lenguaje, por una menor relación con el entorno y una exposición excesiva a pantallas. ¿Son problemas reversibles cuando cambian las circunstancias del menor?
Sí. En muchos casos existe una mejoría importante e incluso una normalización del desarrollo, especialmente cuando el retraso está más relacionado con factores ambientales, como escasa interacción verbal, poca estimulación, exceso de pantallas o dificultades sociales o educativas, y para tratarlo se consigue intervenir de forma precoz. Sin embargo, la respuesta no es la misma para todos los niños. Un estudio reciente muestra que no solo influye el tiempo que los niños pasan ante una pantalla sino también el tiempo en el que sus padres están ante ellas y, por lo tanto, no prestando a sus hijos una atención directa.
Muchos niños con retrasos leves o moderados y más relacionados con factores ambientales experimentan una recuperación rápida cuando aumenta la interacción verbal y social. En algunos casos, en un período de 6 a 12 meses pueden observarse progresos muy importantes e incluso una equiparación con sus compañeros.
Observan que los menores se inician en el habla más tarde que hace unos años. ¿En cuánto tiempo puede cuantificarse ese retraso? ¿Afecta solo al inicio o a otros factores como la riqueza de vocabulario, la comprensión y la expresión?
La mayoría de los datos que manejamos son observacionales y no permiten demostrar las causas con absoluta certeza, ni cuantificar el tiempo de retraso. Como estimación práctica –lo que se ve en la consulta– se observa un retraso de entre 6 y 12 meses en niños menores de 3 años.
Lo que sí sabemos es que varios estudios poblacionales han encontrado una relación dosis-respuesta entre tiempo de pantalla y peores resultados lingüísticos. Una investigación reciente encontró que la mayoría de los estudios asocian una mayor exposición a pantallas en los primeros años de vida con peores resultados en vocabulario, lenguaje expresivo y lenguaje receptivo. El riesgo parece ser mayor cuando las pantallas sustituyen la interacción con adultos y otros niños, mientras que la lectura compartida y la conversación familiar se asocian con mejores resultados lingüísticos.
Esta situación no sólo afecta al momento de la aparición del lenguaje: cuando los pequeños utilizan pantallas disminuye el número de palabras escuchadas, las vocalizaciones del niño y las conversaciones bidireccionales con los cuidadores.
También comentan que la retirada del pañal, el chupete o el biberón se hace ahora más tarde. ¿Cómo afecta esto al desarrollo del bebé?
En muchos países occidentales la retirada del pañal, el chupete y el biberón se está produciendo más tarde que hace unas décadas, y la repercusión no es la misma en cada caso. Mientras que la retirada del chupete y del biberón están más relacionadas con el desarrollo del área orofacial y, en algunos casos, con deformidades en la disposición de los dientes (por ejemplo, mordida anterior o mordida abierta), en el caso del pañal, la retirada más tardía puede afectar más al desarrollo de la autonomía del niño.
En el caso del pañal si se pierde el momento crítico para la adquisición de este hito del desarrollo (antes de los 3 años) es más frecuente la persistencia de los escapes nocturnos (enuresis) en edades tardías, y que pueden influir en el desarrollo de la autoestima.
“Observamos un aumento de menores sobreprotegidos en sus actividades, pero desatendidos en la intimidad del núcleo familiar", señalan. ¿Hay una familia tipo en que pueda observarse esto o es generalizado?
No parece existir una familia tipo, sino una tendencia que puede observarse en entornos muy diversos. Sin embargo, es más habitual en padres que tienen su primer hijo con edades avanzadas, en familias con solo un hijo o en padres con gran exigencia laboral y elevada ansiedad parental (excesivo control sobre la seguridad física, escasa autonomía para jugar, explorar o asumir pequeños riesgos o en intervención constante en conflictos o frustraciones).
Muchos expertos describen una paradoja creciente: la de niños muy protegidos frente a riesgos externos y con agendas llenas de actividades, pero con menos oportunidades de conversación espontánea, juego libre y convivencia cotidiana en el núcleo familiar.
¿Cómo distinguir cuando estamos ante una sobreprotección y cuándo son cuidados necesarios?
Cuando la crianza se vive con una gran ansiedad, limitando que el niño o la niña vayan alcanzando los hitos del desarrollo que corresponden a su edad o con sus riesgos. Por ejemplo, comenzar a caminar se relaciona para el adulto con una mayor frecuencia de caídas, o la introducción de alimentos de mayor consistencia en el bebé se puede asociar a episodios de aparente atragantamiento que no son más que la falta de familiaridad con esas texturas más gruesas. Si se afronta así la crianza, es probable que estemos sobreprotegiendo a los niños.
Muchos expertos describen una paradoja creciente: la de niños muy protegidos frente a riesgos externos y con agendas llenas de actividades, pero con menos oportunidades de conversación espontánea, juego libre y convivencia cotidiana en el núcleo familiar
¿Cuáles son las señales de alarma de que el menor presenta un retraso madurativo y no una maduración más lenta?
Esta es una pregunta muy importante. La detección temprana de los verdaderos retrasos del desarrollo se asocia a la posibilidad de intervención y mejores resultados a largo plazo. Cuando a partir de los 2 o 3 años persisten dificultades importantes de comprensión, escaso interés comunicativo, problemas sociales o retrasos en varias áreas del desarrollo, es prudente investigar otras causas además del entorno.
En general, hemos de buscar la valoración de un especialista cuando se afecta más de un hito del desarrollo –no solo el retraso del lenguaje–, como la interacción con el adulto o con otros niños, la incapacidad de entretenerse solo o conductas autolesivas.








