Cada persona es resultado único de su genética, su entorno y la plasticidad de su sistema nervioso. ¿Qué papel juegan los padres en el neurodesarrollo? ¿Cuál debería ser su actitud? La Dra. María José Mas Salguero, neuropediatra, dirige la sección de Neuropediatría del Hospital San Pau y Santa Tecla de Tarragona y ha dedicado su carrera profesional al estudio del sistema nervioso humano desde la concepción hasta la adolescencia.
Acaba de publicar Neuronas en crecimiento (Ed. Vergara), un libro donde da consejos parar acompañar el desarrollo del niño en sus primeros años de vida. Y lo hace aportando información para entender cómo es esa evolución desde la perspectiva del menor, y ofreciendo recursos muy útiles y al alcance de todos para que la presencia de los padres, que es clave, contribuya a crear un entorno sano y adecuado para sus hijos. Hemos charlado con ella.
Los circuitos neuronales se forman de manera biológica o genética, pero hay que ofrecerles un contenido, que depende del entorno, y los principales actores de ese entorno son los padres
Como comentas en el libro, el neurodesarrollo comienza en la tercera semana de gestación, cuando la mujer en la mayoría de las ocasiones no sabe que está embarazada. ¿Cómo favorecer que esa génesis neuronal se produzca de la mejor manera?
En la vida muchas cosas dependen de lo que tú hagas, pero la inmensa mayoría no depende de lo que tú hagas. En el libro no intento alarmar ni culpabilizar a nadie, pero sí es importante saber que las células gestacionales, los gametos, el espermatozoide y el óvulo, son células vivas que tienen que estar sanas.
El hombre cada 72 horas produce nuevos espermatozoides y la mujer nace con todos sus óvulos que están dentro de un cuerpo que tiene que estar sano porque si no los óvulos se estropean. Lo óptimo es intentar planificar tu maternidad y tu paternidad. Un cuerpo sano, con un descanso correcto, con una energía correcta, bien alimentado, es fundamental. Lo que dependa de ti y puedas mejorar, mejóralo.
¿Y lo perjudicial? Pues lo contrario. Que llegues al embarazo, tanto el padre como la madre, en unas condiciones físicas y mentales que no sean buenas. Esto deja huella porque si te alimentas con buenos nutrientes, estás libre de tóxicos de todo tipo, te encuentras tranquila, no estás segregando adrenalina todo el tiempo y no estás tomando medicaciones que no necesitas, el entorno uterino va a tener muchísimas más probabilidades de estar equilibrado, sano y correcto para el crecimiento del embrión que si sucede lo contrario.
Comentas en el libro que hacia la semana 16 de embarazo ya se han generado todas las neuronas que tendremos en la vida, y que solo en el cerebro son 86.000 millones. Luego vendría el proceso de conexión entre esas neuronas, ¿cómo favorecerlo?
El ser humano es probablemente el animal con más capacidad adaptativa de todos, goza de una gran versatilidad. Nacemos con esa condición que es la que nos ha hecho tener tanto éxito evolutivo. En los primeros años de vida se construyen las conexiones básicas, que albergan las funcionalidades propias de la especie humana, que serían la motricidad (lo más llamativo de ella es caminar en dos piernas y hacer la pinza); en la cognición lo más llamativo es el lenguaje, que es el que nos permite sobre todo comunicar nuestras ideas y entender el mundo de la forma más estructurada y flexible; y las interacciones sociales. Si no tienes problemas, si la persona está sana, esas habilidades humanas están.
Pero no podemos forzar más allá de lo que cada uno puede. Es decir, yo por más que me esforzasen y que hubiera empezado a correr con tres años, nunca sería tan rápida como Usain Bolt o Florence Griffith, porque no tengo esa dotación física para conseguir esa velocidad. Ahora, si en el sentido contrario nunca me dejan caminar porque estoy siempre sentado en una silla, pues seguramente no conseguiré una marcha correcta.
Cuando tú estás formando un nuevo circuito, unas nuevas conexiones, para que se formen correctamente necesitas que la genética diga que esta neurona va con esta, pero a la vez que sucede eso, en esas neuronas que se conectan tiene que haber una experiencia que guardar en ese circuito. Es decir, sin la experiencia, aunque se conecten, no vale para nada. Se conectan peor. El circuito se forma de manera biológica o genética, pero hay que ofrecerle un contenido, que depende del entorno y los principales actores de ese entorno son los padres. Esto es lo que sucede entre los 0 y los 6 años; es la edad donde se establecen los fundamentos de lo que vendrá después.
En el libro cuentas cómo desde el nacimiento hasta los tres años el cerebro crece más rápido que en ningún otro momento. Es un periodo clave, y coincide con los años más duros de la crianza, donde los padres suelen estar sobrepasados, aunque insistes en que no hace falta la perfección sino la presencia...
Es muy importante la presencia de los padres, la presencialidad. Es cierto que, sobre todo si es tu primer hijo, tu vida sufre un cambio súper grande y puede ser una etapa muy estresante. En la especie humana, el apoyo de los abuelos o de otros familiares o personas cercanas es muy importante; hay que buscar apoyos, sobre todo cuando los padres se sienten muy agobiados, pues no cabe desentenderse.
En ese crecimiento de los primeros años hay ventanas de aprendizaje. ¿Cómo reconocerlas y aprovecharlas?
Lo que observas por fuera es la conducta resultante de lo que está pasando por dentro. Entonces cuando ves que el niño intenta andar, es el momento de ayudarle a que aprenda a andar. ¿Cómo le ayudas? Pues quitando obstáculos, favoreciendo que se vaya apoyando en cosas, poniendo muebles o estructuras a su altura que le permitan ir poniéndose en pie, sostenerse...
Un niño camina hacia el año, empieza a decir sus primeras palabras hacia el año, y a los dos hace pequeñas frases. Esas son las ventanas de oportunidad del lenguaje y de la marcha, que son las más importantes. A medida que ves que el niño puede hacer una cosa, tu labor es favorecer que la pueda repetir. Lo que no vas a poder hacer en ningún caso es acelerar el desarrollo. Vas a poder reforzarlo, aumentar sus experiencias, eso es positivo, pero sin abrumarlo. Hay que posibilitar que la experiencia llegue en el momento oportuno, que tampoco debe ser ni demasiado deprisa y sin sobreestimulación.
Y si tienes dudas y piensas que algo que no va bien, siempre, desde el principio, consulta al pediatra. Y si sigue habiendo dudas, vuelve a consultar.
Comentas que las nuevas conexiones neuronales que se forman en la corteza cerebral del bebé se nutren de miradas compartidas, de turnos respondidos... hablas de presencialidad una vez más. ¿Qué pasa con las pantallas si hablamos de neurodesarrollo?
Es muy fácil distraerse con una pantalla, también para los adultos. Ahora se habla de que los niños no deben exponerse a pantallas hasta los seis años. ¿Es eso posible? Quizá sí lo es en una élite, pero no para todo el mundo. Hay consejos que no todo el mundo puede cumplir, y dar soluciones sencillas a problemas muy complejos no funciona.
Lo que sí repercute es que la pantalla te absorbe; tú cuando estás con tu hijo tienes que estar presente; lo que daña al niño no es la pantalla en sí, sino que sus padres no estén atentos a él porque están distraídos con la tele, con el WhatsApp, que estés más atento a lo que dice el telediario que a lo que te está contando tu hija. Si eso es así y te cuenta a lo que ha jugado en el patio y tú estás más atenta a tu móvil, claro que le perjudica. Y si encima no le hablas, pues habrá retraso en el lenguaje. Pero no es por la pantalla, es porque no le hablas. La pantalla es un síntoma como otros, pero no es el origen principal.
Das mucha importancia al juego porque insistes en que no es un descanso entre aprendizajes, sino el lugar básico donde esos aprendizajes se interiorizan. Sin embargo, ahora el juego suele estar muy dirigido, también por la presión de las redes sociales sobre la crianza buscando la excelencia...
Uno de los motivos por los que he escrito es este libro es por la proliferación de gurús en las redes sociales que cuentan tonterías, que dan lecciones sobe cómo criar. Yo hablo de consejos, no doy lecciones. Y hablo de consejos en base a todas las crianzas que he visto como médico.
El juego es el niño, la infancia es juego. Su mundo es fantasía. Para él un palo puede ser el manillar de una moto, un teléfono, una espada, una escoba... La realidad de los objetos no está cerrada para él. Para el niño no hay nada cerrado, él juega a ver qué pasa cuando hace una cosa; si no le sale lo vuelve a hacer y no con el objetivo de aprender, sino de pasárselo bien. Por eso el niño pequeño cuando está haciendo algo y se equivoca no lo vive como un fracaso.
La falta de información sobre el neurodesarrollo lleva a preocupaciones innecesarias de los padres y también a ser más vulnerables ante pseudociencias o personas que intentan enriquecerse vendiendo sus cursos, sus remedios...
El éxito en la crianza es que tu hijo se convierta en un adulto independiente. Que haga lo que le parezca mejor. Mucha gente cree que el éxito es que sea Messi, un premio Nobel o presidente de gobierno. Pero no, eso no es el éxito. El éxito es que tú seas independiente, te valgas por ti mismo, siempre que no tengas un problema. Y si tienes un problema, que hagas lo máximo que puedas dentro de tus circunstancias.
La palabra estimulación se suele interpretar mal. Porque estimulación quiere decir proporcionar estímulos, pero no quiere decir que esos estímulos vayan a conseguir lo que yo quiera. La palabra estimulación genera expectativas que no son. Porque tú lo que puedes hacer es acompañar el desarrollo. Pero ni lo puedes acelerar ni puedes aumentar las habilidades de una persona. Si le ayudas a que las practique, las hará mejor, pero hasta su propio límite.
Con respecto las pseudoterapias, hay padres desesperados que acuden a lo que sea y hay muchos indecentes que te intentan vender de todo. Cuando yo empecé en redes sociales, pensaba que lo hacían con buena intención, pero estaban desinformados. A día de hoy, el que hace esto solo quiere ganar dinero.









