Familia

Halle Berry y el precio invisible de las guerras familiares en los niños: "Crecen sintiendo que sus emociones son peligrosas y que querer a alguien puede ser una traición"


Analizamos con una psicóloga cuál es el impacto en los hijos de cruentos conflictos entre padres separados


Halle Berry© Getty Images
18 de octubre de 2026 a las 15:03 CEST

La acusación a la que se enfrenta Halle Berry por parte de su exmarido, Olivier Martinez, es de tal calibre que para muchos resulta difícil de creer, pues habla de una supuesta agresión al hijo que ambos tienen en común, Maceo, de 13 años. La actriz perdió de inmediato la custodia compartida, pero ha podido seguir viendo al menor dentro del horario de visitas establecido por el juez. Las últimas noticias en torno al caso apuntan a que Maceo ha pedido declarar y dar a conocer su versión, según la cual su madre le agarró fuertemente del cuello. 

Sea o no cierto que se produjo esa agresión y más allá de lo que finalmente determinen los jueces, este mediático conflicto vuelve a poner el foco en una realidad mucho más amplia: el coste emocional que las guerras familiares pueden tener para los hijos. Cuando una separación deriva en enfrentamientos prolongados, acusaciones cruzadas o procesos judiciales, los menores suelen convertirse en los grandes damnificados, atrapados entre dos figuras de referencia que esperan su lealtad y comprensión. Para profundizar en las consecuencias psicológicas que una situación así puede tener en niños y adolescentes, hemos hablado con María Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster (www.psicomaster.es), quien nos explica cómo afecta a los menores crecer en medio de una batalla abierta entre sus progenitores.

Los niños son muy sensibles a lo que se espera de ellos, y si perciben que cierta versión agrada a quien les cuida, pueden acabar adoptándola, a veces sin ser plenamente conscientes de que no es exacta.

María Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster

Sin entrar en quién dice la verdad, ¿cuál es el precio invisible de las guerras familiares en los niños? ¿Cómo les afecta emocionalmente?

Lo primero que hay que entender es que para un niño sus padres no son dos personas separadas: son la mitad de sí mismo cada uno. Cuando ve que se atacan, que se acusan o que se hacen daño, lo vive como una guerra que ocurre dentro de él. Por eso lo llamamos "invisible": muchas veces el niño sigue yendo al colegio, sacando sus notas y aparentando normalidad, pero por dentro está en alerta constante.

Lo que vemos en consulta es ansiedad, problemas de sueño, irritabilidad, dolores de tripa o de cabeza sin causa médica, bajadas de rendimiento y, en los más pequeños, a veces regresiones: volver a mojar la cama o a hablar como un bebé. En los adolescentes aparece más rabia, aislamiento o conductas de riesgo. Y hay algo muy frecuente y muy doloroso: la culpa. Muchos niños sienten, aunque nadie se lo diga, que si se portaran mejor o fueran distintos, sus padres no discutirían.

Lo que más daña a un niño no es la separación en sí, sino el conflicto sostenido entre los padres. Hay niños que se adaptan bien a un divorcio y otros que sufren mucho en familias que siguen juntas pero en guerra permanente. Y cuando el conflicto se vuelve público, con juicios, medios de comunicación y opiniones de todo el mundo, el niño pierde además el refugio de la intimidad: su historia familiar deja de ser suya.

¿Es habitual que los niños se pongan del lado de uno de los progenitores una vez que se han separado?

Sí, es bastante habitual, y conviene entenderlo sin dramatizarlo. A veces es una afinidad natural: un niño se siente más cercano a uno de los dos por carácter, por edad o porque es con quien pasa más tiempo. Eso no tiene por qué ser un problema.

Lo preocupante es cuando el niño se posiciona porque siente que no le queda otra opción. Ocurre mucho cuando percibe que uno de los padres está más frágil, más triste o más solo, y entonces se convierte en su protector. Es un papel que no le corresponde, pero que asume desde el amor. También pasa cuando el niño escucha constantemente una sola versión de lo ocurrido. Y en la adolescencia es frecuente que tomen partido de forma muy radical, porque a esa edad se mira el mundo en términos de justo e injusto, de buenos y malos.

¿Cuál es el impacto emocional cuando sienten que, si no se posicionan, ese progenitor se siente traicionado?

Es lo que llamamos conflicto de lealtades, y es de las situaciones más duras que puede vivir un niño. Imagina tener que elegir entre las dos personas que más quieres en el mundo, sabiendo que elijas lo que elijas vas a hacer daño a alguien. No hay salida buena.

Muchos niños aprenden a vivir con una doble cara: en casa de mamá no hablan de papá, y en casa de papá no hablan de mamá. Ocultan que se lo han pasado bien con el otro, no cuentan el regalo que les hicieron, fingen indiferencia. Eso tiene un coste enorme. Crecen sintiendo que sus emociones son peligrosas, que querer a alguien puede ser una traición, y que su papel es cuidar el ánimo de los adultos.

A largo plazo esto puede traducirse en dificultades para confiar en los demás, para expresar lo que sienten o para poner límites en sus propias relaciones. Son niños que se vuelven muy complacientes o, al revés, que se cierran y se distancian de todo para no tener que elegir.

Halle Berry junto a su pareja, el músico Van Hunt con quien mantienen una relación desde 2020 y actualmente están prometidos. El músico desempeña un papel importante en la vida de Maceo, algo que también se ha convertido en un punto de fricción con Olivier Martinez© Getty Images
Halle Berry junto a su pareja, el músico Van Hunt con quien mantienen una relación desde 2020 y actualmente están prometidos. El músico desempeña un papel importante en la vida de Maceo, algo que también se ha convertido en un punto de fricción con Olivier Martinez

¿Algunos niños pueden llegar a inventar situaciones o a mentir contra uno de los progenitores para contentar al otro?

Puede ocurrir, pero quiero ser muy cuidadosa con esta respuesta, porque es un terreno delicado.

Cuando un niño vive bajo mucha presión emocional, puede exagerar, interpretar algo de forma distinta a como ocurrió o repetir palabras y explicaciones que ha oído a un adulto. Los niños son muy sensibles a lo que se espera de ellos, y si perciben que cierta versión agrada a quien les cuida, pueden acabar adoptándola, a veces sin ser plenamente conscientes de que no es exacta. No siempre es una mentira deliberada; muchas veces es la forma que encuentran de proteger el vínculo con ese progenitor.

Dicho esto, es igual de importante recordar que la mayoría de las veces, cuando un niño cuenta que algo le ha hecho daño, hay algo real detrás que merece ser escuchado. Partir de la sospecha hacia la palabra de un niño también es peligroso. Por eso estas situaciones deben valorarlas profesionales especializados, con tiempo y sin prisas, y nunca resolverse en el terreno de la opinión pública ni desde el propio conflicto entre los padres.

A veces los padres no pueden ser amigos, y no hace falta. Basta con que sean capaces de mantener el conflicto lejos de sus hijos. 

María Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster

¿Cómo recuperar una dinámica familiar sana en familias separadas con hijos?

La clave está en separar lo que fue la relación de pareja de lo que sigue siendo la relación como padres. La pareja se ha terminado, pero la familia no; simplemente ha cambiado de forma.

Hay algunas cosas que marcan mucho la diferencia. No hablar mal del otro progenitor delante de los hijos, ni con gestos ni con silencios cargados. No utilizar a los niños como mensajeros, espías o confidentes de los problemas de los adultos. Darles permiso explícito para querer al otro: decirles con naturalidad "me alegro de que te lo hayas pasado bien con papá" o "con mamá" alivia muchísimo. Y mantener rutinas y normas parecidas en las dos casas, para que el niño sienta estabilidad.

También es importante explicarles lo que está pasando con un lenguaje adaptado a su edad, dejando claro que no es culpa suya y que los dos le van a seguir queriendo y cuidando.

Y cuando la comunicación entre los padres está muy deteriorada, pedir ayuda no es un fracaso. La mediación familiar, la coordinación de parentalidad o una terapia para el niño pueden ser un espacio neutral donde él pueda hablar sin miedo a traicionar a nadie. A veces los padres no pueden ser amigos, y no hace falta. Basta con que sean capaces de mantener el conflicto lejos de sus hijos. Ese es, probablemente, el mayor regalo que pueden hacerles.