"Dile a tu padre que...", "¿quién estaba este fin de semana con tu madre?". Tras una separación, la comunicación entre los adultos a menudo. En ese escenario, muchos padres caen, a veces sin darse cuenta, en la trampa de utilizar a sus hijos para enviar mensajes, reproches o indagar en la vida del otro.
¿Qué consecuencias psicológicas tiene para un menor convertirse en el "hijo puente"? Hablamos con el Dr. Javier Quintero Gutiérrez del Álamo, especialista en Psiquiatría infantil y adolescente y miembro de Top Doctors Group, sobre el peligro de someter a los niños a este conflicto de lealtades y cómo proteger su bienestar emocional tras el divorcio.
¿Qué entendemos exactamente en psicología por "hijo puente" o "mensajero" y qué conductas parentales lo desencadenan?
Nos referimos al niño o niña que termina convirtiéndose en canal de comunicación entre sus padres, asumiendo una responsabilidad que no es suya. Lleva mensajes, pregunta, informa, incluso muchas veces incluso intenta mediar. A veces ocurre de forma muy evidente, “dile a tu padre que…”, pero en muchas otras es mucho más sutil, preguntas insistentes, comentarios irónicos o gestos de desaprobación ante comentarios. Como decía, el problema aparece cuando el niño empieza a sentir que tiene una responsabilidad en un conflicto que pertenece a los adultos.
¿Por qué algunos padres caen en la tentación de indagar en la vida de su expareja a través del niño o enviarle recados en lugar de comunicarse directamente?
Es habitual que tras una separación quede un cierto resentimiento, curiosidad por la vida de la expareja, celos o simplemente la comunicación quede deteriorada. Y en ese contexto el hijo parece una vía más fácil y accesible para obtener información o evitar el contacto directo, que afrontar las cosas directamente. Pero lo que resulta cómodo para el adulto puede convertirse en una carga emocional para el niño.
El hijo parece una vía más fácil y accesible para obtener información o evitar el contacto directo con nuestro ex, que afrontar las cosas directamente
¿Dónde está la línea entre preguntarle a un hijo "qué tal el fin de semana con papá o mamá" por interés genuino y hacer un "interrogatorio" invasivo?
La diferencia está más en la intención y en la reacción, que en la pregunta en si misma. Si la pregunta es genuina, un "¿lo has pasado bien?", deja al niño libertad para contar lo que quiera. En contrapunto estaría un interrogatorio que busca información, mediante preguntas del tipo "¿quién estaba?, ¿dónde fuisteis?" … La clave sería sencilla, preguntar por cómo estuvo el menor, no investigar qué hizo el otro progenitor.
¿Qué consecuencias psicológicas a corto y largo plazo puede sufrir un niño atrapado en este rol?
Pueden aparecer ansiedad, culpa, miedo a decepcionar, problemas de sueño, dolores de cabeza o de barriga e incluso cambios de comportamiento. Pero quizá lo más dañino sea vivir permanentemente dividido entre dos lealtades. Un niño debería poder querer a ambos padres sin sentir que querer a uno significa hacer daño al otro.
¿Cómo afecta esta dinámica a la construcción de su propia identidad y a sus relaciones de pareja en el futuro?
Los hijos modelan sus estilos de relación y como se vinculan, de cómo lo aprenden en casa. Es decir, un niño puede aprender que las relaciones funcionan mediante alianzas, secretos, silencios o mensajes indirectos. También puede acostumbrarse a estar excesivamente más pendiente de las emociones de los demás que de las propias. No significa que vaya a repetirlo de adulto, pero sí puede influir en la forma en que aprende a manejar los conflictos o la intimidad.
¿Qué ocurre cuando el menor siente que para complacer a uno de los progenitores tiene que "traicionar" o mentir al otro?
A esta dinámica se la denomina conflicto de lealtades. El niño deja de pensar en “¿qué quiero contar?” y empieza a cambiar por “¿qué puedo contar?” y siempre con pies de plomo para tratar de no decir nada, que pueda molestar a alguna de las partes. Cuando un menor necesita mentir pensado que así protege emocionalmente a sus padres, estamos invirtiendo los papeles, deberían ser los adultos quienes protejan al niño, no el niño quien proteja a los adultos.
Una separación puede terminar una pareja, pero no debería obligar a un niño a elegir entre sus padres
Si un niño ya está actuando como mensajero, ¿de qué herramientas dispone para negarse o expresar su incomodidad ante sus padres?
Dependerá de su edad, aunque no podemos cargar sobre él otra responsabilidad más, en este caso la de solucionar el problema. Dicho esto, podemos trabajar algunas estrategias o acciones como derivar la responsabilidad, con frases del tipo “prefiero que se lo preguntes tú” o directamente “no quiero estar en medio”. Pero lo importante no es entrenar al niño para defenderse de sus padres, sino conseguir que los adultos dejen de colocarlo en una posición incómoda.
¿Cómo debe reaccionar un progenitor si detecta que la otra parte está utilizando al hijo para enviar indirectas o investigar su vida privada?
Desde luego lo primero es no responder utilizando al niño en sentido contrario. Y desde ahí tratar de contrarrestarlo con frases en el sentido de “Gracias por decírmelo, pero de esto nos ocupamos los adultos”. Después, la comunicación debe trasladarse directamente al otro progenitor, de forma breve, respetuosa y centrada en las necesidades del menor. En estas dinámicas el objetivo no es ganar la batalla o tener razón, sino en proteger al menor.
¿Qué pautas concretas o "reglas de oro" de comunicación deben implantar los padres separados para desvincular por completo al menor de sus conflictos de adultos?
Yo lo resumiría en los mensajes entre adultos los transmiten los adultos.
- Nunca utilizar al hijo como fuente de información.
- Evitar desacreditar al otro progenitor delante de él.
- Permitirle disfrutar y querer a ambos sin que se sienta culpable por ello.
- Y si hay discrepancias, que las habrá, discutirlas fuera de su presencia.
Una separación puede terminar una pareja, pero no debería obligar a un niño a elegir entre sus padres y no olvidemos que tras un divorcio dejara de ser su marido o mujer, pero no dejara de ser el padre o la madre, de tus hijos.






