Esta casa abuhardillada de 80 m² en Salou esconde grandes ideas: cocina semiabierta, muebles a medida y hasta un baño con bañera y ducha


El estudio Strada Interiors ha reformado esta vivienda para hacerla cálida y funcional, con muebles pensados para cada rincón y una cocina semiabierta que conecta con el salón comedor.


Salón comedor con chimenea moderna, mesa redonda de comedor de madera oscura, sofás blancos, mueble a medida © mariapujol
23 de octubre de 2026 a las 18:22 CEST

Cuando una casa tiene 80 m², cada decisión cuenta: dónde se cocina, dónde se lee, dónde se guarda la ropa… y cómo conseguir que todo encaje sin que el espacio lo note. Si a esto le sumamos que se trata de una vivienda abuhardillada, con techos inclinados que condicionan la distribución, el reto es aún mayor. Condiciones que se dan en este proyecto en Salou (Tarragona), que una pareja quería convertir en un refugio acogedor y con personalidad. El estudio Strada Interiors, artífice de la reforma, ha sabido transformar las particularidades de la arquitectura en una oportunidad de diseño. 

La propuesta organiza la zona de día alrededor de la cocina, abierta solo en parte al salón comedor gracias a unos paneles con cuarterones de cristal que dejan pasar la luz y la mirada. Todo el mobiliario se ha diseñado expresamente para la casa, adaptándose a las diferentes alturas que generan las cubiertas, y la pendiente, lejos de esconderse, se convierte en protagonista: se refleja en los espejos del vestidor, acoge la ducha y la bañera, y hasta da forma a un rincón de lectura junto a la chimenea. 

Recibidor abierto al salón, con puerta blanca, tabique separador © María Pujol

Recibidor abierto

La puerta de entrada se abre directamente a la zona de día, sin pasillos ni distribuidores que resten superficie. Para que este recibidor abierto tenga su propio espacio, un panel de listones verticales, con hornacinas de madera, hace las veces de filtro: separa sin cerrar y deja ver, al fondo, la chimenea. Y es que, en una casa de estas dimensiones, el recibidor no necesita metros, sino ideas.

A los pies, un suelo en espiga recorre la vivienda y aporta esa calidez que se agradece nada más llegar. Desde aquí ya se intuye una de las claves del proyecto: cada pieza cumple una función, pero también tiene una intención estética.

Salón comedor con chimenea, mesa redonda de madera oscura, sillas de madera con asiento tapizado blanco, sofá blanco, suelo en espiga © María Pujol

Zona social

Basta dar un par de pasos para descubrir el corazón de la casa: un salón comedor diáfano, donde los techos inclinados, en blanco, ganan ligereza. La paleta es serena —blancos, crudos, madera y algún toque de negro— y deja que sean los materiales y las formas los que hablen.

Detrás de esta aparente sencillez hay mucho trabajo previo. "El proyecto parte de un estudio detallado de las diferentes posibilidades de distribución para conseguir aprovechar al máximo cada metro cuadrado", explican desde Strada Interiors. En una vivienda de 80 m², esa decisión marca la diferencia.

Salón con chimenea y televisión colgada en la pared, con banco bajo la ventana y estores © María Pujol

Salón con chimenea

En el salón, la gran protagonista es la pieza diseñada a medida para integrar la televisión y la chimenea en una misma composición. Revestida en Dekton Neural, con su veteado sutil, aporta continuidad, textura y un aire contemporáneo a la estancia, y evita que la pantalla se quede como un elemento aislado en la pared. Un material que, además, resiste muy bien el calor del fuego.

Frente a ella, una mesa de centro negra de formas orgánicas y una alfombra de yute crean un ambiente acogedor y muy natural. Bajo la ventana, vestida con un estor plegable que tamiza la luz, un banco con cojines invita a sentarse y anticipa uno de los rincones más especiales de la casa.

Salón con mueble a medida con banco y armarios, sofá beige, alfombra de fibras vegetales © María Pujol

Rincón de lectura

Junto a la chimenea aparece otro de los elementos singulares del proyecto: un mueble a medida que se transforma en banco y crea una pequeña zona de lectura. Unos cojines y una manta en tono ocre bastan para convertirlo en el lugar perfecto para pasar la tarde con un libro. 

La pieza se prolonga en un módulo abierto de madera oscura con baldas y en unos armarios blancos que suman almacenaje sin recargar el espacio. Es la mejor demostración de una idea que recorre toda la casa. "El proyecto busca que el mobiliario no sea únicamente un elemento funcional, sino que forme parte de la propia arquitectura de la vivienda", apuntan desde el estudio.

Comedor con mesa redonda de madera oscura, lámpara de techo de fibras vegetales, frutero, sillas de madera oscura con asiento tapizado© María Pujol

Comedor acogedor 

La mesa redonda de madera oscura es la elección perfecta para un comedor que comparte espacio con el salón: no tiene esquinas, facilita el paso y reúne a todos a su alrededor. Sobre ella, una lámpara de ratán con forma de pétalos aporta textura y un aire mediterráneo muy en sintonía con su ubicación: Salou. La madera de la mesa, además, dialoga con la del suelo y la del mueble del salón, y crea un hilo conductor en toda la planta.

A un lado, el panel de listones vuelve a aparecer y pone orden en la zona de día, mientras que la chimenea se convierte en el telón de fondo de las comidas y las sobremesas. Así, sin necesidad de levantar tabiques, cada ambiente tiene su lugar.

Cocina semiabierta con salida al comedor y al salón, muebles blancos, paneles fijos blancos con cuarterones de cristal © María Pujol

Cocina semiabierta

La cocina se abre al salón, pero no del todo. Unos paneles blancos con cuarterones de cristal hechos a medida enmarcan la vista hacia el comedor y dejan pasar la luz, a la vez que marcan con claridad dónde empieza cada zona. Según Strada Interiors, estos separadores "permiten mantener cierta conexión visual entre ambos espacios, pero al mismo tiempo delimitan las diferentes funciones y aportan un elemento arquitectónico con personalidad propia".

Su distribución en paralelo, con muebles blancos y tiradores negros, saca partido a cada centímetro, y el frontal con acabado madera calienta un conjunto que, de otro modo, podría resultar demasiado frío.

Cocina blanca con tiradores negros, suelo de madera y salida a la terraza© María Pujol

Blanca y funcional

Con salida a la terraza de la vivienda, conectada a su vez con la zona de estar, la cocina logra ampliar visualmente el interior y establecer una relación directa con el exterior, algo que en la costa se disfruta casi todo el año.

El blanco domina los frentes, la campana negra pone el contrapunto gráfico y la encimera completa una estancia luminosa, práctica y fácil de mantener. La prueba de que, en las cocinas pequeñas, una base neutra con algún contraste bien medido nunca falla.

Dormitorio con vestidor, balda sobre el radiador, estor blanco© María Pujol

Dormitorio principal

En la zona de noche, la cubierta inclinada vuelve a marcar el ritmo. El dormitorio principal se viste de tonos naturales y textiles suaves, y una balda flotante de madera sobre el radiador lo integra en la decoración y suma, de paso, una superficie de apoyo.

A un lado se abre el acceso al vestidor, sin puerta. "La distribución permite diferenciar ambas funciones manteniendo una continuidad espacial", señalan desde el estudio. La casa cuenta, además, con una segunda habitación, también abuhardillada, que funciona como despacho, pero que puede convertirse en cuarto de invitados cuando hace falta.

Dormitorio con pared del cabecero de aire japonés, cojines en colores tierra, suelo de madera, mesita de noche negra, lámpara de techo sobre la mesita © María Pujol

Un cabecero zen

La pared del cabecero es la gran protagonista del dormitorio, gracias a un panelado blanco dividido por finos listones de madera que recuerda a los paneles japoneses. Un recurso tan sencillo como efectivo que aporta textura y serenidad y da personalidad a una superficie que, de otro modo, pasaría desapercibida.

Los detalles hacen el resto: una lámpara de techo en cobre sustituye a la clásica de sobremesa y libera espacio en la mesita de noche, una pieza negra de patas torneadas que pone el punto clásico al conjunto.

Vestidor abuhardillado con espejo, suelo de madera, zona abierta y zona de armarios blancos © María Pujol

Vestidor abuhardillado

El vestidor se plantea como una estancia independiente, conectada visualmente con el dormitorio. Aquí, el techo inclinado adquiere especial protagonismo, y los armarios blancos, con tiradores de madera, se adaptan a la altura disponible en cada punto.

El gran truco está al fondo: un espejo que refleja la forma del techo y multiplica visualmente el espacio. "De esta manera, la propia pendiente deja de ser una limitación para convertirse en uno de los elementos característicos de la vivienda", resumen desde Strada Interiors. Una hornacina con velas pone la nota cálida.

Baño en madera con armario y mueble bajolavabo, espejo, focos sobre el espejo © María Pujol

Baño en madera

El baño también se adapta a la cubierta inclinada. Se accede a él por la zona de mayor altura, donde el mueble de lavabo en roble, con baldas abiertas a modo de tabique en uno de sus lados y dos grandes cajones en la parte inferior, se convierte en el centro de atención. La encimera blanca veteada y la grifería en latón completan una composición elegante y atemporal.

Sobre el mueble, un gran espejo amplía la sensación de espacio, y las paredes, con un acabado texturizado, ayudan a crear un ambiente que huye de la frialdad habitual de los baños.

Baño abuhardillado con bañera y ducha en cabina, puertas de cristal © María Pujol

Ducha y bañera en cabina

A medida que se avanza hacia el interior, el techo empieza a inclinarse, y esta particularidad se aprovecha para organizar la zona más privada del baño. La ducha y la bañera se integran de forma continua bajo la pendiente, a modo de pequeño spa doméstico, protegidas por una mampara de vidrio. La grifería en tonos cobre conecta con los acabados del lavabo y un ventanuco deja entrar la luz natural.

Es el mejor broche para entender esta reforma, que el estudio resume como "una vivienda que aprovecha su condición abuhardillada para construir una identidad propia: un hogar diseñado alrededor de sus pendientes, donde las limitaciones de altura se convierten en oportunidades para crear espacios singulares, cálidos y llenos de personalidad".