Tan en secreto y con tanta discreción como mantienen su relación, Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias han aparcado por unos días sus compromisos profesionales –ella está inmersa en la gira teatral de Malquerida y él, pendiente de sus próximos proyectos audiovisuales–, y han aprovechado para disfrutar de una escapada en pareja por Guadalajara. Su refugio ha sido el Molino de Alcuneza, un antiguo molino harinero del siglo XV reconvertido en hotel boutique, con spa y una estrella Michelin. Tres días en los que han tenido tiempo para descansar, disfrutar de su cocina y salir a comer a otros restaurantes de la zona. También para recorrer Sigüenza, la ciudad medieval que queda a solo 6 kilómetros de su alojamiento y que reúne motivos de sobra para una escapada con castillo, catedral y buena mesa.
TRES CIUDADES EN UNA
A Sigüenza hay que llegar sin prisas y con calzado cómodo, porque tiene mucho que ver y porque algunas de sus calles son empedradas y en cuesta. Aunque a primera vista no se distingan, en realidad, son tres ciudades en una, cada una de una época. La medieval, con su castillo en lo alto, las antiguas puertas y restos de las murallas, las callejuelas empedradas que aquí llaman travesañas y las plazas porticadas. Después llega la Sigüenza renacentista, la de los palacios y edificios nobles, y, por último, la barroca, ideada en buena parte por los obispos que durante siglos decidieron el rumbo de la ciudad. Tres épocas que se van sucediendo a medida que se baja desde la fortaleza por la calle Mayor y se continúa el paseo hacia el barrio de San Roque.
UN CASTILLO CON MUCHA HISTORIA
Desde mucho antes de llegar a Sigüenza se ve el castillo del siglo XII que corona la ciudad. De antigua alcazaba árabe pasó a ser residencia de los obispos seguntinos y hoy es Parador en el que es un gusto quedarse a dormir. Merece la pena curiosear por su patio empedrado, la capilla románica y el salón del Trono, y saber que aquí estuvo prisionera Blanca de Borbón, esposa de Pedro I el Cruel, cuyo fantasma, cuentan, todavía ronda por los pasillos.
Alrededor del castillo se despliegan callejuelas empedradas adornadas con iglesias románicas, como la de San Vicente Mártir y la de Santiago; esta última en restauración para convertirse en centro de interpretación del románico de la provincia de Guadalajara. En este entorno también se encuentra la Casa del Doncel, una casa-torre con cenefas mudéjares y arcos de yesería que acoge, además, el restaurante Nöla, de cocina contemporánea.
LA ESCULTURA MÁS HERMOSA DEL MUNDO
Al bajar por la calle Mayor, la ciudad cambia de escala y aparecen las grandes fachadas, los palacios y la Plaza Mayor. A ella se abre la catedral, cuya apariencia exterior recuerda más a una fortaleza que a un templo. Hay que entrar en su interior para ver su claustro y su colección de obras de arte y, sobre todo, la escultura funeraria de Martín Vázquez de Arce, conocido como el Doncel de Sigüenza. La figura del joven caballero, recostado y absorto en la lectura, es una de las grandes joyas de la escultura funeraria española. Ortega y Gasset llegó a considerarla la más hermosa del mundo.
ENTRE TALLERES Y PLAZAS
La calle Mayor también tiene paradas menos solemnes. En el Taller Edad Media, Aránzazu Ruiz y Jorge Arroyo reproducen con sus pinceles pantocrátores y agnusdei, como si el visitante se hubiera colado en el taller de una iglesia románica. Y en la Plaza Mayor, el escultor Gustavo Delgado trabaja pequeñas piezas inspiradas en las ménsulas de los balcones y otros detalles de la arquitectura seguntina.
Al otro lado de la catedral se extiende el barrio de San Roque, la ampliación barroca de la ciudad. Su paseo más agradable discurre por la Alameda, un jardín histórico con olmos centenarios donde los seguntinos salen a pasear, charlar y reunirse. Allí se encuentra también el monasterio de Nuestra Señora de los Huertos, otro de los edificios que ayudan a entender la huella religiosa en la ciudad.
APERITIVOS CON NOMBRE PROPIO Y MESAS CON ESTRELLA
El paseo pide una parada para tomar el aperitivo, que no puede ser otro que la bebida local: el fino seguntino, una mezcla de gaseosa Segontia, fabricada en la propia ciudad, vermut rojo de Reus y espuma de cerveza. Lo sirven en Los Soportales y en otros bares del centro, como Atrio, donde también elaboran sus propias cervezas artesanas.
Y de la barra, a la mesa. Porque a Sigüenza se va también a disfrutar de la gastronomía. Aunque el cordero y el cabrito asados son clásicos de la cocina local, las propuestas más creativas son las que dan más que hablar, con dos restaurantes reconocidos con una estrella Michelin. En El Doncel, el chef Quique Pérez sirve sus creaciones en la casa donde cocinaba su abuela; en el Molino de Alcuneza, Samuel Moreno trabaja con productos de la huerta y del entorno y elabora también unos panes artesanos extraordinarios con espelta y trigo negrillo cultivados por agricultores de la pedanía de Palazuelos.
Este antiguo molino harinero del siglo XV, restaurado con mimo, es hoy un hotel boutique familiar de 17 habitaciones, cada una con su propio estilo. La piedra, la madera, las vistas al valle del Alto Henares y también el jardín, la piscina y el spa hacen de él un refugio tranquilo en plena naturaleza, donde Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias han disfrutado de tres días de escapada en pareja.
EL PAISAJE DEL DULCE, A UN PASO
A Sigüenza es mejor ir dos o tres días, como han hecho Aitana Sánchez Gijón y Maxi Iglesias, porque así uno de ellos se puede dedicar al Parque Natural del Barranco del Río Dulce, un paisaje de hoces, cortados y pequeñas aldeas. Aragosa, La Cabrera y Pelegrina, esta última coronada por las ruinas de un castillo, son buenas referencias para adentrarse en el valle. También el mirador dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente, desde el que se contempla el cañón que tantas veces apareció en los documentales del naturalista, y la cascada de Gollorio.














