Hay casas que lo tienen todo para enamorar, pero en las que las piezas no terminan de encajar. Le ocurría a este piso de 110 metros cuadrados en Murcia, con espacios bien definidos, pero muy desconectados entre sí. "La vivienda partía de un potencial evidente, pero fragmentado en sensaciones", explica el interiorista Juancho González, al frente del estudio que lleva su nombre. El reto no era transformar por transformar, sino ordenar, suavizar y dar coherencia a cada rincón, respetando la identidad del conjunto original.
El resultado es una auténtica sinfonía, nombre con el que se ha bautizado el proyecto: una reforma integral en la que la luz, los materiales y las proporciones trabajan juntos como una composición bien afinada. La clave está en la continuidad: una zona de día abierta donde conviven salón, comedor y cocina, unos paneles lacados con molduras que recorren la casa y esconden alguna sorpresa, y una paleta en verde oscuro y rosa empolvado que actúa como hilo conductor. Un hogar donde nada sobra y nada falta, pensado para vivirse despacio.
© Adam García PhotoUna entrada abierta
Nada más cruzar la puerta, la casa se muestra sin barreras. La entrada se abre directamente a la zona de día, de modo que la luz natural de los ventanales llega hasta el recibidor y la vista se pierde por todo el espacio. Las paredes blancas, las molduras del techo y un suelo claro crean un fondo luminoso y sereno.
Frente al sofá, un aparador negro de aire clásico, con un gran espejo enmarcado sobre él, recibe a las visitas y multiplica la claridad. Al fondo, el verde oscuro de los paneles marca el inicio del recorrido. Un recibidor abierto que, además, hace que la vivienda parezca mucho más amplia de lo que es.
© Adam García PhotoUn salón en verde y rosa
La zona de día es un espacio abierto donde la reforma busca, sobre todo, continuidad visual y sensorial. El salón es su rincón más acogedor: un amplio sofá modular tapizado en tono topo, con un mullido capitoné de grandes cuadros, se viste con cojines de terciopelo rosa palo que suman suavidad y un punto romántico.
Detrás, la pared se reviste con paneles lacados en verde oscuro y molduras, un recurso de elegancia clásica que envuelve el espacio y le da profundidad. Las mesas de centro, redondas y blancas, aligeran el conjunto, mientras que las cortinas ligeras tamizan la luz que entra por los ventanales y la reparten sobre las superficies claras. La luz natural se convierte así en un elemento estructural del diseño.
© Adam García PhotoComedor con historia
Junto a la cocina, el comedor pone el toque clásico a la zona de día. Para amueblarlo, el estudio Juancho González Interiorismo ha contado con piezas de los propietarios, como la mesa y las sillas de madera oscura con respaldos tallados, que aportan alma y un punto de nostalgia al conjunto.
Lejos de chocar con el resto, estas piezas dialogan con los muebles oscuros de la cocina y con el verde de los paneles, y demuestra que integrar piezas con valor sentimental es una de las mejores formas de personalizar una casa. Al fin y al cabo, Sinfonía es justo eso: un diseño que busca la calma y la coherencia, en el que cada elemento se ha elegido para acompañar, no para imponerse.
© Adam García PhotoUna cocina oscura e integrada
La cocina, sofisticada y elegante, comparte espacio con el salón. El secreto está en que casi pasa desapercibida: los electrodomésticos están integrados y los muebles, en tonos oscuros y con la veta de la madera a la vista, prescinden de tiradores, de modo que forman un frente continuo que dialoga con el verde del salón.
La protagonista es la isla, de mármol negro veteado y rematada con un canto en acabado cobre. Ese mismo metal se repite en el grifo y en la campana suspendida sobre la placa, que funciona casi como una lámpara escultórica. Un juego de oscuros y brillos que convierte la cocina en un elemento más de la zona de día. Y, al no tener tiradores, resulta además muy fácil de limpiar.
© Adam García PhotoPaneles con secreto
Los paneles lacados en verde oscuro no son solo decorativos. Recorren la pared de la zona de día con molduras clásicas y, entre ellos, se esconden puertas que pasan desapercibidas cuando están cerradas. Así, el espacio gana orden y continuidad, sin interrupciones visuales. Un recurso muy útil en las zonas abiertas, donde cualquier puerta a la vista rompería la armonía del conjunto.
En la imagen, uno de esos paneles se abre para descubrir el aseo de cortesía, con su espejo iluminado al fondo. A su lado, un retrato de aire antiguo con un guiño contemporáneo añade humor y personalidad. Una pequeña sorpresa que demuestra que, en esta casa, nada es lo que parece a primera vista.
© Adam García PhotoUn aseo de cortesía con carácter
Detrás de esa puerta camuflada se encuentra el aseo de cortesía, uno de los rincones con más personalidad de la casa. Aquí, un lavabo en verde salvia se apoya sobre un mueble de madera con los extremos redondeados, bajo un espejo ovalado retroiluminado que proporciona una luz suave y envolvente.
El inodoro suspendido, en el mismo tono que el lavabo, refuerza la sensación de conjunto, mientras que las paredes, revestidas con piezas claras de gran formato, suman luminosidad. Un espacio pequeño, pero lleno de detalles, que demuestra que los metros no están reñidos con el estilo.
© Adam García PhotoDormitorio principal en suite
La zona de noche se plantea como un refugio tranquilo, pensado para el descanso y la intimidad. En la suite principal, el dormitorio y el baño se integran en un mismo recorrido, al más puro estilo de las habitaciones de los hoteles de lujo. La cama, con un cabecero tapizado en gris claro, ocupa el centro de la estancia y separa sutilmente las dos zonas.
Tras ella, el baño se abre con un lavabo blanco, un espejo de forma orgánica retroiluminado y paredes que combinan pequeños azulejos grises con un papel pintado en blanco y negro. Una tira de luz bajo los armarios dibuja el contorno del espacio y crea un ambiente cálido al caer la tarde, mientras que los tonos suaves se combinan con maderas naturales y detalles seleccionados con cuidado.
© Adam García PhotoUn baño tipo spa
La pieza protagonista de la suite es una bañera exenta con patas, que convierte el baño en un pequeño oasis privado. Su silueta clásica, en blanco, contrasta con la grifería de pie en acabado cobre, que se eleva junto a ella con un aire casi escultórico.
Sobre la bañera cuelgan, a distintas alturas, varias lámparas de cables vistos, a juego con las del lavabo, que aportan un punto contemporáneo y una luz cálida muy adecuada para los momentos de relax. Un estor claro tamiza la claridad que entra por la ventana. En este espacio, todo invita a bajar el ritmo.
© Adam García PhotoHabitación infantil de aire vintage
La pared del cabecero de la habitación infantil se viste con un panel tridimensional en rosa empolvado de inspiración art déco, con arcos que se repiten de lado a lado. Un fondo dulce, pero con mucha personalidad, que convierte el espacio de los más pequeños en un espacio muy acogedor y nada ñoño.
Se completa con mobiliario vintage en el mismo tono, como la mesita de noche de patas torneadas, y ropa de cama con estampado floral en colores suaves. El rosa se repite también en los detalles, de modo que el conjunto resulta armonioso. Un cuarto pensado para crecer con quien lo habita, donde el color es el gran protagonista.
© Adam García PhotoAlmacenaje a medida
La capacidad de almacenaje ha sido otra de las prioridades del proyecto. En la habitación infantil, un armario con puertas mallorquinas ocupa toda la pared y aporta un aire fresco, casi de casa de verano. En el centro, una estantería abierta rompe la continuidad y sirve para dejar a la vista libros, juguetes y pequeños tesoros, mientras que los cajones inferiores ayudan a mantener el orden en el cuarto de los niños.
Los pomos rosados enlazan con el panel del cabecero y con el resto de la decoración. Desde aquí se adivina, a través de la puerta, el verde oscuro del pasillo, una muestra de cómo cada estancia encuentra su lugar dentro del conjunto, con personalidad propia, pero sin romper la armonía general.




