Una arquitecta y dos interioristas devuelven el esplendor a este piso de 1900 en la calle Serrano: luz, molduras y aire mid-century


El Estudio Hilera, formado por Teresa Criado, Gema Sánchez y Nuria Martín, firma la reforma integral de esta vivienda de 169 m² en Madrid. Al unir salón, comedor y cocina, ha ganado amplitud, y una carpintería a medida llena de detalles le ha devuelto su carácter señorial.


Salón comedor blanco con grandes ventanales, sofá blanco, alfombra, mesa de centro blanca y de madera, butacas tapizadas en tela blanca con rayas, mueble de televisión© Marta G. Tarrío
8 de octubre de 2026 a las 18:01 CEST

Hay casas que, aunque hayan perdido el brillo, conservan intacta su elegancia y ese 'no sé qué' que las hace especiales. Este piso en la calle Serrano es una de ellas. Situado en un edificio de 1900 y con 169 metros cuadrados, estaba muy deteriorado y dividido en estancias pequeñas y oscuras. Sus nuevos propietarios tenían claro lo que querían: una reforma integral que potenciara la luz natural y devolviera a la vivienda su encanto original, con una estética neutra y limpia, pensada para el alquiler de larga duración.

Para lograrlo, confiaron en el Estudio Hilera, un taller de diseño y arquitectura fundado en 2021 por las interioristas Teresa Criado y Gema Sánchez y la arquitecta Nuria Martín. Su sello, fresco, femenino y natural, encajaba a la perfección con esta casa antigua. La propuesta se apoyó en dos ideas: por un lado, reorganizar los espacios para abrirlos a la luz; por otro, diseñar estancias inspiradas en la arquitectura original del edificio y en el estilo mid century. El resultado es una vivienda serena, luminosa y con carácter, donde cada material, cada moldura y cada pieza tienen un porqué.

Salón con mesa de centro de madera con el sobre blanco, alfombra, butacas tapizadas © Marta G. Tarrío

Salón con piezas a medida 

La reforma arrancó con una decisión clara: tirar tabiques para crear una gran zona de día diáfana, en la que el salón, la cocina y el comedor se suceden en línea y aprovechan la luz de los ventanales de la fachada principal. En esta zona de estar, el blanco roto de las paredes y el techo crea un fondo sereno, mientras que las fosas, rematadas con molduras, resuelven los desniveles originales y añaden profundidad. Las cortinas de lino, que llegan hasta el suelo, tamizan la luz.

Las protagonistas son las dos butacas de inspiración italiana de mediados del siglo pasado, tapizadas con un tejido a rayas que les da un toque fresco. Frente a ellas, el sofá y la mesa de centro, ambos diseñados a medida por el estudio, conviven con piezas de estilo vintage como el aparador de madera de Rue Vintage 74. ¿El toque de color? Lo pone el pie de la lámpara, en ese tono caldero que se repite como un guiño por toda la casa. Una mezcla de elementos nuevos y con historia que evita el aire impersonal.

Comedor con grandes ventanales blancos, alfombra, vitrina, cortinas mesa de centro de madera, sillas de madera © Marta G. Tarrío

Comedor con las vigas originales 

Al fondo de la zona de día, el comedor ocupa el lugar más luminoso de la casa, frente a una varios ventanales vestidos con cortinas de lino. Aquí, el equipo del Estudio Hilera ha restaurado dos antiguas vigas de madera que hoy delimitan el espacio sin necesidad de muros, un recurso que, además, recuerda la historia del edificio. Es el espacio donde mejor se aprecia la doble intención del proyecto: mucha luz y guiños a la arquitectura original.

La mesa, de sobre claro y patas de madera, se rodea de sillas de bambú de inspiración clásica que aportan calidez y un punto relajado. Tras ella, una vitrina a medida ocupa toda la pared y resuelve el almacenaje de la vajilla sin restar ligereza. Una lámpara de suspensión blanca y una alfombra en tonos crudos completan un rincón pensado para alargar las sobremesas.

Cocina abierta al salón con muebles de madera y blancos, isla de cocina, aparador © Marta G. Tarrío

Cocina abierta y con isla

Integrada en la zona social, la cocina se abre al salón sin perder su identidad. Para diferenciar los ambientes sin romper la continuidad, el estudio ha jugado con los pavimentos: un porcelánico que imita la piedra de Campaspero y una madera colocada en punta de Hungría que recuerda a los suelos de los pisos antiguos de Madrid. Un recurso sencillo que marca dónde empieza y dónde termina cada zona.

El mobiliario combina frentes de madera oscura con muebles altos lacados en blanco, una mezcla que aporta profundidad sin restar luz. En el centro, una isla blanca con taburetes funciona como barra de desayunos y como punto de encuentro, y ordena los recorridos. Dos sencillas lámparas de suspensión iluminan la zona de trabajo, y desde aquí arranca el pasillo que conduce a los tres dormitorios.

Aseo de cortesía con papel pintado de colores, lavabo negro y grifería empotrada espejo con marco de madera trabajado, aplique de pared© Marta G. Tarrío

Un aseo de cortesía con personalidad propia

Si en el resto de la casa reina la calma, el aseo de cortesía es la gran sorpresa. Aquí, el estudio ha apostado por un papel pintado de inspiración oriental, lleno de pequeños edificios y paisajes en tonos caldero, rosados y verdes, que envuelve por completo las paredes. Basta con abrir la puerta para viajar lejos.

Frente a tanto dibujo, el lavabo, tallado en una piedra oscura, aporta peso y sobriedad. Sobre él, un espejo con marco de bolas de madera y un aplique dorado rematan una estancia pequeña en metros, pero grande en estilo. Es la prueba de que un espacio de paso puede convertirse en uno de los más especiales de la vivienda. Y también de que el color tiene cabida en un interior neutro, siempre que se dosifique con intención.

Dormitorio, puertas lacadas con molduras © Marta G. Tarrío

Entrada al dormitorio

El pasillo que lleva a los dormitorios es donde mejor se aprecia la gran protagonista del proyecto: la carpintería. Puertas de paso, tabiques y armarios, pintados en un blanco roto satinado, se enriquecen con finas molduras y baquetones de formas geométricas que dan carácter a cada estancia y recuerdan el pasado señorial del piso. Así, el pasillo deja de ser un simple distribuidor y se convierte casi en una galería.

Con ello, el estudio buscaba evitar un escenario demasiado plano sin romper la serenidad que pedían los propietarios. Todos los diseños de la carpintería son obra del Estudio Hilera, y el efecto es el de un marco unitario y homogéneo que, al mismo tiempo, invita a fijarse en los detalles.

Dormitorio con cabecero de rejilla, mesita de noche de madera, molduras en la pared del cabecero, lámpara de sobremesa © Marta G. Tarrío

Dormitorio con cabecero a medida

Ya dentro de uno de los dormitorios (el piso tiene tres, todos en suite), la calma se impone. Las paredes, también decoradas con molduras, enmarcan la cama, que se viste con un cabecero tapizado diseñado a medida por el estudio. Su silueta curva, rematada en negro, y su tejido de pata de gallo le dan un aire clásico con un punto actual. Estas piezas a medida se convierten en la seña de identidad de las habitaciones.

A su lado, una mesita de noche vintage de madera con cajones y una lámpara con pie de travertino aportan calidez. La ropa de cama en tonos crudos, las cortinas de lino y un cojín en tono caldero, ese color que se repite como un hilo conductor por toda la vivienda, completan un dormitorio pensado para descansar.

Vestidor con cómoda de madera en el centro, armarios lacados con molduras, lámpara de techo blanca © Marta G. Tarrío

Vestidor con las paredes forradas de armarios

Entre el dormitorio y el baño, un vestidor resuelve el almacenaje sin perder la elegancia del resto de la casa. Los armarios, de nuevo con molduras que dialogan con las del dormitorio, ocupan las paredes, y en el centro una cómoda de madera con esquinas redondeadas y encimera blanca hace las veces de isla.

Sus cajones permiten tener a mano complementos y accesorios, mientras que sus formas curvas suavizan el conjunto. Una lámpara de suspensión de líneas orgánicas aporta una luz cálida y un punto escultórico. Es un espacio práctico que, gracias a sus materiales, no renuncia a la belleza, y muestra cómo la madera aporta calidez una paleta dominada por el blanco.

Baño grande con el inodoro independiente tras una puerta de cristal, espejo XL que cuelga del techo, mueble de madera con dos lavabos © Marta G. Tarrío

Baño abierto, amplio y luminoso

Este baño en suite se abre directamente al vestidor. El mueble de lavabo se combina con una encimera y unos lavamanos de piedra gris que aportan un aire sereno y atemporal, en sintonía con el suelo claro. La madera del mueble conecta con la del vestidor contiguo, de modo que ambos espacios se leen como uno solo.

Sobre los lavamanos, un gran espejo de esquinas redondeadas, suspendido del techo, multiplica la luz y la sensación de amplitud. Las mamparas de vidrio translúcido separan la ducha y el inodoro sin cerrar el espacio. Funcionalidad y estética, el equilibrio que persigue siempre el estudio, se dan la mano en esta estancia.