Si fantaseas con tener un refugio en el campo, si has recibido una herencia de tu familia en forma de casa en un pueblo, o si estás buscando una construcción antigua para reformar, sigue leyendo porque el asunto que traemos hoy te interesa. A continuación, Alberto Sanz Solana, arquitecto técnico, diseñador de interiores y profesor en IDEQUO (la antigua Escuela Madrileña de Decoración), nos cuenta qué debemos tener en cuenta a la hora de rehabilitar una vivienda rural.
© UnsplashRehabilitar una casa de pueblo, ¿sí o no?
Las casas rurales antiguas suelen tener un encanto especial pero, antes de caer rendidos ante su belleza oculta, es importante consultar a alguien que sepa mirar más allá. “Es esencial revisar la ‘salud’ real de la casa: estructura, cubierta, humedades e instalaciones. Son estos aspectos los que determinan si estamos ante una joya por pulir o ante un pozo sin fondo”, explica Alberto Sanz.
Según el experto después hay que pensar en la viabilidad económica. Pregúntate de forma sincera: ¿cuánto dinero vas a necesitar invertir realmente? Y contéstate a ti mismo con un presupuesto realista, porque de ello dependerá el éxito del proyecto. Por último, debemos analizar el contexto normativo. “Muchas casas de pueblo tienen restricciones de altura, de fachada o de los materiales que se pueden utilizar, que pueden limitar bastante la idea de reformas que tienes en mente”, explica Alberto.
En definitiva, lo importante es informarse bien antes de tomar una decisión. Como dice el arquitecto experto: “el flechazo es bonito, pero la factura es otra cosa”.
© Unsplash¿Es mejor reformar o construir desde cero?
He aquí el primer dilema que nos acecha cuando nos enfrentamos a la rehabilitación de una casa antigua. No en todas las ocasiones tenemos claro lo que debemos hacer: darle una oportunidad a la construcción vieja que tenemos delante, o echarla abajo para construir una nueva. Alberto Sanz explica que “reformar gana cuando hay algo que vale la pena salvar, ya sea algo material (como muros de piedra, elementos de madera o una estructura sólida) o inmaterial (el carácter de la casa, su historia, su relación con el entorno, etc.)”.
También hay que reformar cuando el contexto urbanístico no deja otra opción. “En muchos pueblos no puedes construir desde cero aunque quieras, porque la normativa obliga a respetar volumetrías y fachadas existentes”, cuenta el experto. “Por otro lado, derruir y volver a construir tiene sentido cuando la casa está tan deteriorada que reformarla costaría casi lo mismo, o cuando no hay nada que merezca conservarse. En ese caso, empezar desde cero es más honesto y, muchas veces, más eficiente”. La clave, en opinión del arquitecto, está en no romantizar ni en un sentido ni en el otro. Ni hay que salvar la casa a cualquier precio, ni tiramos y empezamos a construir desde el suelo. Hay que analizar la situación con la cabeza fría.
© Unsplash¿Merece la pena arreglar una casa de pueblo?
La clave está en el estado estructural de la edificación. “Si los cimientos, los muros o la cubierta están muy tocados, puede que estés pagando por reconstruir una casa desde dentro, y eso cambia mucho la ecuación. Hemos de preguntarnos: ¿qué te da esta casa que no te daría una de nueva construcción? Si la respuesta es ‘carácter, historia, materiales irrepetibles’, entonces probablemente merece la pena. Si la respuesta es ‘el precio’, habría que pensarlo más despacio”, nos cuenta Alberto Sanz.
“Otro aspecto importante es la ubicación. Una casa con encanto en un pueblo con vida, servicios y demanda es una apuesta muy diferente a la misma casa en un lugar sin proyección. Por último, algo que se suele olvidar: tu perfil como propietario. Reformar una casa antigua requiere paciencia, criterio y cierta tolerancia a la incertidumbre. No es para todo el mundo, y hay que tenerlo en cuenta”.
© UnsplashAverigua si tu casa vieja está en buen estado
Antes de decidirnos en un sentido (apostar por la casa) o en otro (derribarla para construir desde cero) es importante seguir un proceso que, aunque lógico, no siempre se suele seguir. Alberto Sanz nos explica las fases por las que debemos pasar:
- 1.El primer paso es visitar la casa con ojos de inspector, no de comprador, con el objetivo de detectar grietas, manchas de humedad, olores, suelos que ceden… “Todo habla en una casa. Hay que saber escuchar”, explica el arquitecto.
- 2. Hacer una revisión estructural, poniendo el foco en los muros de carga, forjados, vigas, etc. En casas con madera, hay que buscar señales de carcoma o termitas: pequeños agujeros, serrín o madera que suene hueca.
- 3. Revisar el tejado. Si la cubierta falla, todo lo demás se deteriora en cadena. Es el paraguas de la casa y, si tiene agujeros, ya puedes imaginar lo que va pasar.
- 4. Humedades. Detectar el origen antes de buscar una solución. No es lo mismo humedad por filtración que por capilaridad o condensación. Tratarlas mal es tirar el dinero.
- 5. Instalaciones. Hay que asumir que toca renovar. La electricidad y la fontanería en casas antiguas suelen estar fuera de normativa. Mejor partir de esa base que llevarse sorpresas.
- 6. Llamar a un profesional. Un arquitecto o arquitecto técnico puede ver en diez minutos lo que un ojo no entrenado tarda semanas en entender. Es la inversión más rentable que puedes hacer antes de comprar.
© English BlindsLos aspectos más ‘difíciles’ en una reforma
Cuando estamos inmersos en la rehabilitación de una casa de campo, hay elementos y problemas que nos van a dar más quebraderos de cabeza que otros. En opinión de Alberto Sanz son la estructura, la cubierta, las humedades y, en menor medida, las instalaciones.
- Estructura. Es importante saber que trabajar sobre muros de carga de mampostería o adobe, forjados de madera con viguetas y revoltones, o cimentaciones sin armar no es como intervenir en una construcción moderna. Los márgenes son distintos, las soluciones también, y cualquier error se paga caro.
- Cubierta. Rehabilitarla es técnicamente exigente, ya que no se trata solo de sustituir materiales: hay que resolver bien el aislamiento, la ventilación, la impermeabilización y la evacuación de aguas. Todo a la vez y, muchas veces, con una geometría compleja heredada que no perdona los atajos.
- Humedades. Son el problema más traicionero a la hora de intervenir porque el diagnóstico es fácil de confundir y el tratamiento, si no es el correcto, no solo no resuelve el problema sino que puede agravarlo. Tratar una humedad por capilaridad como si fuera una filtración, por ejemplo, es tirar el dinero.
- Instalaciones: pueden ser problemáticas, no porque sean difíciles técnicamente, sino porque obligan a abrir, rozar y rehacer casi todo. En una casa antigua, renovar electricidad y fontanería de verdad implica intervenir en suelos, paredes y techos. Es invasivo y hay que tenerlo previsto desde el principio.
Alberto Sanz destaca una característica que marca la diferencia al rehabilitar casas antiguas: todo está conectado. No hay problema aislado; hay un sistema con sus propias reglas. Por eso, más que preguntar ‘¿qué parte está mal?’, la pregunta correcta es ‘¿cómo está la casa en su conjunto?’. Esa visión global es la que evita que el presupuesto se nos vaya de las manos a mitad de obra.
© UnsplashDetectar (y diagnosticar) las humedades
En las casas antiguas de pueblo los problemas son predecibles, pero eso no los hace menos relevante. Saber identificarlos bien es lo que marca la diferencia entre una reforma controlada y una obra que no tiene fin. Para Alberto Sanz, “las humedades por capilaridad son casi universales en planta baja. La razón es constructiva: estas viviendas no tienen barrera horizontal impermeable entre la cimentación y el muro, así que el agua del terreno asciende por los poros del material. El problema se manifiesta en eflorescencias, desconchados y sales en la parte baja de los muros y, si no se trata en origen, reaparece”, explica el experto.
Otro problema de las casas viejas es la cimentación. “Se trata simplemente de un apoyo directo sobre el terreno con piedras de gran tamaño, sin profundidad. Es lo que hoy llamaríamos cimentación ciclópea. Con el tiempo pueden aparecer asientos diferenciales; es decir, que algunas partes de la casa se muevan de forma distinta generando grietas características en diagonal. Hay que saber leerlas bien antes de actuar”.
© AntoliniLa cubierta, un punto clave
Una de las cosas de las que hemos de ser consciente, según Alberto Sanz, es que la cubierta de una casa antigua acumula años de intervenciones parciales: tejas repuestas sin criterio, morteros de agarre aplicados unos encima de otros, etc. Debajo, la estructura de madera puede tener pudrición por humedad acumulada o ataques de xilófagos (carcoma o termitas) que no siempre son visibles desde fuera, pero que comprometen la capacidad portante.
Además, los forjados de madera presentan problemas similares: deformaciones que se van acumulando a lo largo de décadas, pérdida de sección en los apoyos sobre el muro (que es donde más sufren) y, de nuevo, posibles ataques biológicos. Un forjado que ‘baila’ al pisarlo no siempre es peligroso, pero es necesario evaluarlo.
© UnsplahRenovar las instalaciones
Pueden parecer un asunto menos importante, pero renovar las instalaciones en una casa de pueblo antigua puede resultar también problemático. Nos encontramos electricidad con secciones insuficientes, sin toma de tierra y sin protecciones diferenciales. O fontanería con tuberías de plomo o acero galvanizado que pueden estar corroídas por dentro. En estos casos no hay que plantearse reparar, sino que hay que asumir desde el principio que debemos sustituir completamente las instalaciones.
© Studio McGee¿Es posible adaptar una casa antigua a estándares modernos de eficiencia energética?
El arquitecto responde a esta pregunta: “Sí, es posible… pero no es automático. Requiere intervenir bien y en varios frentes a la vez, y entender que no basta con instalar un sistema moderno si la casa sigue perdiendo energía por todos lados”.
- El punto de partida es el aislamiento de la envolvente: muros, cubierta y suelos. Si por ahí se escapa la energía, da igual lo eficiente que sea la instalación. Hay que aislar bien, revisar los encuentros y eliminar los puentes térmicos.
- Las ventanas son otro capítulo importante. Cambiarlas por carpinterías eficientes tiene un impacto enorme en el confort térmico y en la factura energética.
- Otro capítulo es elegir instalaciones eficientes: aerotermia, suelo radiante, sistemas de ventilación controlada… Aquí es donde la casa da el salto definitivo al siglo XXI.
Para Alberto Sanz, “la clave para acertar está en hacerlo con criterio y en orden. En una casa antigua, sellar sin ventilar puede crear problemas de condensación peores que los que intentabas resolver. La eficiencia energética en este tipo de viviendas es cuestión de equilibrio”.
© The Soho Lighting CompanyLa decoración de una casa de pueblo
Una vez hemos conseguido reformar por completo una casa antigua, cuando ya se han reparado estructura, cubierta e instalaciones, llega el momento de pensar en la decoración. Para Alberto Sanz, “la primera clave es no pasarse. Una casa de campo ya tiene personalidad propia y el mayor error es intentar imponerle otra. A partir de ahí lo que suele funcionar es apostar por materiales naturales y honestos: madera, piedra, lino, algodón, cerámica, etc. Materiales que envejecen bien y que no desentonan con el entorno. Lo sintético suele chirriar”, explica.
En cuanto a la paleta de color, esta debería ser contenida: blancos rotos, tierras, grises cálidos. El paisaje ya pone el color; la casa no necesita competir con él. “Y, para dar vida al espacio, podemos apostar por la mezcla de épocas: una pieza antigua junto a algo contemporáneo, en equilibrio, sin que parezca un decorado de época ni una casa de diseño sin alma. Y, lo más importante, algo que se suele olvidar: que sea cómoda. Una casa de campo es un lugar para desconectar, para estar, para respirar. Si no te apetece tirarte en el sofá, es porque algo ha fallado”, nos cuenta el arquitecto.




