Educación

Juan del Val y el impacto del fracaso escolar: "La identidad no debe quedar definida por una etapa difícil de la vida, sino por la posibilidad de aprender, cambiar y construir nuevas oportunidades"


El autor ha confesado que le supuso una herida y que no lo superó hasta que no recibió psicoterapia analítica


Juan del Val© Europa Press via Getty Images
22 de octubre de 2026 a las 19:31 CEST

Cuando Juan del Val llamó a su madre para comunicarle que había ganado el Premio Planeta 2024 por su novela Vera, una historia de amor, ella le respondió con una frase que resumía años de dificultades compartidas: "¡Con lo que hemos pasado tú y yo!". Así lo recordó el propio escritor poco después de recibir el galardón en El Hormiguero, programa al que regresa este jueves cuando se cumple un año de aquel momento tan especial. Y es que, aunque el Premio Planeta no es una competición al uso, para él supuso una auténtica victoria personal. Detrás de ese reconocimiento estaba también la historia de un adolescente que, según sus propias palabras, vivió "un fracaso escolar y académico estrepitoso".

Aquel tropiezo resultaba especialmente difícil de encajar en una familia en la que los estudios tenían un enorme valor. Procedentes de un entorno humilde, la formación había sido la herramienta que les había permitido mejorar su situación. Del Val contaba que tiene once primos del lado de su familia materna y que todos ellos eran ingenieros; él, por tanto, fue el único que no pasó por la Universidad. Sin embargo, el tiempo también ha demostrado que el éxito académico no es la única vía para desarrollar el talento. Convertido en uno de los escritores y comunicadores más reconocidos del país, Juan del Val ha acreditado con creces su valía profesional, desmontando la idea de que las dificultades escolares determinan necesariamente el futuro de una persona.

"Ese fracaso a mí me creó una herida; una herida que yo no sabía solucionar, y esa herida se la trasladé a mis padres", confesaba. "Al final tú ves a tu hijo sufrir, tú sufres y ves que no hay salida". Por eso creyó durante mucho tiempo que su fracaso escolar era también el fracaso de ellos "y que los estaba convirtiendo en alguien que había fracasado en mi educación, con un montón de valores que me habían dado, y eso me marcó hasta un punto en el que salí y salí mal".

Sin duda, un peso demasiado grande para un adolescente, más aún teniendo en cuenta que dicho fracaso "venía condicionado por un montón de circunstancias", según decía el propio autor sin entrar en más detalles. ¿Cómo ayudar a un hijo que se encuentra en una situación similar? ¿Qué señales pueden indicar que detrás del bajo rendimiento académico hay otros problemas que necesitan atención? ¿Y cómo actuar antes de que el joven termine abandonando los estudios? Sobre ello hemos hablado con Esther Verdaguer, doctora en Psicología y coordinadora del Centro de Psicoterapia Itersia, quien pone el foco en aspectos clave que a menudo pasan desapercibidos para las familias.

El objetivo no debe ser únicamente aprobar, sino comprender qué está ocurriendo y ayudar al adolescente a recuperar su motivación y su sensación de capacidad.

Esther Verdaguer, doctora en Psicología y coordinadora del Centro de Psicoterapia Itersia

Juan del Val ha hablado de "años de sufrimiento y mucho dolor" tras su fracaso académico. ¿Qué impacto emocional puede tener en un adolescente sentir que no encaja en el sistema educativo?

Sentir que no encaja en el sistema educativo puede tener un impacto emocional importante en un adolescente, ya que esta etapa es fundamental para desarrollar la autoestima y la identidad personal. Cuando un joven no consigue adaptarse al ritmo académico o a las exigencias escolares, puede empezar a sentirse inferior, incapaz o diferente a los demás. Esto puede generar frustración, ansiedad, tristeza, aislamiento social y una pérdida progresiva de confianza en sí mismo.

Además, existe el riesgo de que confunda sus dificultades académicas con su valor como persona, llegando a pensar que no es inteligente o que no será capaz de conseguir nada en la vida. Por eso, es fundamental comprender que tener dificultades en los estudios no significa carecer de capacidades ni de futuro. Cada adolescente tiene sus propios ritmos, talentos y formas de aprender

Juan del Val ha explicado que su fracaso supuso una decepción para él y para su entorno. ¿Cómo afecta a un adolescente percibir que está defraudando las expectativas de su familia?

Percibir que está defraudando a su familia puede generar sentimientos de culpa, vergüenza y miedo al rechazo. El adolescente puede interpretar los resultados académicos como una decepción personal para sus padres y sentir que debe cumplir determinadas expectativas para recibir su aprobación.

Esta presión puede provocar ansiedad, desmotivación y dificultades para comunicarse con la familia, especialmente si el joven siente que no puede expresar sus problemas sin ser juzgado. En algunos casos, puede llegar a ocultar sus suspensos o abandonar sus esfuerzos académicos por miedo a volver a fracasar.

Desde la psicología, es importante que los padres transmitan que su cariño no depende de las notas. El adolescente necesita sentirse aceptado por quien es, no únicamente por lo que consigue. Un entorno familiar comprensivo y de apoyo favorece que pueda afrontar sus dificultades y recuperar la confianza en sí mismo.

Juan del Val gana el Premio Planeta 2025© GTRES
Juan del Val gana el Premio Planeta 2025

Si ya, por lo general, el fracaso escolar es una decepción para la familia, en el caso del autor lo fue más porque los estudios fueron lo que permitieron a sus padres crecer y salir de un entorno poco propicio.  Además, por parte de madre son 11 primos y todos ingenieros; el único que no ha pasado por la Universidad es él. ¿Cómo vive un niño o un adolescente esa presión? ¿Puede ser un impulso para crecer o más bien un lastre?

Cuando un adolescente crece en una familia en la que los estudios universitarios representan el éxito y la posibilidad de mejorar las condiciones de vida, puede sentir que tiene la obligación de seguir el mismo camino. Si, además, todos sus primos han ido a la universidad, puede compararse constantemente con ellos y experimentar sentimientos de inferioridad, frustración o vergüenza.

Esta presión puede convertirse en un impulso cuando el joven la interpreta como una motivación y cuenta con apoyo emocional para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, puede convertirse en un lastre cuando siente que debe cumplir esas expectativas para ser querido, aceptado o considerado valioso por su familia.

En estas circunstancias, el adolescente puede llegar a construir su identidad desde la comparación con los demás, en lugar de descubrir sus propios intereses y capacidades. Por eso, es importante que la familia comprenda que el éxito no tiene un único camino y que existen diferentes formas de desarrollarse personal y profesionalmente. La clave está en acompañar al joven para que encuentre su propio camino, sin hacerle sentir que su valor depende de continuar la tradición familiar.

Cuando un niño o un adolescente va encadenando suspensos, ¿qué se puede hacer para reconducir la situación antes de que llegue el fracaso escolar?

Lo primero es identificar las causas de las dificultades académicas, evitando interpretar los suspensos como una falta de esfuerzo o de interés. Detrás de ellos puede haber dificultades de aprendizaje, problemas emocionales, acoso escolar, falta de motivación, conflictos familiares o métodos de estudio poco adecuados.

Es importante actuar cuanto antes mediante las siguientes medidas:

· Escuchar sin juzgar: preguntarle cómo se siente y qué dificultades encuentra, evitando los reproches y las comparaciones.

· Identificar las causas: colaborar con el profesorado y, si es necesario, con profesionales de la psicología o de la orientación educativa.

· Establecer objetivos realistas: dividir las tareas en pequeños pasos para que pueda experimentar avances y recuperar la confianza.

· Reforzar el esfuerzo y los progresos: reconocer la constancia y las mejoras, no solamente las calificaciones.

· Adaptar el apoyo educativo: buscar técnicas de estudio, recursos o adaptaciones que respondan a sus necesidades.

· Cuidar el bienestar emocional: favorecer el descanso, las relaciones sociales, el ocio y un ambiente familiar seguro.

El objetivo no debe ser únicamente aprobar, sino comprender qué está ocurriendo y ayudar al adolescente a recuperar su motivación y su sensación de capacidad. Cuanto antes se intervenga, menores serán las posibilidades de que las dificultades académicas se conviertan en una experiencia prolongada de fracaso personal.

Juan del Val recuerda como traumática su experiencia laboral en la construcción cuando era todavía muy joven. ¿Qué ocurre cuando un adolescente se ve obligado a asumir responsabilidades adultas antes de tiempo?

Cuando un adolescente se ve obligado a asumir responsabilidades adultas antes de estar preparado emocionalmente, puede experimentar una pérdida de seguridad y de libertad propias de su etapa evolutiva. En lugar de dedicar tiempo a estudiar, relacionarse y descubrir quién es, debe afrontar preocupaciones relacionadas con el trabajo, la supervivencia económica o las obligaciones familiares.

Esta situación puede generar estrés, agotamiento, frustración y sentimientos de soledad. También puede hacer que el joven sienta que ha perdido oportunidades que otros adolescentes sí han tenido.

Desde el punto de vista psicológico, estas experiencias pueden dificultar el desarrollo de la identidad y la regulación emocional, especialmente si el adolescente no cuenta con adultos de confianza que le proporcionen apoyo. No obstante, asumir responsabilidades tempranas no conduce necesariamente a consecuencias negativas. En un entorno seguro, algunas responsabilidades pueden fomentar la autonomía y la madurez. El problema aparece cuando son excesivas, se imponen por necesidad y sustituyen las experiencias y los apoyos que el joven necesita durante su desarrollo

La identidad no debe quedar definida por una etapa difícil de la vida, sino por la posibilidad de aprender, cambiar y construir nuevas oportunidades.

Esther Verdaguer, doctora en Psicología y coordinadora del Centro de Psicoterapia Itersia

¿Puede la incorporación precoz al mundo laboral reforzar sentimientos previos de fracaso o exclusión?

Sí. Si un adolescente empieza a trabajar después de vivir una experiencia de fracaso escolar, puede interpretar su incorporación al mundo laboral como una confirmación de que no ha sido capaz de seguir el camino educativo de los demás.

Si, además, el trabajo es duro, poco gratificante o se desarrolla en condiciones difíciles, puede aumentar su sensación de exclusión y reforzar pensamientos negativos sobre sí mismo. También puede experimentar vergüenza al compararse con sus compañeros, que continúan estudiando, o sentir que sus oportunidades de futuro son más limitadas. Sin embargo, el trabajo también puede convertirse en una experiencia positiva si le permite desarrollar habilidades, adquirir autonomía y descubrir capacidades que no había podido demostrar en el ámbito académico.

Por tanto, el efecto depende de las circunstancias, de las condiciones laborales y del significado que el adolescente atribuya a esa experiencia. Es fundamental que no interprete una dificultad escolar como una condena permanente ni como una limitación de sus posibilidades futuras.

Nuria Roca y Juan del Val© nuriarocagranell
Son una de las parejas más relevantes del mundo televisivo

¿Cómo afecta a la construcción de la identidad pasar de las aulas al trabajo y, en concreto, a uno tan duro en una etapa tan temprana?

La adolescencia es una etapa clave para construir la identidad personal, descubrir intereses y desarrollar un sentido de pertenencia. Cuando un joven abandona las aulas y comienza a trabajar en un entorno exigente, puede experimentar una ruptura con la trayectoria vital que esperaba para sí mismo.

Si el cambio se produce tras una experiencia de fracaso, puede construir una imagen de sí mismo asociada a la incapacidad, la exclusión o la falta de oportunidades. Un trabajo físicamente duro, especialmente si carece de apoyo o reconocimiento, puede intensificar esa percepción y limitar el tiempo disponible para explorar otros intereses y proyectos.

También puede provocar una maduración forzada: el adolescente aprende a asumir obligaciones, pero quizá no dispone de suficiente espacio para expresar sus emociones, equivocarse o recibir cuidados. Aun así, estas experiencias no determinan necesariamente su futuro. Con apoyo emocional, oportunidades formativas y experiencias de éxito, puede reconstruir su autoestima y desarrollar una identidad más sólida.

La identidad no debe quedar definida por una etapa difícil de la vida, sino por la posibilidad de aprender, cambiar y construir nuevas oportunidades.

Cuenta que se sometió durante cinco años a un tratamiento de psicoterapia analítica y que eso fue lo que le salvó. ¿En qué consiste este tipo de terapia?

La psicoterapia analítica es un tipo de tratamiento psicológico basado en la comprensión de los conflictos emocionales, las experiencias pasadas y los patrones de relación que influyen en la forma en que una persona piensa, siente y actúa. Dentro de este ámbito existen distintos enfoques, como la psicoterapia psicodinámica y la psicoterapia de orientación psicoanalítica.

El objetivo es ayudar a la persona a comprender mejor su mundo emocional, identificar conflictos que pueden estar influyendo en su malestar y desarrollar formas más saludables de relacionarse consigo misma y con los demás.

Habitualmente, el proceso se desarrolla mediante conversaciones con un profesional de la psicología o la psicoterapia, en un espacio confidencial y seguro. A través de la exploración de las experiencias personales, las emociones, los pensamientos y las relaciones significativas, la persona puede reconocer patrones que antes no identificaba.

En el caso de alguien que ha vivido el fracaso escolar como una experiencia profundamente dolorosa, este tipo de terapia puede ayudarle a trabajar sentimientos de inferioridad, culpa, vergüenza o rechazo, así como a separar su autoestima de los resultados académicos. La duración depende de las necesidades de cada persona. Algunos procesos son breves y focalizados, mientras que otros pueden prolongarse durante años.

Es importante señalar que la psicoterapia no borra lo ocurrido ni garantiza resultados concretos, pero puede ayudar a comprender las experiencias vividas y a construir una relación más saludable con uno mismo.

Juan del Val cuando era niño© juandelval
Juan del Val cuando era niño

¿A partir de qué edad se puede aplicar y en qué casos?

La psicoterapia de orientación analítica puede aplicarse desde la infancia, siempre que se adapte a la edad, al nivel de desarrollo y a las necesidades del niño. No existe una edad mínima universal, ya que la intervención depende del enfoque terapéutico y de las características de cada caso.

· En la infancia: se puede trabajar mediante el juego, el dibujo, los cuentos y la relación terapéutica, ya que los niños pequeños no siempre pueden expresar verbalmente sus emociones.

· En la adolescencia: se utilizan principalmente la conversación y la exploración de emociones, conflictos familiares, autoestima, relaciones sociales y construcción de la identidad.

· En la edad adulta: se pueden abordar experiencias pasadas, dificultades emocionales, conflictos interpersonales y patrones de comportamiento que generan malestar.

Este enfoque puede ser útil ante problemas de autoestima, ansiedad, tristeza persistente, dificultades en las relaciones, conflictos familiares o experiencias dolorosas que continúan afectando al bienestar emocional.

En situaciones de fracaso escolar, puede ayudar cuando el problema no se limita a las calificaciones, sino que también afecta a la identidad, la autoestima o las relaciones familiares. No obstante, conviene valorar cada caso individualmente y combinar la terapia, cuando sea necesario, con apoyo educativo u otras intervenciones psicológicas.

En niños y adolescentes, también es importante trabajar con la familia cuando resulte adecuado, para mejorar la comunicación y crear un entorno que favorezca su bienestar.