El pueblo de Ávila que vio nacer a Isabel la Católica: murallas medievales, bodegas y una historia que cruza el Atlántico


De un palacio real a las huellas de un humanista que hizo historia en México, este rincón de la Moraña guarda muchos más secretos de los que cabría imaginar


Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Shutterstock
22 de octubre de 2026 a las 18:30 CEST

Una llega a este pueblo en mitad de la llanura castellana, atraída por conocer el lugar donde nació la reina Isabel la Católica, y se va sorprendida al descubrir una villa con una historia bárbara y todo lo que guarda alrededor de la muralla que la abraza, que, por cierto, no se parece en nada a la de Ávila, porque esta no es de piedra, sino de ladrillo —como mandan los cánones mudéjares—, aunque casi la iguala en perímetro: 2,3 kilómetros frente a los 2,5 de la capital abulense.

Estatua de Isabel la Católica en el parque Tata Vasco, Madrigal de las Altas Torres, Avila© Esperanza Moreno
Estatua de Isabel la Católica en el parque Tata Vasco.

Puertas, torreones, lienzos de tapial y ladrillo dan forma a esta cerca medieval ovalada que llegó a contar con hasta 80 torreones —hoy conserva algo más de una veintena— y cuatro grandes accesos orientados hacia los caminos que conducen a otras importantes localidades del entorno. Al norte, la de Medina; al este, la de Arévalo; al sur se abría la de Peñaranda, hoy desaparecida; y al oeste se encuentra la de Cantalapiedra, la más fotogénica, con su arco apuntado flanqueado por dos torres. Accedemos al caserío por la de Medina y en él vamos de sorpresa en sorpresa, porque en este cogollo monumental hay nada menos que un palacio real, cuatro iglesias, dos conventos, un real hospital, un buen número de casas solariegas con escudos en sus fachadas y muchas, muchas historias de los personajes que la engrandecieron. La más destacada, la reina Isabel de Castilla, que nació en Madrigal en 1451, pero también humanistas, eruditos, santos y hasta conspiradores ambiciosos de un reino.

Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Esperanza Moreno
Patio del Monasterio de Nuestra Señora de Gracia.

LA PLAZA DEL CRISTO

Ningún sitio mejor para empezar a tirar del hilo que la plaza del Cristo, un espacio amplio y despejado, casi una lonja medieval, enmarcada por dos edificios que hablan de la importancia que tuvo Madrigal en la Castilla del siglo XV: el palacio donde nació la reina y el Real Hospital de la Purísima Concepción, con su elegante fachada de granito y sus dos pisos de columnas, que acoge la oficina de turismo.

Claustro del Monasterio de Santa María de Gracia, Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Esperanza Moreno
Claustro del Monasterio de Santa María de Gracia.

Hay que pasar por ella para reservar la entrada en el antiguo palacio de Juan II, hoy monasterio de Nuestra Señora de Gracia, donde vive una comunidad de monjas agustinas de clausura. De la mano de una de ellas y con el sonido de las campanas de fondo llamando a las hermanas al rezo, recorremos sus distintas estancias visitables: el amplísimo claustro, la escalera regia —atención a su artesonado mudéjar—, la sala Capitular —donde se llegaron a celebrar Cortes—, el salón de Embajadores, la Capilla Real —en el coro bajo, un panteón renacentista de alabastro acoge los restos de varias mujeres de sangre real— hasta llegar a la alcoba donde nació Isabel la Católica, una estancia mucho más sencilla de lo que cabría imaginar para una futura reina.

Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, Madrigal de las Altas Torres, Avila

LA CONEXIÓN MEXICANA

A Vasco de Quiroga, otro de los grandes personajes de Madrigal, se le recuerda en el Real Hospital de la Purísima Concepción, que María de Aragón, la primera esposa de Juan II, fundó justo enfrente. Tan interesante que este otro hijo ilustre nacido en este pueblo abulense cruzó el Atlántico y llegó a ser el primer obispo de Michoacán. Gracias a su labor y a su gran defensa de las comunidades indígenas, se ganó el sobrenombre de Tata Vasco, una expresión que se traduce como “padre” o “señor” y que aún hoy se utiliza en México. El parque que está al lado lleva su nombre y una escultura de bronce recuerda al humanista “padre de los indios” en la plaza donde se encuentra la iglesia de Santa María del Castillo.

Iglesia de Santa María del Castillo, Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Esperanza Moreno
Iglesia de Santa María del Castillo.

Encaramada en el punto más alto de la villa, hay que rodear este templo románico-mudéjar para ver sus ábsides asimétricos y, después, entrar a su interior para contemplar las pinturas murales que permanecieron ocultas tras su retablo barroco y han emergido ‘milagrosamente’ en la cabecera.

Pinturas murales de la iglesia de Santa María del Castillo, Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Ayuntamiento de Madrigal
Pinturas murales de la iglesia de Santa María del Castillo.

Junto a una vieja olma centenaria se admira una amplia panorámica del paisaje morañego y, cerca, el monasterio de Extramuros, del que solo quedan unas ruinas, pero suficientes para entender su empaque e imaginar su historia. Una historia larga, porque fue cátedra universitaria, testigo de peripecias políticas, refugio de la infanta Isabel cuando salió huyendo de un matrimonio concertado por el rey, su hermano y rival, y el lugar donde dejó de vivir, aunque no de existir, Fray Luis de León.

La torre de San Nicolás de Bari sobresale sobre los tejados de Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Shutterstock
La torre de San Nicolás de Bari sobresale sobre los tejados de Madrigal.

Milenaria vigía del pueblo es la torre de ladrillo de la iglesia de San Nicolás de Bari, que ayuda a entender el nombre de Madrigal de las Altas Torres. Un templo románico-mudéjar que por dentro guarda un magnífico artesonado de nogal y una historia de esas que demuestran que restaurar también puede ser un trabajo de arqueología: al desmontar el coro aparecieron piezas de distintas épocas que habían terminado encajadas unas con otras, desde sillería gótico-mudéjar hasta fragmentos de un antiguo retablo. Su recuperación, que devolvió cada elemento a su lugar, le hizo merecedora en 2008 del Premio Europa Nostra.

Puerta de Cantalapiedra, Madrigal de las Altas Torres, Ávila© Shutterstock
Puerta de Cantalapiedra.

Madrigal está lleno de fachadas que piden levantar la vista y de antiguos palacios que recuerdan que por aquí hubo bastante más trajín del que deja imaginar su apacible aspecto actual. Uno de ellos es el palacio de Soto de Vergara (Arco de Piedra), que perteneció al médico de los Reyes Católicos; otro, el de Fernández de la Mela, el de Ruiz de Medina... Y luego está la calle del Tostado, dedicada a otro personaje nacido aquí: Alonso Fernández de Madrigal, teólogo, humanista y obispo de Ávila en el siglo XV. Escribió tanto que su apellido acabó dando nombre a una expresión popular que todavía se usa: “escribir más que el Tostado”.

Bodega de los Frailes, Madrigal de las Altas Torres, Ávila
Bodega de los Frailes.

Entre tanta reina, tanto humanista y tanto convento, conviene reservar un rato en el callejeo para la vida cotidiana: hacer una pausa y sentarse en El Soportal, en la plaza de San Nicolás, o en Sito, en la calle del Baile, para tomar unas tapas típicas o comer. Los vinos de la zona, mejor probarlos en la Bodega de los Frailes, que los agustinos del convento de Extramuros levantaron hace casi tres siglos para dar cabida a su producción, elaborada con uva verdejo.

Recorriendo los cañones abovedados de la bodega monacal, se descubre que aquello no era una pequeña cueva donde guardar unas cuantas tinajas, sino una instalación pensada para una producción considerable. Los frailes, que sabían de vino y de logística, eligieron la parte alta de la villa, con un terreno firme y sin humedades, para situar el lagar y ahorrarse el transporte. Aquella tradición permanece y hoy, con las uvas que crecen en los viñedos que rodean el pueblo, se elabora Ysabel de Madrigal, en la D.O. Rueda. Un nombre que no podía ser otro para un vino que rinde homenaje a la reina que nació entre estos muros y cuyo recuerdo sigue tan presente en la villa.