La reflexión de Eduardo Mendoza sobre la lectura en la infancia: "Una de las pocas funciones de un padre es leer un poco cada día a sus hijos cuando todavía no tienen la costumbre"


Aprovechando la reivindicación del valor de la lectura en casa que hizo el escritor, el profesor Fernando Ariza explica cómo este pequeño ritual diario refuerza el desarrollo emocional, la creatividad y la memoria afectiva de los más pequeños


Eduardo Mendoza© Europa Press via Getty Images
16 de octubre de 2026 a las 19:02 CEST

"Una de las pocas funciones de un padre es leer un poco cada día a sus hijos cuando todavía no tienen la costumbre, para inculcarles el vicio incurable de la lectura". Con estas palabras reivindicaba el escritor Eduardo Mendoza el valor de los cuentos contados en el hogar durante su investidura como doctor honoris causa por la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Él mismo recordaba cómo Tarzán de los monos fue una novela que le leyó a él su padre y que fue con la que despertó "al mundo de la literatura y la fantasía".

Esa imagen, la de un adulto prestando su voz y su tiempo antes de dormir, no solo despierta el gusto por la literatura, sino que constituye una de las herramientas más potentes para consolidar la memoria afectiva y el bienestar de los más pequeños.

En un contexto marcado por la prisa, las pantallas y la sobreestimulación, analizamos el poder transformador de esta rutina nocturna con Fernando Ariza, profesor de Literatura de la Universidad CEU San Pablo, quien reflexiona sobre el valor del relato como nexo familiar, refugio emocional y antídoto frente al estrés diario.

Fernando Ariza, profesor de Literatura de la Universidad CEU San Pablo.© Cedida
Fernando Ariza, profesor de Literatura de la Universidad CEU San Pablo.

Eduardo Mendoza dijo esta frase: "Una de las pocas funciones de un padre es leer a sus hijos un poco cada día”. Desde el punto de vista del desarrollo emocional, ¿por qué ese rato al final del día es tan transformador para el vínculo entre padres e hijos?

Contar historias es una de las acciones que más lazos crean, a todos los niveles sociales. El ser humano es un ser que vive en comunidad gracias a los relatos que comparte. Ese mismo vínculo social existe aún más fuerte entre las familias. Leer historias es un modo de compartir relatos entre padres e hijos y con ellos no solo se agranda la capacidad narrativa, sino la unión entre ellos. Las familias son sus historias.

¿Por qué es importante este gesto para fomentar el gusto por la lectura desde pequeños?

La lectura tiene en los primeros estadios una función conectiva. El niño aprende a imaginar escenas, a enlazar argumentos y crear personajes en su cabeza, aun sin saber leer, o leyendo de forma muy rudimentaria, se sabe escuchar y los efectos son muy similares. Quien lee se cuenta una historia a sí mismo; si ya lo ha vivido desde pequeño, la capacidad narrativa se activa antes.

Leer historias es un modo de compartir relatos entre padres e hijos y con ellos no solo se agranda la capacidad narrativa, sino la unión entre ellos

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En un mundo lleno de prisa, pantallas e hiperactividad, ¿qué significa para la mente de un niño que un adulto le preste su voz, su tiempo y su presencia plena a través de un cuento?

Escuchar una historia activa toda la parte ficcional del cerebro, que es casi toda. Exige concentración y atención, pero en una pendiente suave, porque no exige una pericia lectora y porque la voz de los padres crea un ambiente familiar cercano, lo que prepara para un mundo en el que la pausa, y la dedicación tiene valor. El niño ve, además, cómo los padres le dedican atención y tiempo. Un ejemplo de lo que él luego puede vivir: dedicarle atención y tiempo a algo que le interesa.

padre leyendo a su hijo en la cama© Getty Images

Suele decirse que los niños no recordarán el juego que se les compró, pero sí la voz de sus padres leyéndoles. ¿Cómo impacta esta rutina en la construcción de su memoria afectiva?

El asociar el tiempo de calidad (y no hay mejor calidad que la lectura), acuña el recuerdo. Todos recordamos aquel cuento que nos contó o leyó nuestro padre o madre cuando apenas teníamos memoria. Es un momento que perdura, como todo lo especial. Y no solo la historia en sí, sino a nuestros padres contándola.

En el colegio la lectura suele ligarse a deberes o exámenes. ¿Cómo ayuda este momento íntimo en casa a que el niño entienda que leer es un placer y una aventura, y no una tarea académica?

Fuera de las obligaciones escolares, el tiempo de lectura se vive como algo gratuito y, por lo tanto, tiene el valor de la dádiva, del regalo. No es una obligación (aunque en ocasiones exija esfuerzo), lo que se le enseña al niño es que el conocimiento no está asociado a lo práctico, sino al placer.

Los cuentos abordan el miedo, la pérdida, la rabia o la frustración. ¿Cómo ayuda la lectura compartida a que los niños procesen sus propias emociones en un entorno seguro?

Decía Chesterton que "los cuentos de hadas son ciertos no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos", incluso los relatos de terror enseñan a los niños a que el miedo se puede dominar, poner imagen al terror ayuda a vencerlo. Es la misma utilidad que la ficción en el mundo de los adultos: vivir experiencias intensas, pero vicarias y por tanto protegidas.

Todos recordamos aquel cuento que nos contó o leyó nuestro padre o madre cuando apenas teníamos memoria. Es un momento que perdura, como todo lo especial

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Dicen que "el amor por la lectura no se enseña, se contagia". ¿Hasta qué punto el hecho de que un niño vea la pasión de sus padres al interpretar un cuento es más eficaz que decirle "tienes que leer más"?

Leer por obligación es un suplicio y no da buenos rendimientos. Es como amar, no se puede obligar y no hay voluntad que la fomente. Si lo ven como algo práctico y necesario, es más difícil que alcancen el gusto lector. Muchos adultos también ven la lectura como un ejercicio, como algo que deben hacer. No es como comer verduras hervidas o dedicar horas al gimnasio, sino como dar paseos por el campo o hacer deporte de equipo. Al principio puede dar pereza, pero la recompensa llega en el propio acto, no como su consecuencia (perder peso o crear músculo).

¿Por qué la lectura sigue siendo la mejor herramienta ritual para bajar las revoluciones del día y preparar el cerebro infantil para un descanso reparador?

La mente lectora entra en un estado de tranquilidad parecido al de la meditación. La lectura antes de dormir provoca sueños placenteros (lo contrario a las pantallas, que activan). Uno no se duerme porque el libro sea aburrido, sino porque el cerebro está tan relajado que el paso de la vigilia al sueño sucede sin escalonamientos. Está más que estudiado.