Marta Torné y su reflexión sobre la maternidad, analizada por una psicóloga: "Hay muchas formas de construir una vida plena y la maternidad es una opción, no una obligación"


"¿Es tan raro no haber tenido nunca instinto maternal?", se planteaba la actriz recientemente


Marta Torne en la presentación de 'Babylon Show, en agosto de 2024© GTRES
13 de agosto de 2026 a las 15:17 CEST

Hablar libremente sobre no querer tener hijos sigue siendo, en muchos entornos, una materia pendiente. Recientemente, la actriz y presentadora Marta Torné decidió poner el tema sobre la mesa en el pódcast Somos estupendas para sincerarse como nunca sobre su decisión de no ser madre. Con 48 años y una visión serena de su vida, Torné abordó el impacto que le generó recibir la "presión del reloj biológico" en una consulta ginecológica. "¿Es tan raro no haber tenido nunca instinto maternal? Es algo que pienso a veces, el no haber tenido nunca ganas de tener hijos. Todo comenzó cuando tenía 34 años y fui a una revisión ginecológica. Me hicieron unas analíticas hormonales y me preguntaron si quería tener hijos; me veía muy joven, que no lo era tanto, y dije que no me lo había planteado", apuntaba la actriz. 

"Mi situación era para empezar un proceso de tratamiento hormonal, y en cinco segundos tuve claro que no quería un tratamiento", ha explicado, añadiendo que su pareja siempre estuvo a su lado y le dijo que le acompañaría en lo que decidiera, "pero no tenía presión".

Las confesiones de la actriz abren una conversación necesaria: ¿hasta qué punto la presión social condiciona la maternidad? ¿Es el instinto maternal un hecho biológico o un mito cultural? Analizamos junto a la psicóloga Leticia Martín Enjuto las reflexiones de Marta Torné para comprender cómo la autoexigencia, las expectativas del entorno y los modelos de crianza influyen en las mujeres a la hora de decidir.

Leticia Martín Enjuto, psicóloga© Leticia Martín Enjuto
Leticia Martín Enjuto, psicóloga

Marta Torné comenta que le resultó impactante que a los 34 años su ginecólogo le dijera que "tenía que empezar ya" si quería tener hijos. ¿Hasta qué punto la presión médica y social aceleran o fuerzan decisiones sobre la maternidad que muchas mujeres no han tenido tiempo de madurar?

La decisión de tener hijos no depende únicamente del reloj biológico, sino también del momento emocional y vital en el que se encuentra cada mujer. Es cierto que los profesionales sanitarios deben informar sobre cómo evoluciona la fertilidad con la edad, pero esa información necesita transmitirse con sensibilidad, para que no se convierta en una fuente de angustia o de presión.

En consulta veo con frecuencia cómo muchas mujeres sienten que tienen que decidir antes de estar preparadas porque perciben que "el tiempo se acaba". Cuando una elección tan importante se toma desde el miedo a perder una oportunidad y no desde un deseo genuino, es más fácil que aparezcan dudas, ansiedad o incluso sentimientos de arrepentimiento. La información es necesaria, pero la decisión también necesita espacio para ser elaborada.

A menudo se asume que todas las mujeres sienten un "instinto maternal" en algún momento. Desde el punto de vista psicológico, ¿existe realmente ese instinto o es una construcción cultural y social que hace sentir culpables a quienes no lo experimentan?

Durante mucho tiempo se ha transmitido la idea de que todas las mujeres acabarán sintiendo un deseo irrefrenable de ser madres. Sin embargo, desde la psicología sabemos que el deseo de maternidad no es una experiencia universal. Hay mujeres que lo sienten con mucha intensidad, otras que lo descubren más tarde y otras que, sencillamente, nunca lo experimentan. El problema aparece cuando esa expectativa social se convierte en una norma. Entonces, quienes no desean tener hijos pueden llegar a cuestionarse o sentir que hay algo "mal" en ellas. Es importante normalizar que existen muchas formas de construir una vida plena y que la maternidad es una opción, no una obligación ni un requisito para sentirse realizada.

Cuando una elección tan importante se toma desde el miedo a perder una oportunidad y no desde un deseo genuino, es más fácil que aparezcan dudas, ansiedad o incluso sentimientos de arrepentimiento

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

La actriz señala que su propia madre fue del tipo "24 horas, 7 días a la semana", y que con su estilo de vida actual sentía que no podría encajar un hijo ni ser la madre que quería ser. ¿Identificas en consulta a mujeres que renuncian a ser madres no por falta de deseo, sino por la autoexigencia de no poder cumplir con un ideal perfecto de maternidad?

Sí, es una situación que aparece con bastante frecuencia. Hay mujeres que sí imaginan la maternidad en sus vidas, pero sienten que solo darán el paso si pueden hacerlo de una manera perfecta. Si creen que no podrán estar siempre disponibles, conciliar todo o responder a un ideal muy exigente de madre, prefieren renunciar antes que sentir que van a fallar.

La autoexigencia suele distorsionar la realidad porque hace creer que solo existen dos opciones: hacerlo todo impecablemente o no hacerlo. Sin embargo, una crianza saludable no necesita madres perfectas, sino personas capaces de cuidar, adaptarse y reparar cuando las cosas no salen como esperaban. Liberarse de ese ideal suele aliviar mucho la presión.

En una sociedad donde la conciliación laboral sigue siendo compleja, ¿puede haber mujeres que hayan pasado de ver la maternidad como un paso natural en la vida a verla como un sacrificio incompatible con el desarrollo personal o profesional?

Cada vez más mujeres se enfrentan a esa sensación. No porque rechacen la maternidad, sino porque perciben que, en las condiciones actuales, tener hijos puede implicar renunciar a proyectos personales, oportunidades laborales o a una parte importante de su independencia. Esto no refleja necesariamente un cambio en el deseo de ser madre, sino una adaptación a un contexto donde conciliar sigue siendo complicado. Mientras las responsabilidades familiares continúen distribuyéndose de forma desigual, muchas mujeres vivirán esa decisión con la sensación de tener que elegir entre dos aspectos fundamentales de su vida.

La actriz Marta Torné© JOSE IZQUIERDO
La actriz Marta Torné

Un detalle interesante del testimonio de Marta es que su pareja de entonces no le ejerció ninguna presión. ¿Qué papel juega el acompañamiento de la pareja en el proceso de validar o cuestionar la decisión de no ser madre?

Sentirse respetada por la pareja facilita que una mujer pueda reflexionar con tranquilidad sobre lo que realmente desea. Cuando existe un espacio donde expresar dudas sin miedo a ser juzgada o presionada, resulta mucho más sencillo tomar decisiones coherentes con los propios valores.

El acompañamiento emocional no consiste en influir para que la otra persona cambie de opinión, sino en escuchar, comprender y aceptar que una decisión tan importante necesita tiempo. Esa sensación de libertad fortalece la relación y favorece que cualquier decisión sea vivida con mayor serenidad.

Ella misma dice: "Con mis amigas de toda la vida quedamos sin críos, no soy de niños", señalando que no se ha sentido desplazada. Sin embargo, muchas mujeres no madres experimentan una especie de "duelo social" cuando su círculo se llena de bebés. ¿Cómo influye el entorno de amistades en la vivencia de la no-maternidad?

El entorno social tiene un impacto enorme en cómo vivimos nuestras decisiones. Cuando las amistades aceptan distintos estilos de vida sin emitir juicios, es mucho más fácil sentirse integrada y mantener relaciones satisfactorias aunque los caminos sean diferentes. Sin embargo, cuando el grupo cambia sus prioridades y la maternidad pasa a ocupar el centro de todas las conversaciones y actividades, algunas mujeres pueden sentir cierta distancia o la sensación de que ya no comparten el mismo momento vital. Es una especie de duelo por el cambio de etapa, más que por la ausencia de hijos.

Puede resultar muy útil imaginar dos futuros posibles: uno siendo madre y otro sin hijos. Más que analizar cuál parece más correcto, conviene observar qué emociones aparecen en cada escenario

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

Cuando una mujer decide no tener hijos, ¿a qué retos psicológicos se enfrenta al hacerse mayor en un sistema social enfocado tradicionalmente en la familia?

Uno de los desafíos más habituales es convivir con expectativas sociales que siguen muy presentes. Preguntas como "¿y no te arrepentirás?" o "¿quién cuidará de ti cuando seas mayor?" pueden generar una presión constante, incluso cuando la decisión está completamente asumida.

Con el paso de los años también es habitual reflexionar sobre el futuro, pero eso ocurre tanto en personas con hijos como sin ellos. Lo que realmente protege el bienestar psicológico es contar con relaciones significativas, una red de apoyo sólida y un proyecto de vida que aporte sentido, independientemente del modelo familiar elegido.

Si una mujer que nos lee está en esa misma encrucijada entre lo que la sociedad espera de ella y lo que realmente encaja con su vida, ¿qué ejercicio práctico o reflexión le recomendarías para tomar una decisión desde la libertad y no desde el miedo?

Le invitaría a detenerse un momento y preguntarse: "¿Esta decisión nace de lo que yo deseo o de lo que siento que esperan los demás de mí?". Diferenciar la propia voz de las expectativas externas es uno de los ejercicios más importantes cuando hablamos de maternidad. También puede resultar muy útil imaginar dos futuros posibles: uno siendo madre y otro sin hijos. Más que analizar cuál parece más correcto, conviene observar qué emociones aparecen en cada escenario. A veces, la respuesta no está en la lógica, sino en aquello que nos hace sentir más coherentes con la vida que realmente queremos construir.