Hay amistades que crecen casi en paralelo: los días de instituto o universidad, los primeros amores, los viajes improvisados, las dudas compartidas y esa sensación de caminar al mismo ritmo. Pero cuando una se convierte en madre y la otra no, ese compás puede desajustarse. No por falta de cariño, sino porque de pronto las prioridades, los tiempos y las experiencias dejan de coincidir.
Surgen silencios, incomodidades y miedos que rara vez se verbalizan: la madre teme parecer “intensa” hablando de su bebé, mientras que la amiga sin hijos puede pensar que sus propias preocupaciones suenen pequeñas. Ambas quieren cuidarse, pero ninguna sabe muy bien cómo acercarse sin invadir. ¿Cómo evitar que esa distancia natural se convierta en un abismo emocional? Sobre ello hablamos con Ana Raya Muro, psicóloga y divulgadora, que nos ayuda a entender cómo sostener la conexión sin que ninguna sienta que la otra “no entiende” su vida.
¿Por qué piensa que este tema genera tanta incomodidad y silencios entre mujeres que se quieren?
Porque muchas veces las amistades se sostienen sobre una sensación de compartir etapa vital. Cuando una mujer se convierte en madre y la otra no, empiezan a aparecer experiencias, rutinas y prioridades muy distintas, y eso puede generar miedo a no sentirse comprendidas. Muchas veces ninguna quiere hacer daño, pero ambas sienten cierta inseguridad sobre cómo acercarse a la otra sin invadir o incomodar.
Por una parte pueden aparecer emociones como culpabilidad o creencias del tipo 'no quiere saber mucho de mi embarazo', 'no quiero ser demasiado intensa con el tema'.
Por otra parte, emociones como inseguridad o creencias del tipo 'y si nunca quiero serlo', 'estoy dejando pasar mi momento' o 'estoy eligiendo mi tiempo', suelen ser algo muy normal.
¿Qué cambios vitales hacen que, cuando una tiene hijos y la otra no, la relación se desajuste?
La maternidad no nos define como mujeres, pero la elección de serlo a veces sí. Crear una vida es una de las decisiones mas grandes cambiantes y responsables del mundo. Esta suele transformar 360 grados la vida cotidiana, el tiempo disponible, las prioridades y también la identidad. De repente, una de las dos amigas puede sentir que vive en un mundo completamente distinto. Mientras una está centrada en la crianza, el cansancio o la conciliación, la otra quizá está enfocada en su carrera profesional, viajes, relaciones o proyectos personales. No es que una vida sea más importante que la otra, pero sí requieren energías, tiempos diferentes y, por supuesto, ajustes de prioridades y expectativas.
¿Es normal que aparezca la sensación de “ya no hablamos el mismo idioma”?
Sí, es completamente normal. Las experiencias vitales y su interpretación influyen en la manera en la que vemos el mundo y en aquello que ocupa nuestro día a día. El problema no es sentir esa distancia en algunos momentos, esto forma parte de la vida y sería engañarnos pensar que no hay rachas en las que van a sentir más lejos, sino interpretar que eso significa que ya no podemos encontrarnos. Muchas amistades necesitan reaprender cómo relacionarse en las nuevas etapas y esto precisamente es lo que las hace mas fuertes y reales.
Mientras una de las amigas está centrada en la crianza, el cansancio o la conciliación, la otra quizá está enfocada en su carrera profesional, viajes, relaciones o proyectos personales
¿Qué necesidades emocionales cambian en una mujer cuando se convierte en madre?
Muchas mujeres necesitan sentirse sostenidas emocionalmente, comprendidas y acompañadas en una etapa donde suele haber mucho cansancio, culpa y exigencia. La atención se suele centrar mucho en el bebé, cómo está, qué necesita, cómo está evolucionando… y ella suele quedar en un segundo plano en el que siente que todo es nuevo y también necesita que la sostengan, aparece una gran necesidad de validación, porque la maternidad puede remover muchas inseguridades y generar una sensación constante de “¿lo estaré haciendo bien?”.
¿Y cuáles son las necesidades emocionales que, por su parte, tiene una mujer sin hijos que a veces quedan invisibilizadas?
A veces las mujeres sin hijos sienten que sus preocupaciones o dificultades pierden espacio o importancia frente a la maternidad, como si su cansancio, sus dudas o sus procesos vitales fueran menos válidos. Y eso puede generar mucha soledad. Todas las personas necesitamos sentir que nuestra vida emocional también merece atención y escucha, independientemente de si somos madres o no. También puede aparecer la sensación de inseguridad de 'voy a esta sola siempre', 'lo estaré haciendo bien si no tengo hijos', 'voy tarde'…
Y no, no eres egoísta por no quererlo, ni inmadura por no estar lista aún, ni indecisa por dudar, solo tienes derecho a elegir con conciencia y no urgencia.
¿Cómo puede una amiga sin hijos acompañar sin sentir que debe “saber” de maternidad?
No hace falta entender la maternidad desde dentro para acompañar bien a una amiga. Muchas veces lo más importante no es tener respuestas, sino estar presente desde la curiosidad, la escucha y el cariño. Preguntar “¿cómo estás?, ¿qué necesitas?, ¿qué te apetece hacer según como te encuentres?" o “me he acordado de ti con esto”, puede ser muchísimo más valioso que intentar aconsejar.
La amistad no va de saber acerca de todo lo que esta pasando tu amiga y tener los mejores consejos, sino mas bien de acompañar en etapas y construir experiencias juntas.
¿Cómo puede una amiga con hijos mostrar interés por la vida de la otra sin que el cansancio o la falta de tiempo lo impidan?
A veces pensamos que cuidar una amistad requiere muchísimo tiempo, y no siempre es así. Un mensaje corto, una llamada de diez minutos o preguntar por algo importante para la otra persona ya puede marcar la diferencia. Lo importante es que la otra amiga siga sintiendo que hay interés y espacio para ella dentro del vínculo.
La amistad no va de saber acerca de todo lo que esta pasando tu amiga y tener los mejores consejos, sino mas bien de acompañar en etapas y construir experiencias juntas
¿Cómo evitar la sensación de que una “ha avanzado” y la otra “se ha quedado atrás”?
Es importante entender que no existe una única manera correcta de construir una vida. La presión social nos ha hecho asociar ciertas etapas (como la maternidad, la pareja o determinados logros) con una idea de éxito o evolución personal. De hecho, la tendencia ahora vuelve a ser que las mujeres tengan hijos mas jóvenes y esto puede sentirse como presión en muchas vidas. Sabemos la dificultad que existe tristemente a día de hoy con respecto a encontrar oportunidades laborales y esto juega mucho en contra. Además las redes sociales nos muestran vidas perfectas con hijos a temprana edad y la realidad es que si no se construye un proyecto común da igual si es rápido o lento pero es difícil que esto se sostenga en el tiempo. Cada persona tiene tiempos, deseos y caminos distintos. Comparar vidas tan diferentes suele generar mucho sufrimiento innecesario y sobre todo hacerlo en nuestros momentos mas vulnerables es muy injusto.
¿Qué papel piensa que juega la presión social en estas comparaciones?
Un papel enorme, es como si un reloj interno no dejara de hacer ruido. Socialmente seguimos recibiendo muchos mensajes sobre cómo “debería” ser la vida de una mujer según su edad o circunstancias, opiniones tipo “no tendríais que dejarlo mucho”, “tener hijos mayor es peor”, advertencias tipo “nunca es un buen momento”, o preguntas como “¿cuándo os pensáis poner?” Para las cuales no hay respuestas… Y eso hace que, muchas veces, aparezcan comparaciones constantes. Cuando entramos en esa mirada comparativa es fácil desconectarnos de nuestras propias necesidades y empezar a sentir que siempre nos falta algo, aparte de no reconoceros y dudar de nuestros objetivos.
¿Qué gestos pequeños mantienen viva la amistad cuando las vidas van por caminos distintos?
La flexibilidad, la empatía y los pequeños gestos cotidianos. Entender que la amistad esta atravesando un proceso y en esta etapa puede no haber la misma frecuencia de antes, o los momentos juntas estarán adaptados a las circunstancias de cada una, pero sí puede seguir teniendo calidad. Buscar pequeños momentos de conexión ayudan muchísimo a mantener el vínculo vivo.
Cuando hay cariño, comunicación y capacidad para validar la realidad de la otra persona, las amistades pueden transformarse y volverse incluso más profundas y maduras.
¿Cuándo la distancia deja de ser natural y empieza a ser un síntoma de que la amistad se está deteriorando?
Cuando deja de haber interés mutuo, cuando la relación empieza a sentirse unilateral o cuando ya no existe espacio emocional para la otra persona. Las amistades sanas pueden atravesar etapas de más distancia, pero siguen sosteniéndose desde el afecto, el cuidado y la intención de encontrarse en algún momento de la vida, más adelante.
¿Qué claves daría para que estas amistades no solo sobrevivan, sino que se transformen y crezcan?
Aceptar que las amistades cambian con las etapas vitales y que eso no significa necesariamente perderse. Muchas veces crecer como amigas implica dejar atrás la idea de “hacer todo juntas” y aprender a acompañarse desde lugares nuevos. Cuando hay cariño, comunicación y capacidad para validar la realidad de la otra persona, las amistades pueden transformarse y volverse incluso más profundas y maduras







