Hoy 12 de agosto, millones de personas levantaremos la mirada al cielo para contemplar uno de esos fenómenos que probablemente recordaremos toda la vida. España es uno de los lugares privilegiados desde los que podremos observar el eclipse total de sol, el primero visible desde la Península en más de un siglo. Y, como es lógico, móviles, cámaras y telescopios estarán preparados para inmortalizar el momento. Sin embargo, hay algo mucho más importante que preparar antes: nuestros ojos. Los consejos para ver de forma segura el eclipse ya los sabes. Pero conviene repasarlos para evitar disgustos. Y es que, según nos dicen los oftalmólogos, no hay que quitarse las gafas en ningún momento.
Porque el hecho de que el sol quede oculto por la luna no significa que podamos mirarlo directamente. Ni siquiera durante unos segundos. De hecho, los especialistas del grupo oftalmológico Miranza advierten de que hacerlo sin la protección adecuada puede provocar una retinopatía solar, una lesión producida por el daño fotoquímico y térmico que ocasiona la radiación solar sobre la mácula.
Y existe una circunstancia que hace que este problema resulte especialmente peligroso: podemos estar dañándonos los ojos sin sentir absolutamente nada mientras contemplamos el eclipse.
Qué es la retina y qué funciones tiene
Cuando algo amenaza nuestros ojos, nuestra reacción instintiva suele ser evitarlo, cerrarlos o buscar soluciones. Si entra una mota de polvo, escuece; si nos deslumbra una luz intensa, cerramos los párpados. Con la retina, sin embargo, no pasa lo mismo.
Es parte del ojo es una fina capa de tejido nervioso situada en la parte. Su función es fundamental para la visión: recibe la luz que entra en el ojo y la transforma en señales eléctricas que viajan a través del nervio óptico hasta el cerebro, donde se convierten en las imágenes que vemos.
Dentro de la retina se encuentran los fotorreceptores, unas células especializadas conocidas como conos y bastones. En su zona central está la mácula, responsable de la visión más nítida y detallada, la que utilizamos, por ejemplo, para leer, reconocer una cara o distinguir pequeños detalles.
Por qué puedes dañar tu retina y tus ojos sin darte cuenta
"La retina no tiene receptores del dolor, por lo que una persona puede estar sufriendo una lesión sin notar absolutamente ninguna molestia en ese momento. El daño suele manifestarse horas o incluso uno o dos días después, cuando ya se ha producido", explica el doctor Jorge Ruiz Medrano, especialista en retina de IMO Grupo Miranza Madrid.
Es decir, podemos mirar el eclipse, no sentir dolor ni ninguna molestia inmediata y pensar que no ha ocurrido nada. Sin embargo, las consecuencias pueden aparecer después. Por ello, el especialista señala que, para evitar daños, lo mejor es no mirarlo directamente.
Además, durante un eclipse se produce una situación engañosa. Al disminuir la luminosidad, tenemos la sensación de que mirar hacia el sol resulta menos incómodo. Pero su radiación continúa siendo capaz de dañar la retina. De hecho, esa menor luminosidad puede favorecer que la pupila se dilate y permita la entrada de más radiación en el ojo, aumentando el riesgo de lesión.
Qué es la retinopatía solar
La retinopatía solar es una lesión de la retina provocada por mirar directamente al sol sin una protección adecuada. Afecta especialmente a la mácula, la zona de la retina responsable de nuestra visión central, del máximo detalle y de la percepción de los colores.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentra la aparición de una mancha oscura en el centro del campo visual, denominada escotoma. Asimismo, pueden aparecer visión borrosa, pérdida de agudeza visual, deformación de las imágenes, disminución del contraste o alteraciones en la percepción de los colores.
Por otro lado, aunque algunos pacientes pueden experimentar cierta mejoría con el paso del tiempo, los especialistas advierten de un dato especialmente relevante: actualmente no existe un tratamiento capaz de revertir el daño cuando afecta a los fotorreceptores de la retina.
Las gafas de sol no sirven para mirar el eclipse
Quizá uno de los errores más fáciles de cometer sea pensar que unas buenas gafas de sol pueden protegernos. Al fin y al cabo, las utilizamos precisamente para evitar las molestias provocadas por la luz solar. Sin embargo, durante un eclipse no son suficientes.
"Ninguna gafa de sol convencional, ni siquiera las de máxima categoría de protección, es segura para observar directamente un eclipse", advierten los oftalmólogos.
La doctora Lucía Galletero, especialista de Miranza Bilbao, insiste en que "la única forma segura de contemplarlo es utilizando gafas específicas para observación solar que cumplan la norma internacional ISO 12312-2. Cualquier otro método, por oscuro que parezca, sigue siendo peligroso para la retina".
Estas gafas incorporan un filtro capaz de bloquear el 99,999% de la luz solar, además de la radiación ultravioleta e infrarroja. Aun así, antes de utilizarlas conviene comprobar que llevan visible esta referencia, así como el nombre del fabricante y el número de lote. También hay que asegurarse de que no presentan arañazos ni signos de deterioro.
Radiografías, CDs o cristales ahumados: los métodos caseros que debes evitar
Otro aspecto que tenemos que tener en cuenta es que cuando se acerca un eclipse vuelven a circular algunos trucos caseros que prometen permitir observarlo sin peligro. Utilizar una radiografía antigua, mirar a través de un CD o DVD, recurrir a cristales ahumados, negativos fotográficos, gafas de esquí o filtros polarizados son algunos de ellos.
Ninguno constituye una alternativa segura a unas gafas homologadas. Aunque algunos de estos materiales reduzcan aparentemente la intensidad de la luz y hagan que mirar al sol resulte más cómodo, no proporcionan la protección necesaria frente a la radiación solar.
Asimismo, hay que tener especial cuidado con telescopios, prismáticos y cámaras. Mirar el eclipse a través de estos dispositivos sin filtros solares específicos puede resultar todavía más peligroso, ya que concentran la luz y pueden multiplicar el riesgo de lesiones oculares graves. En estos casos, el filtro debe estar instalado en la parte frontal del aparato, delante del objetivo.
Cómo ver el eclipse del 12 de agosto sin poner en riesgo la vista
La recomendación fundamental es utilizar exclusivamente gafas para observación solar homologadas con certificación ISO 12312-2 y comprobar antes que se encuentran en perfecto estado.
Además, los especialistas aconsejan no observar el sol durante periodos prolongados, sino hacerlo durante intervalos muy breves de pocos segundos y siempre con gafas solares homologadas.
Sigue, por ejemplo, la regla 1-3-30: 1 minuto de descanso por cada 3 segundos de observación y un máximo de 30 segundos acumulados. Es decir, se mira el sol (insistimos, con gafas homologadas) durante unos 3 segundos, se aparta la mirada aproximadamente un minuto y después se puede volver a observar.
Y no, no hay que quitarse las gafas en ningún momento, ni siquiera, en la totalidad del eclipse. En ello insiste el doctor Medrano: "Mi recomendación es no quitarse las gafas en ningún momento". Insiste en usar las gafas adecuadas, comprobar que cumplen esta norma, que cubren bien los ojos y que no están dañadas. No hay ninguna evidencia científica que corrobore que el eclipse total no cause daño retiniano; por lo tanto, es mejor usar las gafas siempre que se quiera observarlo. Es posible sufrir una lesión grave sin notar ninguna molestia en el momento", recalca.
Y si vamos a contemplar el fenómeno con niños, la vigilancia resulta especialmente importante. Es fácil que, llevados por la emoción del momento, se quiten las gafas durante unos segundos o intenten mirar directamente al cielo. Conviene, por tanto, explicarles previamente cómo utilizarlas y supervisarlos durante toda la observación.
Por último, si después del eclipse aparece visión borrosa, una mancha oscura en el centro de la visión, imágenes deformadas, dificultad para distinguir los colores o pérdida de visión central, es recomendable acudir al oftalmólogo.
El eclipse durará apenas unos minutos y será, sin duda, una experiencia difícil de olvidar. Precisamente por eso merece la pena disfrutarlo con seguridad. Porque, aunque nuestros ojos no nos avisen con dolor de que algo va mal, el daño en la retina puede permanecer mucho después de que el Sol vuelva a aparecer.











