Presley Gerber falleció el pasado 20 de septiembre, a los 27 años, en un centro de rehabilitación de California. La policía investiga su muerte como una presunta sobredosis y parada cardiaca, aunque los resultados definitivos del informe forense todavía están pendientes.
El joven llevaba años lidiando con las problemas de adicción. De hecho, meses antes, había compartido públicamente su experiencia con la ibogaína, una sustancia psicodélica a la que había recurrido para intentar superar sus problemas.
Su historia ha despertado el interés por un tratamiento todavía experimental que se está investigando como alternativa para personas que no han conseguido superar sus adicciones con las terapias convencionales. Pero, ¿qué es exactamente la ibogaína? ¿Cómo actúa en el cerebro? ¿Puede ayudar también a tratar enfermedades como la depresión mayor?
Hablamos con Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo y experto en psicodélicos de la Fundacion Inawe, para entender cómo funcionan las terapias asistidas con psicodélicos y por qué podrían representar un cambio importante en el tratamiento de determinados trastornos mentales. De entrada, nos aclara un punto muy importante: "No se puede relacionar su muerte con la ibogaína. Este tratamiento lo tomó hace meses". De hecho, como adelantábamos, la policía apunta a una presunta sobredosis".
¿Qué es la ibogaína y para qué se utiliza?
La ibogaína es una sustancia psicoactiva que se extrae de la raíz de la Tabernanthe iboga, una planta originaria de África central, especialmente de Gabón. En los últimos años ha despertado el interés científico por su posible utilidad en el tratamiento de las adicciones a los opioides, la cocaína y el alcohol. "Parece que tiene la particularidad de ser más eficaz para las adicciones que otros psicodélicos que también se pueden utilizar".
Gómez-Escolar que además es creador de @dropedia explica que no se utiliza como un medicamento convencional que el paciente deba tomar diariamente. Su administración forma parte de un tratamiento en el que una experiencia psicodélica intensa se acompaña de psicoterapia. El objetivo es que la persona pueda modificar su manera de entender la adicción, revisar determinados comportamientos y aprovechar posteriormente esa experiencia durante las sesiones de terapia.
No obstante, todavía se encuentra en fase experimental y no está aprobada como tratamiento médico en Estados Unidos, lugar donde residía Presley Gerber.
¿Por qué la ibogaína podría ser eficaz contra las adicciones?
Una de sus particularidades es que podría actuar tanto sobre la dependencia psicológica como sobre determinados mecanismos físicos de la adicción. Es decir, además de facilitar el trabajo psicológico posterior, las investigaciones sugieren que podría reducir el síndrome de abstinencia y el deseo de consumir.
Esto resulta especialmente relevante en personas que llevan años intentando abandonar determinadas sustancias y que, pese a haber recibido distintos tratamientos, continúan experimentando recaídas.
Sin embargo, aunque los resultados preliminares son prometedores, todavía hacen falta estudios más amplios para establecer su eficacia a largo plazo y determinar qué pacientes pueden beneficiarse realmente.
¿Qué ocurre en el cerebro? La importancia de la neuroplasticidad
Uno de los aspectos más interesantes de estas terapias es su posible influencia sobre la neuroplasticidad, es decir, la capacidad que tiene nuestro cerebro para reorganizar sus conexiones y adaptarse a nuevas experiencias. Gómez-Escolar explica que los psicodélicos parecen estimular estos procesos, favoreciendo un estado cerebral que podría facilitar determinados cambios psicológicos y conductuales.
Como decíamos, en una persona con una adicción, esto podría ayudar a modificar patrones de pensamiento y comportamiento muy arraigados. La experiencia psicodélica no sustituye a la psicoterapia, pero podría crear unas condiciones especialmente favorables para aprovecharla.
De hecho, el experto señala que una experiencia de este tipo puede potenciar procesos terapéuticos que, en otras circunstancias, requieren meses o incluso años de trabajo.
¿Cómo se administra y qué controles necesita el paciente?
La ibogaína se administra normalmente por vía oral, en forma de cápsulas que contienen la molécula aislada. La experiencia puede prolongarse durante varias horas y requiere supervisión médica especializada.
A diferencia de otros psicodélicos, presenta un riesgo cardiovascular importante ya que puede prolongar el intervalo QT. Esto significa que el corazón tarda más de lo normal en recuperarse eléctricamente después de cada latido. Esto puede alterar su ritmo y, en algunos casos, provocar arritmias peligrosas.
Por eso, antes de administrarla, es necesario evaluar la salud cardiovascular, realizar análisis y revisar posibles interacciones con otros medicamentos. Durante el tratamiento se monitorizan las constantes vitales y la actividad cardíaca.
¿Por qué puede cambiar el tratamiento de las enfermedades mentales?
Las terapias asistidas con psicodélicos podrían representar un cambio de paradigma en el tratamiento de las adicciones y de enfermedades como la depresión mayor, especialmente en aquellos pacientes que no han respondido a los tratamientos convencionales. Como explica el psicofarmacólogo Antón Gómez-Escolar, hasta ahora muchos de los medicamentos utilizados en salud mental se han centrado en reducir la intensidad de los síntomas y aliviar el malestar, pero no siempre consiguen resolver el problema de fondo.
La diferencia es que los psicodélicos podrían facilitar cambios psicológicos profundos y duraderos mediante administraciones puntuales acompañadas de psicoterapia. "Con el paradigma de la terapia psicodélica, lo que se está haciendo es que el psicofármaco, en este caso el psicodélico, permite ahondar en la causa profunda del trastorno y acelerar la recuperación para que no haga falta seguir tomando ningún tipo de fármaco en un futuro", explica Gómez-Escolar.
Otros psicodélicos y los países que ya los utilizan
La ibogaína no es la única sustancia que está despertando interés. La psilocibina, presente en determinadas setas, es una de las más investigadas para la depresión resistente. La MDMA, aunque tiene un mecanismo farmacológico diferente al de los psicodélicos clásicos, también se estudia como apoyo a la psicoterapia del trastorno de estrés postraumático.
De hecho, Australia permite desde 2023 que determinados psiquiatras autorizados prescriban psilocibina para la depresión resistente y MDMA para el estrés postraumático, bajo estrictas condiciones. Alemania ha establecido vías de acceso compasivo a la psilocibina y otros países, como Canadá, Suiza y Nueva Zelanda, cuentan con mecanismos excepcionales de acceso.
En España también participa en la investigación de estos tratamientos. En el caso de la ibogaína, el Hospital Universitari Sant Joan de Reus, en colaboración con ICEERS, por ejemplo, ha desarrollado un ensayo clínico con 20 pacientes que llevaban tiempo tomando metadona para tratar su dependencia de los opioides.
En qué fases están estos medicamentos
Según explica Antón Gómez-Escolar, muchas de estas terapias están llegando a las fases finales de los ensayos clínicos, previas a su posible aprobación médica. Es el caso de la psilocibina para la depresión resistente, que ya cuenta con resultados positivos de dos ensayos de fase III. La ibogaína, en cambio, se encuentra en fases más tempranas de investigación.
Aunque el futuro se muestra prometedor en el tratamiento de estas enfermedades que tanto dolor provocan a pacientes y familias, todavía quedan preguntas importantes: qué personas responderán, cuánto durarán los beneficios y cómo garantizar la seguridad.












