Desde fuera, Presley Gerber parecía tenerlo todo. Había nacido en una de las familias más conocidas de Hollywood, era hijo de Cindy Crawford y del empresario Rande Gerber, hermano de Kaia Gerber y había seguido los pasos de su madre desarrollando su propia carrera como modelo. Pero detrás de esa vida aparentemente privilegiada había una realidad mucho más complicada que él mismo decidió mostrar al mundo. Durante años luchó contra problemas de salud mental y adicciones y, consciente de sus dificultades, trató de convertir su experiencia en una manera de ayudar a quienes atravesaban una situación parecida a la suya.
Su muerte a los 27 años ha dejado un enorme vacío y también mucha incredulidad. Presley falleció en un centro de rehabilitación y, por el momento, no se ha hecho pública la causa de su muerte. "La familia pide privacidad durante este momento tan difícil y doloroso", señaló la portavoz de Cindy Crawford y Rande Gerber al comunicar la noticia.
Sus palabras adquieren ahora una dimensión diferente y, al mismo tiempo, mucho más dolorosa. Porque Presley no solo reconoció públicamente sus problemas. Buscó ayuda, probó diferentes tratamientos, intentó cambiar sus hábitos y llegó a convertir sus redes sociales en un espacio desde el que hablar sin filtros de aquello que estaba viviendo.
"Si ayudo a una persona, es todo lo que necesito hacer"
Su propósito lo resumió él mismo en 2023 durante su participación en el podcast Studio 22. "Tras haber luchado contra problemas de salud mental, depresión y otras dificultades asociadas, creo que, tanto si ayudo a una persona como a cien a salir de la situación en la que yo estuve en un momento de mi vida, eso es todo lo que necesito hacer", aseguró.
Presley había asumido que cuidar de su salud mental no era algo puntual. "Es un trabajo de 24 horas al día, 7 días a la semana", decía. Y precisamente de esa experiencia nació uno de sus proyectos más personales, 'Mental Health Mondays' (Lunes de Salud Mental), una serie de vídeos en Instagram en los que abordaba sus problemas, sus avances y también sus recaídas.
El objetivo era derribar el silencio que todavía rodea a estas situaciones. En una de sus publicaciones explicó que había creado 'Mental Health Mondays' para generar "conversaciones reales sobre esas cosas que la mayoría de la gente oculta". Tiempo después, tras alejarse temporalmente de las redes para ocuparse de su propia salud mental, anunció que regresaría "más fuerte, con las ideas más claras y con más determinación que nunca". Se mostraba orgulloso de comprobar que aquella iniciativa había inspirado a otras personas y ayudado a quienes estaban atravesando situaciones similares.
Sus redes también fueron una forma de pedir ayuda
Pero había algo especialmente revelador en aquellas confesiones. Presley no pretendía presentarse como alguien que hubiera superado definitivamente sus problemas. Mientras intentaba ayudar a otros, reconocía que él también seguía necesitando ayuda.
"No estás solo, porque así es como me siento yo la mayor parte del tiempo", confesó en uno de sus vídeos. Esperaba que compartir su experiencia sirviera para que otras personas supieran que no eran las únicas atravesando una situación semejante. Pero admitía además una segunda intención: "Espero encontrar gente aquí dispuesta a ayudar o conocer a alguien que pueda ayudar".
Su vulnerabilidad llegó hasta el punto de hablar públicamente de los medicamentos que tomaba y de la incertidumbre que le generaba su tratamiento. "Me dan miedo los medicamentos que necesito", reconoció. Aseguró haber pasado por 15 psiquiatras y explicaba que necesitaba más orientación para manejar una medicación que incluía, según su propio relato, buprenorfina, Xanax y Valium.
Las benzodiacepinas, contaba, habían ido "fluctuando arriba y abajo dependiendo de lo que ocurre en mi vida". Presley relacionaba uno de esos momentos difíciles con las pérdidas que había sufrido recientemente. No las utilizaba como justificación, pero sí como explicación de la situación en la que se encontraba.
Los cambios con los que intentaba sentirse mejor
En ese camino también trató de recuperar algunos de los hábitos que le habían hecho feliz durante su infancia. Presley recordaba haber sido un niño extremadamente activo. Jugaba al fútbol, al béisbol y al baloncesto y posteriormente descubrió el surf, el waterpolo y la natación. Algunos días, aseguraba, podía pasar hasta diez horas dentro del agua.
Todo empezó a cambiar cuando comenzó a trabajar con apenas 14 años y, posteriormente, a viajar por su carrera. Mirando hacia atrás, establecía una relación entre el abandono de aquella vida activa y el deterioro que había experimentado: "Cuanta menos actividad física había en mi vida y, especialmente en mi caso, cuanto menos contacto tenía con el océano, más medicación tuve que ir incorporando a mi vida".
Por eso había vuelto a dar importancia al ejercicio y a la naturaleza. También contó que había dejado el alcohol y que estaba intentando alejarse de determinados ambientes y personas, incluso aunque sintiera cariño por ellas.
"Me enfrenté a aquello de lo que había estado huyendo"
Uno de sus intentos más recientes por hacer frente a sus adicciones llegó meses antes de su muerte. Presley compartió en marzo imágenes tomadas antes de someterse a un tratamiento con ibogaína, una sustancia psicodélica que se ha estudiado por su posible aplicación frente a determinados trastornos, entre ellos las adicciones, pero cuyo uso no está autorizado como tratamiento en Estados Unidos.
No escondió el miedo que sintió antes de aquella experiencia. "Estaba absolutamente aterrorizado", escribió. Pero también explicó qué esperaba encontrar al otro lado: "Sabía por qué estaba allí. Me enfrenté a aquello de lo que había estado huyendo y, en medio de todo, empecé a reencontrarme conmigo mismo".
Hay otra frase de aquella publicación que adquiere ahora un significado especialmente doloroso. Presley reconoció que estaba "rezando para que sea la última vez que tenga que volver".
Su familia celebró entonces aquel nuevo intento por salir adelante. Cindy Crawford escribió a su hijo: "¡Eres un guerrero! ¡Atravesaste el fuego para encontrarte a ti mismo! ¡Estoy muy orgullosa!". Kaia también quiso arroparle públicamente: "Ese es mi hermano, estoy muy orgullosa".
No era la primera vez que Cindy le recordaba públicamente que tenía a su familia a su lado. Cuando Presley habló de sus dificultades y del consumo de medicamentos, su madre dejó otro breve pero contundente mensaje: "Presley, te queremos y no estás solo"
La reflexión de Kaia que hoy cobra otro sentido
Solo unas semanas antes de la muerte de Presley, Kaia Gerber había hablado de cómo la lucha de su hermano contra las adicciones había afectado a toda la familia. "Cuando algo así sucede en una familia, afecta a todos", reconoció.
La modelo también destacó la decisión de Presley de mostrar públicamente su vulnerabilidad: "Ahora tenemos a este gran ejemplo, mi hermano, que dice: "Voy a ser muy humano con todos". Una actitud que él mantuvo hasta el final, hablando abiertamente de su depresión, sus adicciones, sus miedos y sus intentos por recuperarse.
Porque Presley tenía claro qué esperaba conseguir compartiendo su experiencia: si todo lo vivido servía para ayudar aunque fuera a una sola persona, para él ya habría merecido la pena.










