Abres un cajón y no cierra. Buscas una tapa y aparecen tres que no encajan con nada. Revuelves el armario y siempre acabas poniéndote lo mismo. Sin darnos cuenta, vamos acumulando objetos que guardamos "por si acaso" y que, en realidad, nunca volvemos a usar. Ocupan espacio, complican la limpieza y hacen que cualquier intento de poner orden se quede a medias. Y, cuanto más tenemos, más nos cuesta encontrar lo que de verdad necesitamos.
La buena noticia es que no hace falta una gran mudanza para ganar sitio ni comprar más muebles o cestos para guardar: basta con revisar, una a una, las estancias de la casa. La clave no está en tener más espacio de almacenaje, sino en saber desprenderse de lo que sobra. Hemos preparado una lista de cosas que puedes tirar sin remordimientos, porque ya han cumplido su función o porque nunca la tuvieron. Prepara tres bolsas (una para tirar, otra para reciclar y otra para donar) y, sin dudarlo, empieza por la cocina.
© Pilsferrer CasaPlatos y vasos desparejados
El armario de la cocina y la vitrina del comedor son dos de los muebles que más se llenan sin que nos demos cuenta. Ese plato con una esquina desconchada, la taza con el asa pegada o los vasos que sobrevivieron a una vajilla que ya no existe ocupan sitio y desentonan en la mesa. Y las tazas de regalo con mensajes que ya no te hacen ninguna gracia, también. La vitrina de la imagen es de Pilsferrer Casa. Conserva un juego completo para el día a día y otro para las ocasiones especiales, si lo usas, y despídete del resto.
© PexelsBotes de cristal y tuppers sin tapa
Pocas cosas desesperan tanto como abrir el armario de los tuppers y no encontrar ni una pareja completa. Haz la prueba: saca todos, júntalos con su tapa y deshazte de los que se hayan quedado solos, de los que estén rayados, deformados o manchados de tomate (un clásico) y de los que conserven olor a pesar de lavarlos. Y lo mismo con los botes de cristal que se van acumulando en los armarios: quédate solo con los que de verdad uses.
Para que no vuelva a pasar, guarda cada recipiente con su tapa puesta o las tapas en vertical, en un organizador junto a ellos. Y si vas a renovar los tuppers, elige modelos de vidrio que encajen unos dentro de otros: duran más y ocupan la mitad.
© Martin MooreLa despensa en orden
Las especias que compraste para una receta concreta, el paquete de harina abierto hace meses, las salsas olvidadas al fondo de la nevera o las bolsitas de té que nadie se toma. Revisa las fechas y tira todo lo que esté caducado o haya perdido su aroma.
Lo mismo con los utensilios: el pelador que no pela, la sartén con el antiadherente rayado (conviene cambiarla en cuanto empieza a perderlo) o el robot que usaste una sola vez y desde entonces vive en lo alto del armario. Si funciona, dónalo; si no, llévalo al punto limpio, sobre todo en el caso de los pequeños electrodomésticos. La despensa de la imagen es de Martin Moore.
© Heidi CavazosEl cajón de los trastos
Todas las casas tienen uno (o dos): ese cajón donde acaban las pilas gastadas, las llaves que no sabes de qué puerta son, los bolígrafos que no escriben, las gomas elásticas, los imanes de propaganda y algún que otro tornillo misterioso.
Vacíalo por completo y conserva solo lo que tenga una utilidad clara. Después, organiza el interior con unas cajitas o divisores para que cada cosa tenga su hueco y el desorden no vuelva a apoderarse de él. En la imagen, un proyecto de Coblonal.
© BallingslövRopa que ya no te pones
Las camisetas dadas de sí, los calcetines desparejados, los pantalones que esperan a que vuelvas a tu talla o esa prenda que nunca te convenció, pero que te costó cara y de la que te resistes a deshacerte. Una regla infalible a la hora de ordenar el armario: si no te lo has puesto en el último año, lo más probable es que no te lo vuelvas a poner.
Separa lo que está en buen estado para venderlo en Vinted o donarlo y deja lo demás en los contenedores de ropa usada. Las camisetas viejas de algodón, además, pueden tener una última vida como trapos de limpieza. Haz lo mismo con el zapatero: los zapatos que te hacen daño o tienen la suela gastada no vas a ponértelos por mucho que los guardes. Y, ya de paso, tira las perchas de alambre de la tintorería, que deforman los hombros de las prendas. En la imagen, un interior de armario de Ballingslöv.
© VouclerSábanas y almohadas viejas
Los juegos de cama que ya no corresponden a ningún colchón de la casa, las sábanas bajeras con la goma cedida o las fundas nórdicas descoloridas acaparan media balda del armario sin ningún motivo. Basta con dos por cama, uno puesto y otro de recambio; el resto puedes convertirlo, por ejemplo, en trapos.
Revisa también las almohadas: si están amarillentas, tienen bultos o no recuperan su forma, ha llegado el momento de cambiarlas. Lo mismo ocurre con los cojines aplastados del sofá. La ropa de cama y las almohadas de la imagen son de Voucler.
© ConforamaEl baño: cosméticos caducados
Los botes de crema a medio usar, el maquillaje que compraste hace años, las muestras que guardas para un viaje que nunca llega o los perfumes que han cambiado de olor. Los cosméticos también caducan: busca en el envase el símbolo de un tarro abierto con un número, que indica los meses que dura una vez abierto.
Tira también los cepillos de dientes gastados, las esponjas, las cuchillas oxidadas y las toallas que ya no secan como deberían. Ganarás espacio en los cajones y en los estantes de la ducha, que suelen ser los primeros en llenarse. En la imagen, una propuesta de Conforama.
© Montse GarrigaMedicamentos que no tomas
El botiquín es otro de esos lugares que se llenan sin saber cómo: jarabes empezados, cajas con un par de pastillas, cremas de hace años o tiritas sueltas. Comprueba las fechas de caducidad y separa lo que ya no sirve, pero no lo tires a la basura ni por el desagüe. Recuerda llevar los medicamentos caducados o que ya no necesitas, con sus envases y prospectos, a la farmacia.
Cuando termines, haz una lista de lo que te falta para tener a mano lo necesario ante una pequeña emergencia (una quemadura o una rozadura). Y, si puedes, evita colocar el botiquín en el baño o la cocina: mejor en un lugar seco, fresco y protegido de la luz, como un armario. En la imagen, una propuesta de Pia Capdevila.
© VeluxCables, cargadores y aparatos
Cargadores de móviles que ya no tienes, cables que no sabes para qué sirven, mandos a distancia de televisores que se fueron hace tiempo, auriculares rotos… En el salón y en el despacho (como el de esta propuesta de Velux) se acumulan más que en ningún otro sitio. Prueba cada uno y quédate solo con los que uses. Los demás, igual que los aparatos electrónicos estropeados, deben ir al punto limpio. Las revistas atrasadas, los catálogos y los DVD que ya no ves también pueden salir de casa: abultan mucho y es raro que vuelvas a recurrir a ellos.
© IKEAPapeles y bolsas
Tickets de compra, facturas que ya están en tu correo electrónico, manuales de instrucciones (casi todos se pueden consultar en internet), garantías caducadas o folletos de restaurantes que ya no existen. Haz una criba y guarda solo los documentos importantes, bien archivados. Y no te olvides de la clásica bolsa llena de bolsas: deja a mano unas pocas de tela para la compra y recicla el resto, o guarda las que conserves en un dispensador como el Variera de IKEA.
Si tiras papeles con datos personales, rómpelos antes de echarlos al contenedor azul. Con todo despejado, comprobarás que mantener el orden es mucho más fácil cuando cada cosa que guardas tiene una razón para estar ahí.




