Tener una casa impecable no depende tanto de dedicar horas a la limpieza como de no dejar que el trabajo se acumule. Cuanto más se amontonan los platos, la ropa o el polvo, menos ganas dan de ponerse manos a la obra, y lo que podía resolverse en cinco minutos acaba convirtiéndose en una tarde entera de fregar y recoger. Por eso, la clave está en limpiar sobre la marcha: poco a poco y cada día, en lugar de dejarlo siempre para mañana.
Una rutina sencilla evita, además, que la suciedad se incruste o que aparezca el moho en los rincones más húmedos. No se trata de vivir con la bayeta en la mano, sino de adquirir ciertos hábitos que, una vez interiorizados, se hacen casi sin pensar. Te contamos doce pequeños gestos que marcan una verdadera diferencia en el día a día. En la imagen, un proyecto del estudio Ábaton.
© El Corte InglésHaz la cama al levantarte
Es el primer gesto del día y, probablemente, el que más cambia la imagen de la casa. Una cama hecha ordena visualmente todo el dormitorio, aunque haya alguna prenda fuera de su sitio, y resulta mucho más agradable encontrarla así cuando vuelves por la noche. No hace falta que quede perfecta: basta con estirar las sábanas, sacudir el edredón o la colcha y colocar las almohadas. En la imagen, una propuesta de El Corte Inglés.
Si te cuesta, acostúmbrate a hacer la cama siempre en el mismo momento, por ejemplo, antes de ducharte; así no se te olvidará. Un consejo práctico: cuantos menos cojines decorativos tenga, antes la tendrás lista. Con uno o dos bien elegidos es suficiente para que luzca bien vestida.
© RocaLa ducha, siempre seca
El baño es una de las estancias donde antes se nota la falta de constancia. La humedad, la cal y los restos de jabón se acumulan rápido, y cuando quieres darte cuenta las juntas se han oscurecido y la mampara ha perdido su brillo.
La solución es tan fácil como pasar una esponja por la bañera o el plato después de cada uso y retirar el agua de la mampara con una rasqueta. Te llevará un minuto y evitará que se formen manchas difíciles de quitar. La mampara de ducha de la imagen es de Roca. Deja también la puerta abierta o el extractor encendido un rato para que el baño se ventile: es la mejor manera de mantener el moho a raya.
© SchmidtRecoge la cocina antes de dormir
Pocas cosas desaniman tanto como entrar en la cocina por la mañana y encontrarte la pila llena de platos de la cena. Por eso, antes de irte a la cama, merece la pena dedicarle un rato: friega o mete en el lavavajillas lo que haya quedado sucio y saca la basura si está llena.
No hace falta que pongas el lavavajillas en ese momento, aunque, si tienes una tarifa con discriminación horaria, hacerlo de noche te permitirá aprovechar las horas valle, en las que la luz es más barata. Lo importante es no dejar los platos en el fregadero, donde la comida se seca y cuesta mucho más quitarla al día siguiente. Y si no te queda más remedio, retira al menos los restos más difíciles y déjalos en remojo. Esta cocina es de Schmidt.
© SmegHorno y microondas, a punto
Son dos de los electrodomésticos que más se ensucian y, a la vez, de los que más pereza da limpiar. El secreto está en no dejar que la grasa se reseque. Después de usar el microondas, pasa un paño húmedo si ha salpicado, y tapa los recipientes para evitar que la comida salte. En cambio, si vas a limpiar el horno, lo mejor es hacerlo cuando aún está templado, no caliente: la suciedad sale con mucha más facilidad y basta con una bayeta y un poco de jabón. Los de la imagen son de Smeg.
Si en el microondas se te resiste alguna mancha, calienta dentro un bol con agua y unas rodajas de limón. Se ablandarán los restos y, de paso, se eliminarán los olores.
© Kenay HomeVentila cada día
Abrir las ventanas cada mañana es uno de los gestos más fáciles, aunque también de los más olvidados. Durante la noche se acumulan humedad, olores y polvo, sobre todo en los dormitorios, y renovar el aire ayuda a que la casa huela a limpio y a prevenir las condensaciones en cristales y paredes. En invierno no hace falta mucho: con diez minutos es suficiente para airear el ambiente sin que la casa se enfríe. En la imagen, una propuesta de Kenay Home.
Si puedes, abre ventanas en fachadas opuestas para crear corriente y que el aire circule antes. Y mientras cocinas, enciende siempre la campana: evitarás que el vapor y la grasa acaben depositándose en los muebles y las paredes.
© RabadánElimina las manchas al momento
Una gota de vino en el sofá, una salpicadura de aceite en la pared de la cocina o un poco de café en la alfombra: cuanto antes actúes, más fácil será que desaparezcan sin dejar rastro. Una mancha reciente suele salir con agua y un poco de jabón neutro, mientras que una seca puede necesitar productos específicos o incluso la ayuda de un profesional. Absorbe primero el exceso con papel de cocina, sin frotar para no extenderla, y limpia después desde fuera hacia dentro.
Para el día a día, productos naturales como el vinagre o el bicarbonato son buenos aliados, siempre que compruebes antes cómo reacciona el material en una zona poco visible y no los mezcles nunca con lejía. El sofá de la imagen es de Rabadán.
© GT DesignLas alfombras, en plena forma
Las alfombras dan calidez y personalidad a cualquier estancia, pero también acumulan polvo, pelos y ácaros. Para que se mantengan como el primer día, aspíralas al menos una vez por semana, y con más frecuencia si tienes mascotas o están en zonas de paso. Gíralas de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme, sobre todo si les da el sol o están bajo la mesa del comedor, y sacúdelas al aire libre siempre que puedas. La de la imagen es de GT Design.
Si se te cae algo, recuerda lo que contábamos sobre las manchas: actúa cuanto antes. Y una vez al año, una limpieza profesional les devolverá el color y alargará su vida.
© ConforamaCierra puertas, cajones y botes
Parece una obviedad, pero las puertas de los armarios entreabiertas, los cajones a medio cerrar o los botes sin tapa transmiten una sensación de desorden. Y no solo es una cuestión estética: un tarro de azúcar o de harina mal cerrado atrae insectos y humedad, y un armario abierto deja entrar el polvo, que acaba depositándose sobre la ropa o la vajilla. En la foto, un armario de Conforama.
Acostúmbrate a cerrarlo todo nada más usarlo, igual que haces con el grifo. Es uno de esos hábitos que, una vez adquiridos, ya no cuestan ningún esfuerzo y que se notan especialmente en cocinas y dormitorios.
© LeftiesUna zona para cada tarea
El desorden suele aparecer cuando las cosas no tienen un lugar asignado y acaban repartidas por toda la casa. Reservar un espacio concreto para cada tarea ayuda a evitarlo: un cesto en el dormitorio para las mantas y los cojines que sobran por la noche, como este de Lefties; una zona en la cocina para el café y el desayuno; un baúl o unas cajas para los juguetes de los niños, o un mueble en el salón donde se guarden los mandos, los cargadores y los libros que estás leyendo.
Así, cuando terminas de usar algo, sabes exactamente dónde va, y recoger se convierte en un gesto rápido. Si trabajas en casa, delimita también tu espacio de trabajo para que los papeles y el ordenador no invadan la mesa del comedor.
© String FurnitureDe arriba abajo
Cuando limpies, sigue siempre el mismo orden: de arriba abajo y de izquierda a derecha. Puede parecer una manía, pero tiene una lógica aplastante. El polvo y la suciedad caen hacia abajo, así que, si empiezas por las baldas inferiores de una estantería o por el suelo, tendrás que volver a limpiarlos cuando termines con la parte de arriba. Seguir la misma dirección, además, evita que te dejes zonas sin repasar y te permite ir más rápido. La estantería de la foto es de String Furniture.
Aplica este método en cada estancia: primero, lámparas y la parte alta de los armarios; después, superficies y muebles, y por último, aspira o friega el suelo.
© Edouard AuffrayReparte la limpieza a fondo
Hay tareas que no hace falta hacer cada día, pero que conviene no olvidar: lavar las cortinas, limpiar los cristales, vaciar y repasar los armarios de la cocina o mover los muebles para llegar a los rincones. Si las dejas todas para el mismo día, se convierten en una jornada agotadora.
Mucho mejor distribuirlas a lo largo del mes y dedicar cada semana a una estancia o a un par de tareas concretas. Así nunca tendrás por delante un día completo de limpieza y la casa se mantendrá en orden sin esfuerzo. Apúntalas en un calendario o en el móvil: ver de un vistazo qué toca te ayudará a no saltarte ninguna. En la imagen, cortinas de Sunbrella en Pepe Peñalver.
© Maisons du MondeRevisa el almacenaje
Las necesidades de una casa cambian con el tiempo, y el almacenaje debe cambiar con ellas. Reorganizar armarios y cajones de vez en cuando, por ejemplo con el cambio de temporada, te ayudará a deshacerte de lo que ya no usas y a recolocar lo que sí.
Si eres baja, coloca a tu alcance lo que más usas en la cocina o el vestidor; y si tienes hijos, opta por cestas de fácil acceso a su altura. Les resultará más sencillo recoger sus cosas solos y evitarás que trepen por los muebles. Esta habitación infantil es de Maisons du Monde. Una casa que se adapta a quienes la habitan es, también, mucho más fácil de mantener ordenada.




