Abrimos el armario y se nos viene encima una montaña de jerséis. Buscamos las llaves por toda la casa. Ordenamos el cajón de la entrada un domingo y el miércoles el caos ha vuelto a instalarse en él. ¿Te suena? Ordenar no es lo difícil; lo complicado es que el orden dure. Y casi siempre falla por lo mismo: guardamos sin haber decidido antes qué queremos conservar ni dónde tiene sentido que viva cada cosa.
Para mantener la casa ordenada sin esfuerzo, la clave está en el método. Nos lo explica María Gallay, organizadora profesional y fundadora de AOPE, la Asociación de Organizadoras Profesionales de España. Su propuesta se resume en diez pasos, del primer cajón al último gesto, para que el orden se convierta en rutina y, como ella dice, se mantenga "casi" solo.
© Ferm LivingTen un objetivo razonable
El error más común es querer ordenarlo todo de una vez. María Gallay propone empezar por algo concreto y acotado: "Una sola habitación, o el cambio de armario, los juguetes de los niños, el trastero, la cocina, el despacho. Si tienes poco tiempo, un cajón o ese rincón del caos". Eso sí, avisa de que el proceso tiene sus daños colaterales: "Todo el desorden que vas creando para ordenar es productivo, pero tendrás que hacerte cargo también de eso". En la imagen, una propuesta de Ferm Living.
Igual de importante es reservar tiempo suficiente y elegir bien el momento. "Reorganizar requiere concentración, porque cada interrupción te obliga a un nuevo comienzo", advierte. "Necesitas estar descansado, con ganas de aprovechar la batida y con la mente preparada para tomar decisiones". Y propone un cambio de mentalidad que ayuda mucho: "Piensa que no estás perdiendo una mañana, estás ganando bienestar para todas las mañanas siguientes".
© Leroy MerlinEmpieza de cero
Antes de ordenar hay que ver el conjunto. Por eso, el segundo paso consiste en sacar absolutamente todo del armario, del cajón o del rincón elegido. "Todo, no dejes nada", insiste la experta. Si se trata de ropa, eso incluye también la de fuera de temporada, los abrigos, los accesorios y la que está por lavar. Y lo mismo con la ropa de casa: "Si vas a por la ropa blanca, no olvides las toallas que están en el baño o en la colada, y las sábanas que están en uso". La imagen es de Leroy Merlin.
¿Por qué es tan importante? "Es imprescindible que puedas ver al mismo tiempo todos los artículos de la misma categoría. Solo así te harás una idea realista", explica. Dejar para otro día lo que da pereza ir a buscar es hacerse trampas al solitario, porque, como recuerda, "es imposible tomar decisiones serias con una visión sesgada del total".
© AlvicClasifica por grupos
Con todo a la vista, toca agrupar. María Gallay lo explica con un ejemplo muy gráfico: "Si es ropa, pon sobre la cama todas las camisetas de tirantes y, aparte, otra pila para las de manga corta, otra para manga larga, otra para cuello vuelto, etc.". Lo mismo con los jerséis y el resto de prendas dobladas, y solo después, con las colgadas.
A continuación, llega un paso más: "Ahora frente a una de las pilas de camisetas, reagrupa por color. Así verás qué prendas tienes repetidas". Un gesto muy sencillo que suele dar más de una sorpresa. En la imagen, una propuesta de Alvic.
© FramaDeshazte de lo que sobra
Llega el momento más difícil: seleccionar. "Todos tenemos debilidad por un color o una hechura, pero sé sincero porque no es posible que utilices frecuentemente 10 camisetas negras de manga corta", señala la organizadora. Y recuerda que la medida la pone cada uno: "Hay una cantidad razonable y tú eres el responsable de decidir cuál es". Para elegir, basta con fijarse bien: "Seguro que hay alguna que está en peor estado, o que nunca eliges porque te queda más corta, o ya no te gusta el diseño".
Si aparecen las dudas, propone hacerse preguntas sin piedad: "¿Hace cuánto que no lo utilizo?, ¿está en buen estado?, ¿me cabe y me sienta bien?, ¿me gusta?, ¿voy a tener ocasión de ponérmelo?". Su conclusión es clara: "Lo que ya está amortizado y lo que no te va, sobra". Y un último consejo antes de pasar al siguiente paso: "Cuando termines, haz otra pasada". Una segunda revisión, ya con la mente más fría, suele descubrir algo más de lo que desprenderse. En la imagen, una propuesta de Frama.
© LoberonUn sitio para cada cosa
Con la selección hecha, llega el paso en el que se apoya todo el método. "Decidir dónde debe vivir cada cosa es la clave para que el orden se mantenga solo", afirma María Gallay. Para acertar, cada lugar, como este aparador de Loberon, debe cumplir tres condiciones.
Tiene que ser cómodo, es decir, "lo que quieres guardar cabe, no hace falta mover nada para alcanzarlo y es accesible para todos los usuarios". Lógico, porque "es obvio que eso tiene que estar allí y todos lo pueden deducir fácilmente". Y práctico: "Es el mejor situado por uso y periodicidad, el objeto vuelve casi solo".
© TegarAdapta el espacio
Si el espacio no cumple esas tres reglas, hay que adaptarlo. Y no hace falta gastar mucho: "Soluciones permanentes o accesorios temporales, no tienen por qué ser caros", asegura la experta. El punto de partida, según María Gallay, es muy concreto: "Pregúntate qué necesitas específicamente para tu selección de cosas y para el uso que le das". A veces la respuesta es más sencilla de lo que parece: "Quitar una balda para subir la barra o incluir una caja que sirva de cajón puede hacer la diferencia". En la imagen, una propuesta de Tegar.
En el caso del armario, propone un ejercicio muy útil: "Repasa los movimientos que haces cada mañana al vestirte y verifica que cada cosa esté donde te conviene". Porque, como resume, "ya que lo haces, hazlo lo mejor posible".
© FantinAnticípate al caos
El desorden suele aparecer en los mismos puntos negros de la casa. El recibidor (este de Fantin), la encimera de la cocina o la silla del dormitorio acaban siempre llenos de cosas que no tienen un lugar claro. Por eso, conviene detenerse un momento a pensar qué podemos incorporar para evitarlo. La autora del libro 'El poder del orden' pone un ejemplo muy cotidiano: "Si entras a casa con el correo basura, estaría bien tener una papelera cerca de la entrada para evitar apoyarlo en alguna superficie y luego tener que recogerlo".
Y cuando el orden no depende solo de nosotros, invita a ponerse en el lugar de los demás: "Un gancho a la altura adecuada para que el niño cuelgue la mochila al llegar previene el que tengas que decirle que la levante del suelo. Y se puede aplicar a todo".
© Manolo YlleraFacilita el proceso
Con menos cosas y cada una en su sitio lógico, encontrar lo que buscas resulta mucho más fácil. Pero, cuando se comparte casa, la organización tiene que ser de todos. "Las otras personas tienen que enterarse de dónde va cada cosa para respetar el nuevo orden. Y si tienes asistenta, lo mismo", recuerda María Gallay.
Su solución es tan sencilla como eficaz: "Etiqueta o pon pósits orientativos y quítalos cuando veas que ya funciona para todos". Unas pocas etiquetas al principio, en cajones, cajas o baldas, pueden ahorrar muchas discusiones después y ayudan a que toda la familia se implique en el nuevo sistema. La imagen es una propuesta de Cocinas Río.
© ConforamaDona, regala, vende o recicla
El último paso práctico es también uno de los más importantes: despedirse de lo que ya no quieres. "Las bolsas para donación o punto limpio deben salir de casa hoy. No conviertas tu recibidor o el maletero en un limbo", advierte. Y nada de revisarlas otra vez para rescatar algo por si acaso. En la imagen, una propuesta de Conforama.
Si prefieres vender, también conviene ponerse límites: "Que sea una cantidad razonable en una caja fuera de tu armario y ponte un plazo". Lo importante, insiste, es mirar hacia delante: "Enfócate en lo que te quedas, porque es lo que realmente necesitas y utilizas. Y en el nuevo espacio que has creado para ti". Todo lo demás, en sus palabras, sobra: "Libérate ya, ¡solo son cosas!".
© HübschCelebra el resultado
Después de tanto esfuerzo, toca celebrarlo, y la recompensa empieza por el propio resultado: "Te aseguro que lo disfrutarás cada día porque la diferencia es rotunda". Pero merece algo más. "Prémiate al terminar porque así refuerzas positivamente el acto de desprenderte, al que estamos tan desacostumbrados", explica la organizadora. Porque, como recuerda, "el espacio libre y la comodidad son tan elocuentes que no sabrás cómo has podido vivir sin organización".
A partir de ahí, solo queda convertirlo en rutina, con el hábito de poner cada cosa en su sitio después de usarla. Un gesto mínimo que, repetido a diario, evita las grandes sesiones de orden y hace que la casa se mantenga organizada sin apenas pensarlo. "Te sorprenderá cómo pronto será una costumbre que no podrás abandonar. Y verás cómo el orden se mantiene “casi” solo". La imagen es una propuesta de Hübsch.




