COMO EN UN GRAN JARDÍN

Natalia, la novia experta en perfumes que decoró su boda silvestre con velas de Loewe y llevó un vestido de mangas desmontables con joyas de su abuela


Lució un diseño de Santa Eugenia Atelier con bordados vintage y velo rústico para su enlace en Segovia, donde la decoración estuvo cuidada al detalle


Vestido de novia de mangas desmontables© Plata.forma
Cristina GonzálezRedactora de FASHION
18 de octubre de 2026 a las 19:50 CEST

Hay historias de amor que comienzan mucho antes del primer beso. La de Natalia y Fernando es una de ellas. El pasado 30 de mayo se dieron el 'sí, quiero' en la iglesia de Nuestra Señora de la Madrona, en Segovia, antes de trasladarse a la finca Las Margas para continuar la celebración rodeados de sus familiares y amigos. Una boda primaveral en la que no faltaron las flores silvestres, los colores cálidos y una cuidada decoración que reflejaba los gustos de ambos.

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Un vestido de novia con bordados vintage y mangas desmontables

Para su gran día, Natalia tenía bastante claro cómo quería que fuese su vestido. Buscaba un diseño en el que los tejidos y las texturas tuviesen especial protagonismo, con una falda que le permitiese moverse con comodidad. Para hacerlo realidad confió en Santa Eugenia Atelier, donde encontró en Bea y Paz a las profesionales perfectas para dar forma a sus ideas. "Me transmitieron muchísima confianza desde el primer momento y sentí que iban a entender y ayudarme a confeccionar el vestido que tenía en la cabeza", nos cuenta.

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La elección de los tejidos terminó siendo fundamental para conseguir el resultado que buscaba. Bea encontró unos bordados vintage de estilo clásico y una preciosa organza en color vainilla, dos elementos que terminaron de dar forma al conjunto. Nuestra protagonista recuerda con especial cariño las pruebas, durante las que pudo comprobar cómo aquel vestido que había imaginado iba tomando forma poco a poco.

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Aunque quería mantener el mismo diseño durante toda la celebración, sí decidió incorporar un detalle que le permitiera transformarlo ligeramente: las mangas desmontables. Una elección que resultó especialmente acertada teniendo en cuenta las temperaturas de aquel día. "Me apetecía llevar el vestido durante todo el día, pero hicimos las mangas desmontables. Fue todo un acierto, especialmente porque nos encontramos con un día tan primaveral y caluroso en Segovia", reconoce.

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Para completar el conjunto escogió un velo ligero, con el que buscaba conseguir un efecto algo rústico y que se integrase de manera natural con el vestido. También tuvo claro desde el principio qué zapatos quería llevar. De hecho, fueron una de las primeras piezas que encontró: unas sandalias de Ángel Alarcón en tonos crudo y crema, con las que estuvo cómoda durante buena parte de la jornada. Más tarde, para disfrutar del baile, las sustituyó por unas alpargatas de lino crudo de Castañer.

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Joyas familiares, un recogido de bailarina y un ramo con un homenaje muy especial

Si hubo algo que Natalia eligió con especial ilusión fueron las joyas. Más allá de su belleza, cada una de ellas guardaba una historia familiar que quiso llevar consigo hasta el altar. "Tuve la grandísima suerte de poder contar con varias joyas de la familia de mi madre", nos explica.

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Entre las más especiales se encontraban unos pendientes de botón de estilo Art Déco, elaborados en diamantes y oro blanco, que su abuela había creado a partir de un antiguo broche. También lució una pulsera de oro blanco, brillantes y zafiros con un significado muy particular: había sido el regalo de pedida de su bisabuelo Manuel a su bisabuela Mercedes.

Como la pulsera le quedaba algo grande, decidieron aprovechar uno de sus eslabones para confeccionar un anillo a juego, también de inspiración Art Déco. En la otra mano llevó una alianza catalana de oro amarillo, el anillo que Fernando le había regalado cuando le pidió matrimonio. "Me hizo mucha ilusión poder llevar conmigo tantas historias de mi familia ese día", confiesa.

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En cuanto a su look de belleza, apostó por la naturalidad. Confió en Marina, de Wamba MakeUp, para conseguir un maquillaje en tonos terracota, favorecedor y fiel a su estilo habitual. Para el cabello eligió un recogido de bailarina trabajado con ondas, pensado para poder soltarlo después y mantener una forma bonita durante la fiesta. "Siempre llevo el pelo recogido y creo que era un peinado que no podía representarme más", asegura.

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El ramo, por su parte, seguía la misma inspiración silvestre que habían imaginado para el resto de la boda. Diana, de Floring Lavanda, combinó anémonas blancas, ranúnculos, helecho, eucalipto y ramas de olivo, añadiendo algunos toques naranjas para aportar color. El resultado fue una composición verde y frondosa, de aspecto natural, que escondía un pequeño homenaje familiar.

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"Mi abuelo paterno elegía para cada uno de sus nietos un animal que él considerase que nos representaba. Antes de fallecer, me eligió la gacela", recuerda. Por eso decidió incorporar al ramo una medalla con este animal, sujeta con una cuerda de saco. Un gesto discreto, pero cargado de sentimiento, con el que quiso tener presente a su abuelo durante la ceremonia.

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Una decoración silvestre con flores, frutas y velas de lujo

La decoración fue uno de los aspectos a los que estos novios dedicaron más atención durante los preparativos. "Tanto por la finca y el entorno que habíamos elegido, como por nuestros propios gustos, teníamos claro que queríamos una decoración muy silvestre, rústica y colorida", explica. Para conseguirlo, contaron con la ayuda de Diana, de Loving Lavanda, con quien disfrutaron dando forma a las diferentes propuestas. "Nos importa mucho la estética y que todo tuviese armonía entre sí, así que disfrutamos muchísimo organizando, inventando y explorando ideas para no dejar de sorprender", añade.

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Para la ceremonia religiosa eligieron centros florales en tonos blancos y verdes. A lo largo del pasillo colocaron candelabros y pequeños ramilletes silvestres, acompañados por una alfombra de yute que aportaba un toque natural. Además, pensando en el calor que hizo aquel día, los novios prepararon un gran cesto de mimbre lleno de paipáis para que los invitados pudieran refrescarse.

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Después de la ceremonia, la celebración continuó en la finca, donde la decoración adquirió un carácter todavía más alegre. "En el jardín exterior decoramos las mesas alternando manteles estampados y lisos en tonos burdeos, acompañados de pequeños arreglos florales", nos cuenta nuestra protagonista.

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Sin embargo, fue en el comedor donde pudieron dar rienda suelta a algunas de sus ideas favoritas. "Para las mesas del comedor nos divertimos muchísimo eligiendo frutas, bodegones de flores en tonalidades amarillas y naranjas y ramilletes verdes", explica. La intención era conseguir un efecto de 'jardín interior', trasladando al banquete la sensación de estar rodeados de naturaleza.

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A todos estos elementos sumaron un detalle estrechamente relacionado con la profesión de Natalia. "Como yo trabajo en LOEWE Perfumes, integramos velas y candelabros en la decoración, y creo que ayudaron a crear una atmósfera muy especial", nos cuenta. Una elección que aportó personalidad a las mesas y que encajaba con el ambiente que habían imaginado. El resultado superó sus expectativas: "Fueron, literalmente, las mesas de mis sueños", asegura.

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Otro de los elementos que más llamó la atención fue el seating plan, diseñado por Paula y María, dos grandes amigas de la novia que están detrás de Caravelle Brand. Para indicar a los invitados dónde debían sentarse crearon una gran lona de tela colgada que se convirtió en una de las piezas más especiales de la decoración. "Y no es porque sean mis amigas, pero consiguieron que no pasase desapercibida. Todo el mundo nos comentó lo preciosa que había quedado", asegura. Ambas colaboraron también en algunos de los detalles que encontraron los invitados sobre las mesas.

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Natalia y Fernando quisieron implicarse personalmente en la organización de su boda, aunque contaron con ayuda profesional durante las últimas semanas y el propio día del enlace para poder disfrutar de la celebración sin preocupaciones. Una jornada que tenía detrás una bonita historia de amor que había comenzado muchos años antes. Se conocen prácticamente de toda la vida y son amigos desde que tenían 16 años, aunque tuvieron que pasar algunos más para que aquella amistad se transformara en una relación. Después de casi cuatro años como pareja y de una temporada viviendo a distancia, decidieron que había llegado el momento de dar el siguiente paso. "Nos moríamos de ganas de empezar una vida juntos", recuerda.

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Aunque fueron muchos los detalles que hicieron especial su boda, cuando preguntamos a Natalia con qué se queda de aquel día, no duda en su respuesta. Por encima del vestido, las flores o la decoración, lo que más recuerda es haber estado rodeada de todas las personas importantes para ellos. "Notar la energía tan increíble que desprendía toda la gente que nos quiere. Fue súper emocionante sentir que todas esas personas estaban allí, celebrando con nosotros y compartiendo un día tan importante".