Lograr que el vestido de novia envejezca bien es el objetivo de las prometidas que buscan un diseño a medida. El trabajo supone, sin duda, mucho más que escoger correctamente al creador de la pieza, en realidad comienza por tener clara una idea, un punto de partida favorecedor, ni demasiado simple ni excesivo, que refleje la personalidad de la protagonista. “Quería un vestido que fuese atemporal, que con el paso de los años me siguiera reconociendo en él”, nos cuenta Celia sobre su look nupcial, de aire clásico, ideado por el atelier de From Lista With Love, para su bonita boda en Madrid.
Como base para el look, esta estilosa recién casada estableció sus propias reglas, unos detalles indispensables que marcó a la firma desde el inicio: “un escote halter con el que me sintiera segura y ‘muy yo’. Por supuesto, con una gran cola incorporada al vestido, pero con la idea de transformarlo en el baile, ya que se trataba de una falda superpuesta al mismo”, nos explica.
Una pieza exclusiva con tres tipos de organza
Para llevar a cabo esta prenda al gusto de la propia Celia, tuvo que encontrar una buena sintonía con el equipo de From lista with love, a quien llegó a través de su hermana, Marta. “Por su relación laboral dentro del mundo de la belleza y moda, tenía muy buenas referencias de ellos”, apunta. De sus fundadores, nuestra protagonista destaca la seriedad y profesionalidad y “el trato exquisito y cercano que sentimos en todo momento”. Cada una de las citas, a las que esperaba pacientemente, era un motivo para la ilusión de esta novia: “desde la primera prueba de toile tuve claro que habíamos acertado de lleno con su elección”.
“Quizá la anécdota más graciosa y que más quebraderos de cabeza le dio a Javier y Macarena fue con respecto a las mangas de mi vestido, ya que al ser de organza quería que fuesen lo suficientemente livianas para no sentirlas muy armadas y que hiciesen contraste con el escote de crépe de seda. ¡Ni uno, ni dos… tres tipos de organza blanca recorrieron el pasillo al altar de Santa Bárbara para atinar con la transparencia y el color perfecto!”, relata.
Y porque la boda está repleta de momentos diferentes y la esto requiere estilismos distintos, se decantaron por un diseño nupcial transformable. Esta, más que una tendencia puntual, es una idea que permite a las prometidas no verse obligadas a renunciar a ninguna de sus versiones. “El diseño era convertible. Además de la falda y el fajín de raso que eran superpuestos, Javier me dio la idea de hacer unas mangas desmontables que opcionalmente pudiera retirar, quedando así un vestido con el que me sentía muy cómoda y favorecida para el baile y la fiesta”.
Un complemento por el que apostó Celia es todo un clásico que sumó muchos puntos al look. Nos referimos a un velo que le regalaron los fundadores de la casa de costura. “Era en tul ilusión y coincidimos plenamente en que fuese muy sutil y transparente, ya que iría velada y no quería perderme detalle”, introduce. Escogieron una versión muy larga, que superaba los tres metros y medio. “Al andar hacia el altar, hacía un efecto precioso dejando ver toda la espalda del vestido. ¡Fue un acierto total!”, reconoce.
Joyas compartidas
Completaban el sofisticado resultado una selección de joyas elegidas a modo de homenaje a su familia. Por un lado, una tiara que era, en realidad, una pulsera de platino, colocada sobre una montura, con diamantes y esmeraldas. Añadió su anillo de compromiso (un solitario) y un cinquillo de diamantes que perteneció a su abuela materna, llamada Conchita. “Los pendientes que llevé para la Iglesia eran unas dormilonas de brillantes con una bonita montura antigua de mi madre, los cuales también llevó mi hermana Marta en su boda y me hacían especial ilusión. Los alterné con otros de esmeraldas y brillantes que llevé durante el baile y la fiesta, que f ueron un regalo de boda de mis hermanas. Al verlos no dudé que también formarían parte del día de mi boda”, recuerda.
Al estilismo también incorporó un calzado cómodo a la par que especial. Eran zapatos blancos de Ceibo Concept, un regalo que le hicieron sus amigas del colegio mayor. “Cuando fui a elegirlos, Martín, que fue encantador con nosotras y también calzó a mi madre y hermana Lucía para el día, me dio la opción de forrarlos con la tela de raso blanco que llevé en el cuello y puños de mi vestido, para que fuese combinado totalmente con el look. ¡Cuando los vi, me enamoré!”, señala.
Del ramo de novia, al igual que de la decoración de la boda, se encargó Aquilea. La propuesta floral era blanca, un bouquet de estilo actual, compuesto por ranúnculos, rosas de jardín inglesas y ruscus. “Como anécdota diré que el terciopelo del lazo no era el color que se había elegido a priori, pero finalmente resultó gracioso, ya que sin quererlo, combinaba perfectamente con la corbata del novio y los trajes de los pajecitos. Era del tamaño y colorido que queríamos para mi vestido”, comparte Celia.
Un rostro fresco y natural
Bibi Redondo fue la maquilladora al frente del look de belleza de la novia, su hermana y su madre. Está experta es de confianza para la familia, pues mantiene una estrecha relación con la hermana mayor de nuestra protagonista y ya las había maquillado en otras ocasiones. “Ella nos presentó a Cristina (Cristina Libertad) encargada del peinado de la boda, que fue súper cariñosa conmigo y entendió a la perfección lo que quería”, recalca. La mayor duda era si llevar moño o coleta, una cuestión a la que la peluquera y Celia le dieron muchas vueltas.
“Consideramos que para mi vestido iba más un moño a media altura de bailarina, que diese opción a dejarme el pelo suelto en el baile, pero finalmente y de manera improvisada, opté por dejarme la coleta que tantas dudas me había generado, ya que me permitía mantener la tiara. Y no me arrepiento de la decisión final”.
Su lugar de veraneo, testigo de su amor
Este compendio de elementos no fueron los únicos detalles relevantes del relato que gira en torno a su boda. Cuando preguntamos a Celia Marín Tur cómo conoció a Nacho Martínez-Fresneda García, ella desvela que tenían muchos amigos en común, pero que nunca llegaron a coincidir hasta septiembre de 2020. Conectaron desde el primer momento: “ Un amigo de Nacho organizó unas copas en casa, y ambos estábamos de celebración, yo había terminado cuarto de carrera de medicina y el acababa de entrar a trabajar en una empresa”. Así empezó su historia de amor.
“Nacho y yo teníamos muchas ganas de dar ese paso en nuestras vidas, lo habíamos soñado en muchas ocasiones y tras 4 años de relación y aprobar yo el examen MIR, una noche en Marbella (lugar donde veraneamos) tras cenar en nuestro restaurante favorito “La niña del pisto” y un paseo frente al mar, con muchos nervios y emoción, Nacho se arrodilló y me pidió matrimonio”.
Emocionante enlace
Con este primer paso ya dado, se dispusieron a decidir dos cuestiones fundamentales: dónde y cuándo sería el ‘sí, quiero’. Apostaron por el 4 de octubre de 2025 y escogieron la madrileña iglesia de Santa Bárbara para la ceremonia religiosa, que definen como entrañable. “El sacerdote, Don Francisco, era el tío de mi amiga Gloria y fue muy cercano con nosotros”, matiza Celia.
“Lo más destacado y que dio mucha solemnidad a la ceremonia, fue la soprano, Aurora Gómez. Vino desde Sevilla expresamente y es una de las mejores voces líricas de España. Siendo yo de Melilla y estando muy unida sentimentalmente a Andalucía, quería traer un pedacito del Sur a Madrid y que no faltase la salve rociera en nuestra ceremonia nupcial. Escuchar esa pieza, cantada por Aurora, en esa iglesia tan bonita, fue un momento mágico para todos los que allí estábamos”.
La pareja se enamoró del encanto de Finca Las Tenadas, espacio que eligieron para la celebración. " Los jardines y árboles en colorido otoñal eran un espectáculo para la vista", indica. Durante los meses de preparativos y el día del enlace, los novios no estuvieron preocupados por nada, puesto que contaban con Marta, de Limón y Sal como wedding planner. "No pudo ser más mona y eficaz. Quedamos enamorados de ella. En cada reunión, nos daba la paz y serenidad que necesitábamos en esos momentos previos al día de la boda. ¡Volvería una y mil veces a contar con ella!", cuenta Celia.
Decoración de bodas otoñal
Uno de los factores determinantes que hizo que la pareja se inclinara por este espacio de bodas fue su salón. Para este lugar, los novios tenían reservado un sueño de decoración que le sacara el máximo partido. Se pusieron en manos de Aquilea, que acertó al idear un jardín interior en el que los verdes del techo se mezclaban con los montajes florales de abajo: "en un jardín donde la decoración del techo abrazaba la decoración de las mesas con manteles y centros muy entonados con flores otoñales de color fresa y verdes que decoraban cada rincón del salón".
Si bien hicieron una gran inversión en el banquete, en los exteriores optaron por no añadir mucho más. Les conquistaba la idea del otoño y su naturaleza en los rincones de la finca. "El colorido de las hojas y el día radiante de luz que nos acompañó, creaba por si solo un ambiente romántico y lleno de encanto", señala. Además, se decantaron por puestos de cócteles y estaciones de comida para sorprender a los convidados.
"El seating y los meseros estaban inspirados en Melilla, de la mano de Capitolio y Karen Pol, de Sellos My Mark. Cada una de las mesas llevaba el nombre de un rinconcito de mi ciudad, con un tarjetón donde se contaba un poco de la historia de esta y un cántico de La Legión, para que todos los invitados brindasen con la botella de Leche de Pantera que dejamos en cada mesa, siendo la bebida típica en las celebraciones de esta unidad militar tan importante para nuestra ciudad".
"La anécdota más divertida del día fue nuestra entrada al comedor. Queríamos una canción animada que nos representase a nosotros y a nuestros amigos allí presentes, que tantas fiestas hemos vivido juntos. La canción elegida fue Limbo y lo que no esperábamos era la magia que se creó en ese momento con todos los invitados, que cogieron sus servilletas y nos hicieron pasar por debajo de ellas al ritmo de la música. La complicidad y diversión fue unánime para jóvenes…y no tan jóvenes. También fue muy divertido como todo el mundo se apuntaba a bailar en el cóctel al son de Roy Pinatel, quien nos confeccionó e interpretó una lista de canciones de ritmos latinos que no dejó indiferente a nadie".
Entre todas las invitadas que acompañaron en esta jornada a los novios, Celia quiere dedicar sus mejores palabras a las más importantes. Además de sus estilosas amigas, destaca: "La madrina, Mª Ángeles, iba elegantísima de Julio Reis, con mantilla tradicional. Mi madre, Maite escogió a Jorge Vázquez, zapatos de Ceibo y pamela de Conchitta. Estaba guapísima. Mis hermanas, Marta y Lucía, iban vestidas de Philippa y tocado y pamela de Conchitta, también espectaculares".
Empezar una nueva etapa como es el matrimonio siempre conlleva retos, que pueden llevarse con ilusión gracias a los recuerdos del enlace. Los momentos más especiales que nuestra protagonista guarda en su corazón son los bailes con su padre y su marido. “Elegimos dos canciones: la primera, Tu sei l`unica donna per me, canción que escuchamos mis padres y yo una y otra vez en un viaje por Italia, Grecia y Croacia, cuando era pequeña, y siempre supe que sería la que bailaría el día de mi boda; la segunda, Robarle tiempo al tiempo, que tiene un significado súper especial para Nacho y para mí y que creo que defendimos muy dignamente (tras algún ensayo que otro)”, admite. Considera inolvidable, del mismo modo, la compañía. “Compartir ese día con todos nuestros seres queridos, verlos a todos ellos tan felices y cómplices con nosotros, dejará de por vida un recuerdo imborrable”, concluye.




























