Algo en lo que coinciden todos los diseñadores de moda nupcial es en que el look del gran día debe seguir la misma línea estética que el entorno en el que tendrá lugar la boda. Este concepto lo tenía claro Elisabeth, una recién casada con estilismo bohemio, que se puso en manos de Claudia Llagostera para su gran día en un pueblo de Granada. "No quería un vestido de novia muy clásico, porque la celebración era en un cortijo en la naturaleza. Quería un vestido palabra de honor que resaltara la zona del cuello y que tuviera satén y tul. Claudia me enseñó una tela preciosa de satén en un color blanco roto que me encantó y a partir de ahí empezó a crear”, nos cuenta.
En su enlace de campo, nuestra protagonista tan solo llevó un único diseño, porque le parecía tan especial que le daba pena cambiarlo por otro, a pesar de que fuera tendencia llevar un segundo look. “Quería aprovecharlo el máximo tiempo posible. Por eso, aunque tenía un poco de cola, Claudia diseñó una manera de recogerla para hacerlo más cómodo para la hora del baile”, apunta.
Una conexión entre diseñadora y clienta
Elisabeth se decantó por esta firma para su ansiado traje de novia porque era una fiel seguidora de la misma en redes sociales. “Fue cuando vi las fotos de su boda en Tarifa, con un aire muy boho-chic y mucha personalidad, cuando acabó de enamorarme. Había algo en sus diseños que me decían que era ella y cuando tuve la primera visita en su precioso taller de Madrid, lo confirmé”, señala.
De aquella primera cita, esta sofisticada e inspiradora prometida salió fascinada. A ella y a su familia le abrió las puertas de su atelier y les prestó suma atención, algo que encantó a nuestra protagonista. “Fui con mis padres y mi tía a visitarla y le conté lo que yo tenía en mente y el tipo de celebración que haríamos. Ella supo escucharnos en todo momento y captó la idea haciendo el boceto de mis sueños y posteriormente haciéndolo realidad”, recalca.
Le encantó la amabilidad y cercanía que encontró en sus palabras, tanto es así que se convirtió en una “amiga”, nos dice. ”A una de las pruebas acudió conmigo mi futuro marido (¡sí!). No le dijimos nada del vestido, pero quería que viera el taller y conociera la magia de Claudia. No podía dejar que se perdiera esta experiencia, porque ella ha sido una parte muy importante de nuestro gran día para mí. Cuando Juan vio mis ojos, también supo que había acertado”, explica.
Bordados especiales
La creación final fue una prenda fluida, con doble volante semitransparente y asimétrico en la zona superior y cuerpo satinado. Sobre esos volantes fluidos llevaba unos preciosos bordados, realizados por Victoria, de ByLuneville, con un importante significado. "Le dije que quería tener en mi vestido un recuerdo de mis abuelas. Una de ellas bordaba mantillas y a la otra le encantaba la manzanilla. Así que añadimos bordados de flores de manzanilla al vestido consiguiendo que fuera algo muy simbólico y emotivo para mi”, apunta.
"Quería que mi vestido fuese muy cómodo para que me permitiera caminar y bailar todo el día y la noche, así que cada vez que iba a las pruebas, bailaba con la toile puesta, me movía por todo el taller y tanto Claudia como las chicas de su taller no paraban de reír. Obviamente, el día de la última prueba, con el vestido, hice exactamente lo mismo y Claudia y las chicas se unieron. Yo llamaba a Claudia mi hada madrina de la Cenicienta y decía que sus chicas eran mis ratoncillos".
Casarse sin ramo
Como el enlace de Elisabeth no iba a ser convencional, decidió que sus accesorios tampoco podían serlo. Esta novia viral se decantó por unos largos pendientes de Paulet y su anillo de pedida como joyas destacadas. Decidió prescindir, además, del ramo de novia. “Nuestra celebración era algo 'atípica', no era la clásica boda y no me apetecía llevar ramo. Creo que si celebras una ceremonia puede ser bonito llevar un ramo, pero nosotros no hacíamos ceremonia”, reconoce. Optó por no llevar nada en las manos, aunque en algunas fotos posó con dos o tres tallos de anthurium blancos, la flor de moda.
Todos los ojos se posaron en sus zapatos de novia, un complemento que escogió con sumo cuidado. Fueron un regalo de sus mejores amigas y buscó alejarse del tradicional blanco. Como fiel seguidora de Sexo en Nueva York, tuvo una idea: “Amo a Carrie y toda su colección de Manolos (Blahnik). La moda empezó a interesarme por ella y ¿quién no recuerda los icónicos zapatos azules de pedrería que lleva ella en su boda? Me encantaron, lo que ocurre es que se pusieron tan de moda para novias que acabé cansándome un poco, así que buscaba algo más especial”.
Investigando en las redes, dio con la solución: unas sandalias de la misma firma, doradas con pedrería y un tacón alto, que se ataban con cintas al tobillo. “¡Cuál fue mi sorpresa cuando mis amigas me las regalaron! Es un regalo que nunca olvidaré y que siempre estará conmigo”, confiesa.
El look de belleza, con pelo suelto
Para el maquillaje, nuestra protagonista confió en Rocío, de Rogardi Make Up, de la que alaba su estilo y su naturalidad. “Cuando la conocí en persona me sorprendió porque es muy espontánea, alegre y la verdad es que congeniamos desde el primer momento”, revela. Consiguió un rostro luminoso sin acabado artificial, con el que estaba muy favorecida.
El peinado fue un trabajo de Pedro, de Dúo Peluqueros, a quien define como excepcional y bellísima persona. “Pedro captó mi idea desde el primer momento: quería ser yo y por tanto, dejamos mi pelo suelto con unas ondas al agua súper bonitas. Hizo que mi melena luciera preciosa y que el peinado estuviera intacto durante todo el día”, comparte.
15 años de relación
Elisabeth no ha querido dejar de contarnos la historia que la condujo a este día y cómo llegó a enamorarse de Juan. Ambos se conocieron cuando eran estudiantes, en 2011: “Aún éramos muy jóvenes y Juan me invitó a tomar algo (¡como las citas de antes!). Lo que empezó como una amistad, al final se convirtió en una gran historia de amor”.
De aquel primer encuentro hasta su esperado ‘sí, quiero’ pasaron 15 años de relación. En ese tiempo, la pareja superó todo tipo de situaciones e hizo frente al futuro. “Siempre habíamos querido celebrar nuestro amor con nuestra gente, pero sabíamos que no queríamos algo tradicional. Habíamos hablado justamente de hacer una celebración de un fin de semana con toda la familia y amigos”, concede.
Nuestra protagonista recuerda cuando Juan se arrodilló y finalmente le propuso matrimonio. “Lo hizo en la Ermita de los 3 Juanes, en Granada, al atardecer, un mirador desde el que se ve toda la ciudad de Granada. Para nosotros es nuestra ciudad, la que ha visto nuestra historia y no me pudo parecer más romántico tener ese telón de fondo”, recuerda.
Primavera en el campo
La boda tuvo lugar el 31 de mayo, pero sus invitados estuvieron todo un fin de semana en el mismo enclave, el Cortijo Gran Capitán, ubicado en Íllora (Granada). Disfrutaron de viernes, sábado y domingo en plena primavera. “El viernes comenzamos pronto en la tarde con una pool party. Todo el mundo disfrutó mucho porque había música, cócteles y el que quiso se bañó en la piscina. ¡En este plan los niños también disfrutaron muchísimo!”, describe esta estilosa novia. Esta jornada les permitió recibir a sus invitados con paciencia y disfrutando de ellos.
El sábado, los novios se vistieron en el interior del cortijo con sus respectivas familias. Era el gran día. Dado que no era una celebración tradicional, decidieron no realizar ceremonia alguna. “Hicimos un encuentro en el que nos vimos con nuestros respectivos trajes y la verdad es que no pudo ser más emotivo. Tras este encuentro, llegaron nuestros mejores amigos y brindamos con copas de champán con ellos y con nuestra familia más cercana dentro del cortijo”.
Con todos reunidos, se decidieron a intercambiarse las alianzas. “Y les dimos a nuestras familias un ramo de flores y una tarjeta bordada a mano para que tuvieran un recuerdo del día de nuestra boda. Posteriormente, llegó la charanga Pisando fuerte y salimos con ellos para recibir al resto de invitados”, nos cuenta.
"Una de las anécdotas del día fue que nuestros mejores amigos nos hicieron una sorpresa. En mitad de la comida aparecieron con sombreros y abanicos personalizados con La Peque Verbena (que es como llamamos a nuestro día), los repartieron, levantaron a todo el mundo e hicimos una conga gigante bailando alrededor de las mesas. Fue súper divertido", recuerda Elisabeth.
Proveedores en sintonía
Los novios contrataron a Neroli como wedding planners, quienes les acompañaron en el proceso de selección de profesionales, en la decoración y en todo el fin de semana. La pareja las define como muy profesionales, a las que recomiendan sin ninguna duda. "Son dos chicas, Audrey y Rosario, que se han convertido en amigas. Desde el primer momento captaron nuestra esencia y supieron que no queríamos una boda al huso”, señalan.
Como música para el aperitivo, contaron con la charanga, una experiencia que sus convidados disfrutaron con creces. “Uno de los momentos más emotivos que guardo es bailar un pasodoble con mi padre. A nosotros nos encanta un sarao, así que lo dimos todo”, relata Elisabeth. Ya en la fiesta, tras haber cortado la tarta al estilo clásico, nuestra protagonista regaló a su marido una sorpresa: “el grupo de música Jaleo Kanalla que tocaron en directo y amenizaron la primera parte de la fiesta. Todos disfrutamos muchísimo con este grupo”. Al concluir, apareció Marce Dj. “Para la recena, acudió Pizzería Vulcano con un food truck (Juan es amante de las pizzas Napolitanas y no podían faltar en nuestra boda) y todos los invitados quedaron encantadísimos”.
Un montaje decorativo inspirado en Italia
En materia floral, los prometidos confiaron en Tere, de Armiflor y buscaron una decoración que encajara con el entorno. “Pusimos verduras de temporada (tomates, alcachofas, ajos…) en la zona de las mesas temáticas, en el seating plan y en la zona del menú bordado”, matiza. La idea era hacer un guiño a Italia con un montaje al estilo toscano, algo que hacía especial ilusión a los novios. “Pusimos macetas con plantas aromáticas, pasta y tomates. Mis mejores amigas (Nieves y Adela) y yo, nos encargamos de hacer a mano unas láminas con mensajes que dejamos en el sitio de los invitados para que se llevasen de recuerdo y pudieran enmarcarlas”.
Juan y Elisabeth se unieron a la tendencia de dejar a cada invitado una foto impresa con un emotivo texto. Además, regalaron las macetas a los convidados y los tomates, con el objetivo de hacer gazpacho. Una idea sostenible con la que no se tiró ningún elemento de la decoración.
Sobre los invitados, nos cuentan: "queríamos que fuera una celebración sencilla, así que solo estuvieron presentes familia muy cercana y amigos. Al ser dos días pudimos disfrutar mucho con ellos, estar tranquilos, hablar, bailar… ¡Aunque se nos hizo corto!".
Como recuerdos, estos novios se llevan dos detalles divertidos: que sus amigos empapelaran el baño con fotos "horteras" de la pareja y que la familia de la novia preparase un flash mob que hizo bailar a muchos invitados.
Haciendo balance, esta original novia admite que no podría escoger un único momento como el más especial, pero hay un instante que se le ha quedado grabado, sin duda. “Cuando nos sentamos en la mesa y miramos a un lado y a otro y vimos a toda la gente que queríamos”, recuerda.
Ya casi al concluir el gran día, con la caída del sol, llegó una escena también inolvidable. “A media tarde, Juan y yo nos escapamos al atardecer a hacer unas fotos preciosas. ¡Fue un momento muy bonito y muy íntimo con mi marido! Me explotaba el corazón de amor y felicidad!”, concluye.































