Dicen que de una boda sale otra boda, un dicho que no solo hace alusión al gesto de buena suerte que implica recoger el ramo que lanza la novia a sus invitadas, sino también al romántico ambiente que se respira en este tipo de celebraciones, propicio sin duda para que surja la magia también entre sus asistentes. Y es lo que pareció ocurrirles a Paula y Pelayo, nuestros protagonistas.
"Nos vimos por primera vez en la boda de un primo suyo, aunque la que nos presentó fue su hermana", nos explica esta novia, que se dio el 'sí, quiero' durante la primavera, en un precioso palacete del siglo XIX ubicado en Madrid, enfundada en un vestido vaporoso de Matelier.
Hay prometidas que tienen muy claro desde el principio qué tipo de diseño quieren lucir durante el gran día, pero Paula solo estaba segura de una cosa: "Siempre soñé con que el proceso fuese fácil y divertido", confiesa esta novia práctica. Así resultó ser gracias a que la confección de su vestido, al fin y al cabo, quedaba en familia. Y es que fue su cuñada, Andrea Mateache, la encargada de confeccionarlo. La diseñadora es la fundadora de Matelier, firma especializada en vestidos de invitada que hizo una excepción muy especial creando esta pieza nupcial.
Un vestido en blanco crudo con toque romántico
"Aunque no hace novias, diseñó el suyo propio en su boda y el de nuestra cuñada Ale, así que cuando le dijimos que nos casábamos me dijo que le hacía especial ilusión hacérmelo a mí también", nos cuenta Paula. La confianza es esencial durante el proceso de creación de un vestido de novia e influye sin duda en el resultado final. Por suerte, entre ambas existía un vínculo que permitió aclarar rápidamente las ideas.
Nuestra novia admite que no tenía claro cómo quería su vestido: "Solo quería que no fuese completamente blanco, sino crudo", apunta. Una tonalidad que cada vez está más presente en las nuevas tendencias nupciales. "En cuanto me senté con Andrea, me dibujó varias ideas y enseguida me sacó de dudas.
El resultado fue esta creación que define muy bien su propio estilo: "Vaporoso, bohemio y con un toque romántico", explica. Un diseño de manga larga y ligera, con un precioso escote Bardot asimétrico que dejaba los hombros al descubierto y que destacaba por un cuerpo fruncido con detalles deshilachados, aportando un contraste muy interesante con la falda, lisa y con mucho movimiento.
Con pequeños botones forrados en la espalda, el conjunto de Paula se completaba con uno de los detalles más especiales del look: un velo tipo mantilla con delicado encaje floral, que la recién casada prendió de su recogido, un moño bajo, y que sujetó sobre el brazo tras salir del templo.
Joyas y zapatos: un regalo con significado
Paula decidió que solo quería un vestido, huyendo de aquella inclinación por el cambio de look que algunas novias deciden hacer durante el cóctel y obviando la tendencia de los vestidos transformables. Ella se quedó con el suyo hasta el final, acompañándolo con unos salones de terciopelo con tacón geométrico y detalle de abertura con tiras en los laterales. "Se trataba de un modelo de Flordeasoka que me regaló una amiga como regalo de boda".
También sus joyas fueron un regalo: "Llevé unos pendientes espectaculares que me regaló la familia de Pelayo en la pedida, los creó el joyero Javier Gómez Zuloaga". Fue el mismo que dio forma a su anillo de compromiso.
De hecho, su propia pedida de mano sirvió también como inspiración para crear el ramo de novia: "Era de Piracanta, basado en el ramo que me regaló Pelayo por la pedida, con colores blanco, verde y rojo".
Boda en un palacete madrileño del siglo XIX
Nuestra pareja se dió el 'sí, quiero' un 5 de abril en la parroquia de Nuestra Señora del Enebral, en la localidad de Collado Villalba, en Madrid. Después, la celebración tuvo lugar en un entorno idílico, pues decidieron escoger el Palacio de la Margarita como el entorno perfecto para su gran día.
"La verdad es que yo siempre había querido casarme en el campo, pero en abril era complicado. Pelayo me habló de Rafa Caro, uno de los dueños del Palacio de la Margarita, que ya había organizado las bodas de sus hermanos, y la verdad es que cuando le conocí, tuvimos claro que nos daba igual el sitio, ¡pero queríamos hacerlo con él!", asegura Paula.
No contaron con wedding planner para la organización, pero nuestra protagonista admite que delegó ciegamente en los demás: "Tengo que confesar que he sido una novia enchufada porque se encargaron de prácticamente todo Pelayo, Rafa y nuestras madres", nos cuenta con humor. Fue su suegra quien se hizo cargo de la decoración, y las flores, corrieron a cargo de Elena Suárez.
"Fue un día divertidísimo, ambas familias son muy animadas y no faltó de nada. Bailes, actuaciones, discursos... todo preparado por nuestra familia y amigos, que son espectaculares. Además la mayoría de las invitadas iban vestidas de Matelier e hicimos un desfile divertidísimo que se hizo viral en redes", cuenta.
Su historia de amor comenzó tras verse aquella vez en una boda y después de que la cuñada de la actual novia hiciese de Celestina. "Nos conocíamos por unas amigas en común y ¡nos organizó una cita aciegas!" Después de un tiempo de relación, Pelayo le hizo la gran pregunta un 14 de febrero sin que Paula se lo esperase: "Era un miércoles entre semana, el día de San Valentín—que Pelayo lo odia—, así que es lo último que me imaginaba. Me hizo un álbum con toda nuestra historia desde que nos conocimos, y en la última página, había una foto que nos hicimos de broma con un llavero. De repente... ¡se arrodilló y me sacó un anillo!", recuerda con cariño.


















