En las bodas, año tras año, hay un fórmula de colores, una gama cromática, que siempre funciona en la decoración de los diferentes espacios, desde la ceremonia a la celebración. La mezcla del tradicional blanco con el siempre vibrante verde se traduce en montajes atemporales que derrochan estilo, sin caer en estridencias. Es una propuesta que, aunque clásica, funciona en todo tipo de ambientes y da todo el protagonismo a las flores. A este dúo de tonos recurrieron Ainhoa y Salvador para su 'sí, quiero' en San Sebastián. Esta pareja tuvo un enlace de cuento del que hoy nos desvelan todos los detalles.
Una pasión los unió
Para entender por qué la pareja recurrió a las propuestas de decoración en las que confió en su gran día, primero conviene escuchar su historia. El destino quiso que los caminos de Ainhoa Olarra Múgica y Salvador García Rivero se cruzaran. Fue gracias a la afición que tenían en común cómo comenzó su bonita relación. “Nos conocimos hace 17 años en un torneo interautonómico de golf en Huesca”, apunta la novia.
Fue aquel día cuando empezaron a hablar, sin llegar a imaginar por dónde les llevaría la vida. “Salva iba con el equipo de la Federación Canaria y yo con la Federación Vasca. Nos presentó mi entrenador de golf y desde luego, quien nos iba a decir en aquel entonces que en unos años nos casaríamos”, recuerda ella.
Más de 15 años juntos
Estos recién casados tuvieron que hacer frente a las barreras propias de residir en lugares diferentes, pero vencieron al paso del tiempo y su apuesta fue exitosa. "Llevábamos 15 juntos cuando nos casamos y gran parte de nuestra relación a distancia. Yo di el paso de irme a vivir a Gran Canaria hace ya cuatro años y medio. Salva siempre me decía que cuando estuviera ya asentada aquí, el daría el paso y así fue”, nos explica.
El deporte, la mejor inspiración
Su fascinación por el golf estuvo verdaderamente presente en su enlace soñado. Empezando por el espacio de celebración de su boda. El enlace tuvo lugar entre España y Francia. Para festejar con sus invitados escogieron el Chateau de Arcanges, un escenario que fue un guiño al deporte que los unió. “Casualmente está en mitad de un campo de golf”, señala Ainhoa.
Esta misma disciplina fue clave en la elección de su su seating plan. El rincón más visitado por los invitados fue también el más fotogénico, gracias a una idea divertida y muy elegante. “Fue increíble, ya que era un buggie de golf lleno de flores y quedó incluso mejor de lo que habíamos imaginado. ¡Nos encantó!”, matiza. Gerberas, hortensias y dalias se mezclaban con abundantes verdes en este carrito de color blanco.
El dúo de colores más versátil
La selección de tonalidades para el seating plan no fue baladí, sino que estuvo pensada al milímetro, en sintonía con otras decoraciones de su enlace. “Al ser en un campo de golf y tener mucho verde alrededor, yo quería meter algo de color, pero sutil, ya que me imaginaba algo más clásico y que fuera con el chateau, por ello decidimos poner blancos, verdes cítricos y algunas frutas”, añade.
En el interior se disponía la zona del banquete, un lugar en el que los novios escogieron mantelería verde, lámparas con abundancia de verdes (como eucaliptos, esparragueras y helechos), velas también del mismo color, mesas combinadas entre redondas e imperiales y centros de flores alternos (altos y bajos).
Los detalles de la ceremonia
El enlace fue religioso y para decorar el templo, la pareja se decantó por la misma paleta, lo que se tradujo en grandes columnas florales en la entrada y un altar coronado con dos grandes copas a los laterales y un gran arreglo floral central a los pies de la mesa del altar.
Escogieron la iglesia de San Vicente, en San Sebastián, para dar este gran paso. “Fue el 25 de octubre del 2025. Mis abuelos eran de esa parroquia, se casaron ahí y era algo que me hacía muchísima ilusión”, confiesa Ainhoa. Y quizá por ello invirtió en decoración en su justa medida, para no camuflar la belleza natural de esta parroquia.
Organizar con ayuda de profesionales
Cuando consultamos a estos novios si, a la hora de organizar su boda, contaron con el apoyo de algún proveedor, nos dicen que apostaron por el trabajo de Martina por el Norte para este cometido. “Un acierto para que todo saliera perfecto. María y su equipo son increíbles y estuvimos desde principios de año organizando todo con ellas y tenemos claro que ese día pudimos disfrutar al 100%, gracias a ellas”, desvela.
Un ramo silvestre
El verde y el blanco que decoraron los espacios de su boda gozaron de protagonismo, del mismo modo, en el look de la novia. La vasca escogió la misma combinación de colores en su ramo nupcial, de corte silvestre, que contaba con lisianthus, eucalipto, olivo y flor de manzanilla. "No tenía nada claro el ramo casi hasta el final. Hasta que buscando en Pinterest encontré uno que me gustó muchísimo, ya que era sencillo, elegante y nada aparatoso. Izaskun, de Flowers and Co, lo hizo posible al igual que con toda la decoración de la boda, fue impresionante", apostilla.
Atemporalidad para el vestido de novia
Era una opción en consonancia con el diseño a medida que María Gadea le confeccionó. Un vestido de novia minimalista con el que estaba muy favorecida y que no la hacía verse disfrazada. “Solo sabía que quería algo que fuera sencillo y que dentro de 20 años, cuando viera las fotos, me siguiera gustando tanto como el primer día. Creo que sin duda lo conseguimos”, admite Ainhoa.
En el atelier de esta diseñadora encontró la confianza que necesitaba para dar forma a este look. “La realidad es que había visto alguno de sus diseños y me habían gustado, pero sin duda elegí hacerlo con ella por la conexión que tuve con ella el primer día. Recuerdo salir de la primera cita con María, mirar a mi madre y decirle: 'tengo claro que es ella'”.
El complemento más especial
Al consultar a esta elegante recién casada acerca de su optó por cambiarse de prendas o se decantó por un vestido desmontable, desvela que no llevó un segundo look. No obstante sí que cambió de accesorios: su delicado velo, sujetado con un bonito broche que pertenecía a la abuela de su marido, lo cambió por una espectacular pamela, de Alexia Álvarez de Toledo, para el aperitivo.
“El primer día que nos conocimos, en el atelier, María tenía una pamela en un burro con diferentes telas y en absolutamente todas las pruebas me la probé. Literalmente era imposible irme del taller sin probármela. Tuve claro que el día de la boda tenía que llevar una”, nos cuenta.
Además, completó el estilismo con unos espectaculares pendientes largos, en forma de gota, con los que se casó su madre. “Me hizo muchísima ilusión”, reconoce. Tampoco faltaron unos zapatos cómodos, de Flor de Asoka, que también llevó en la fiesta, pues no los cambió: “sin duda fuero un acierto”.
Nuestra protagonista está acostumbrada a llevar el cabello recogido, con diferentes peinados, por lo que siempre supo que no lo luciría al natural en su ceremonia. En un primer momento pensó en un moño, “pero después de probar con Martha la coleta, cambié de opinión. Luego, al ponerme la pamela para el cóctel, tenía que quitarme la coleta y ya me quedé el resto de la celebración con el pelo suelto”. El maquillaje muy natural, sin embargo, lo mantuvo toda la jornada intacto.
Momentos inolvidables
Como recuerdos divertidos de esta jornada, Ainhoa hace hincapié en dos cuestiones que son ahora anécdotas que no podrán olvidar: “los discursos sorpresa de nuestros amigos y la tamborrada organizada por mis amigas de Donosti”. Y es que esos detalles casi improvisados son los que verdaderamente permanecen.
Para Ainhoa y Salvador, esta jornada fue un sueño cumplido. Lo más especial de su boda residía en “que después de tantísimos años hablando de que algún día nos casaríamos y habiendo estado a distancia mucho tiempo, por fin llegara ese día y lo pudiéramos compartir con las personas que más queremos”, concluye ella.
























