Todas conocemos el ritual del cambio de armario: llega el frío y tocan revisar cajones para decidir qué se queda y qué se guarda hasta el verano que viene. Pero, ¿por qué limitarlo a la ropa? Del salón al recibidor, pasando por el sofá y la mesita de noche, cada rincón de la casa guarda también su propia versión del verano, y le ha llegado el turno de cambiar de piel.
No hace falta una reforma ni gastar de más: basta con guardar lo que ya no toca, sacar lo que sí y colocar cada cosa en su sitio para que el cambio de armario se note en toda la casa, de los textiles a la decoración. Repasamos, estancia por estancia, qué debes guardar y qué debes sacar antes de que llegue el frío de verdad. Este salón del estudio de interiorismo Júlia Brunet tiene todo para dar la bienvenida al otoño.
© Amador TorilLo fácil primero: lo que no vuelve a salir hasta el verano
Antes de pensar en textiles ni en colores, hay objetos que no admiten discusión: el ventilador de pie, la sombrilla de la terraza —como la que luce este proyecto del estudio Alberto Torres— o los flotadores. No pintan nada en la casa en noviembre. Guárdalos en el trastero, el altillo o la parte más alta del armario empotrado, el rincón que sueles reservar para lo que solo usas unos meses al año. Es el paso más sencillo, y el que deja sitio libre para todo lo que viene después.
Aprovecha también para revisar las velas de citronela o los juegos de mesa que solo sacas a la terraza: todo lo que únicamente tiene sentido con buen tiempo merece una caja propia, etiquetada y fuera de la vista, para no tener que decidir cada año dónde meterlo.
© Maisons du MondeTextiles que se van y textiles que vuelven
Los linos frescos y ligeros dejan paso a la lana, al terciopelo y a los tejidos que abrazan y dan calor: mantas de punto grueso en el sofá, alfombras que aíslan del frío del suelo y fundas de cojín con textura de borreguito o pana. No se trata solo de cambiar de tejido, sino de cambiar de sensación, de lo fresco y lo aireado a lo cálido y lo envolvente. En un otoño en el que el 'hygge' vuelve a estar en boca de todos, es probablemente el gesto que más transforma la casa con menos esfuerzo.
No hace falta cambiarlo todo de golpe: empieza por el sofá y la cama, los dos puntos de la casa donde más tiempo pasamos, y deja para más adelante las cortinas o las alfombras de las zonas de paso. El orden importa menos que el resultado: que la casa se sienta tan acogedora como abriga la ropa que ya llevamos puesta. Esta propuesta de Maisons du Monde, sin duda, lo consigue.
© WestwingLa decoración también cambia de armario
Los jarrones con flores frescas, los objetos que recuerdan a la última escapada de verano y los cojines con print veraniego se guardan junto a la ropa de playa. En su lugar, ganan protagonismo las velas, las piezas de cerámica o madera en tonos tierra y los adornos con más peso visual, que en invierno se agradecen porque llenan los rincones que el buen tiempo dejaba vacíos.
Un jarrón con ramas secas, una manta sobre una butaca —como en esta propuesta de Westwing— o una bandeja con velas encendidas cumplen la misma función que las flores frescas en verano: dan vida al espacio, solo que con otro lenguaje. El truco está en no acumular las dos temporadas a la vez, para que cada rincón respire la estación en la que estamos.
© Oriana BColores que se camuflan y colores que abrigan
El blanco, el beige claro y los tonos pastel que triunfan en verano no desaparecen, pero sí se camuflan: se combinan ahora con mostaza, terracota, verde botella o burdeos, colores que aportan calidez visual sin tocar ni un mueble.
Un cojín, un cuadro o un mantel bastan para que los colores de la casa entera pasen del verano al invierno sin cambiar nada de sitio. No hace falta repintar nada: quien quiera ir más allá puede cambiar también la vajilla, el mantel de la mesa o la ropa de cama y los cojines, como en esta cálida propuesta de Oriana B.
© SchmidtEl armario también pasa de estación
Aunque las prendas de invierno y de verano conviven cada vez más en el mismo armario (este de Schmidt) y se mezclan según el día, hay límites: ¿qué pinta un biquini en el cajón de la ropa interior en pleno noviembre? Aprovecha para organizar el armario: sacar los abrigos, las botas y las mantitas que este verano durmieron en el fondo, y guardar bien doblado, o en bolsas de vacío, todo lo que no vas a necesitar hasta la próxima ola de calor.
Es también buen momento para hacer una pequeña criba: si no te has puesto una prenda en los últimos dos inviernos, probablemente tampoco lo harás este. Donarla o venderla libera espacio de verdad, mucho más que cualquier caja o percha organizadora.
© Aakjaer FurnitureEl recibidor, el primero en notar el cambio
El recibidor (este de Aakjaer Furniture) es el primero en enterarse de que ha cambiado la estación: los sombreros de sol, las chanclas y las bolsas de playa dejan sitio a los paraguas, las botas de agua y los abrigos de entretiempo. Un perchero despejado y a mano hace que salir de casa en un día de lluvia sea mucho menos complicado, y evita que termines buscando el paraguas por toda la casa cuando ya llegas tarde.
Es buen momento, además, para colocar un paragüero o una cesta baja donde dejar el calzado mojado, y para revisar que el felpudo de fuera cumple su función: el recibidor es la primera impresión de la casa, tanto para quien llega de visita como para ti misma cuando vuelves cada día.
© Heidi CavazosDesempolvamos los radiadores antes de encenderlos
Si en verano tocaba limpiar los filtros del aire acondicionado, ahora toca hacer lo mismo con los radiadores: un buen repaso con la aspiradora o un paño húmedo entre las láminas, purgarlos si hace falta y comprobar que no hay muebles ni cortinas demasiado cerca, tal y como ocurre en este proyecto del estudio Coblonal. Es una tarea de diez minutos que se traduce en un calor más uniforme y en un ahorro en calefacción que se nota en la factura.
Aprovecha también para comprobar el estado de las juntas de ventanas y puertas: un burlete gastado deja escapar tanto calor como un radiador sucio, y arreglarlo cuesta poco dinero y tiempo.
© IKEAUn lugar para cada cosa, y todo en su lugar
Este cambio de armario, que hemos ampliado a toda la casa, necesita, además, un plan de almacenaje: cajas transparentes para identificar de un vistazo qué hay dentro, bolsas de vacío para ganar espacio y las zonas más altas o menos accesibles del armario para lo que solo sale una vez al año. Organizarlo así no ordena solo el trastero: ordena la cabeza, y hace que el cambio de armario del año que viene sea la mitad de trabajo.
Fotografía el contenido de cada caja (estas de IKEA) antes de cerrarla y pega la imagen fuera: ahorra minutos de búsqueda cada vez que necesites algo, y convierte el trastero en un armario más, solo que con la temporada en pausa.




