Rafael Vicetto es fisioterapeuta especializado en pared abdominal en clínicas StopDiástasis y miembro de AEDA (Agrupación Española de Diástasis Abdominal), una entidad que reúne a profesionales sanitarios, fisioterapeutas y nutricionistas especializados en el diagnóstico y el tratamiento de la diástasis abdominal.
Hablamos con él de eso que popularmente se denomina en el posparto "seguir con tripa de embarazada", pero que puede prolongarse durante muchos años, con las correspondientes consecuencias médicas.
La diástasis abdominal puede provocar pérdida de fuerza abdominal, dolor lumbar, sensación de abdomen débil, dificultad para levantar peso, alteraciones respiratorias, problemas de estabilidad del tronco y una mayor asociación con disfunciones del suelo pélvico
¿Cómo es de frecuente presentar diástasis abdominal tras el embarazo?
La diástasis abdominal es una de las alteraciones musculoesqueléticas más frecuentes tras el embarazo y, sin embargo, una de las menos diagnosticadas. Los estudios muestran que prácticamente todas las mujeres presentan una separación fisiológica de los músculos rectos durante el final del embarazo para permitir el crecimiento del bebé. Tras el parto, muchas recuperan parcialmente esa separación de forma espontánea, pero entre un 30 y un 60% continúan presentando una diástasis meses después del parto, dependiendo del criterio diagnóstico utilizado. El problema es que muchas mujeres creen que tener “barriga de embarazo” meses o incluso años después de dar a luz es normal. No siempre lo es.
La diástasis no es únicamente una cuestión estética. Supone una alteración funcional de toda la pared abdominal, que deja de transmitir correctamente las fuerzas entre ambos lados del tronco. Esto puede provocar: pérdida de fuerza abdominal; dolor lumbar; sensación de abdomen débil; dificultad para levantar peso; alteraciones respiratorias, problemas de estabilidad del tronco; y una mayor asociación con disfunciones del suelo pélvico. Hoy disponemos de una herramienta que nos permite valorar esta alteración con gran precisión: la ecografía musculoesquelética. Gracias a ella podemos observar no solo cuánto se separan los músculos, sino también la calidad del tejido conectivo (línea alba), su capacidad para transmitir tensión y cómo responde durante el movimiento.
Porque una diástasis no se mide solo en centímetros; se mide en funcionalidad. Cuando hablamos de funcionalidad, hablamos de la capacidad que tiene la musculatura de realizar su función, en este caso, su papel es fundamental para estabilizar el tronco y mantener la postura, contener las vísceras que se encuentran dentro del abdomen y permitir la rotación y flexión. También nos ayuda a aumentar la presión intraabdominal para procesos de expulsión (como toser, defecar, estornudar o el parto).
En los siguientes embarazos, ¿empeora el cuadro?
Puede hacerlo, aunque no necesariamente. Cada embarazo vuelve a someter a la pared abdominal a un enorme estrés mecánico y hormonal. Si la mujer ya parte de una línea alba debilitada y una musculatura abdominal poco funcional, el riesgo de que la diástasis aumente es mayor. Sin embargo, la evidencia clínica demuestra que una mujer que llega a un nuevo embarazo con una pared abdominal fuerte, coordinada y funcional suele tolerar mucho mejor esos cambios. Por eso insistimos tanto en preparar el abdomen antes de un nuevo embarazo, igual que se prepara el suelo pélvico. No se trata de tener un abdomen “más bonito"; se trata de tener un abdomen capaz de soportar un embarazo en mejores condiciones.
Para tratar la diástasis abdominal, ¿es preferible esperar a que la mujer tenga todos los embarazos?
No. Esta es una de las creencias más extendidas y, probablemente, uno de los mayores errores. Nadie le diría a una mujer que espere a tener todos sus hijos para tratar una lesión de rodilla o un dolor lumbar. Entonces, ¿por qué esperar para tratar una alteración funcional del abdomen? Si la diástasis produce síntomas, debe tratarse. Además, mejorar la función abdominal antes de un nuevo embarazo puede disminuir la progresión de la propia diástasis y ayudar a que el embarazo y el posparto sean mejores. El tratamiento no perjudica futuros embarazos; al contrario, prepara mejor al organismo para afrontarlos.
¿Qué dice la ciencia acerca de los hipopresivos para tratar la diástasis abdominal?
Los ejercicios hipopresivos tienen beneficios demostrados sobre determinados aspectos del suelo pélvico, la postura y el control respiratorio. Sin embargo, cuando hablamos específicamente de diástasis abdominal, la evidencia científica actual no demuestra que, por sí solos, sean capaces de cerrar la diástasis ni de restaurar completamente la función de la pared abdominal. Las revisiones sistemáticas publicadas en los últimos años concluyen que no existe evidencia sólida para recomendar los hipopresivos como tratamiento único de la diástasis.
El objetivo no debería ser únicamente acercar dos músculos, sino recuperar la capacidad de transmitir tensión y generar fuerza de manera eficiente. Eso requiere un abordaje mucho más amplio e individualizado. En consulta comprobamos mediante ecografía que algunas mujeres realizan un hipopresivo técnicamente perfecto y, aun así, la línea alba continúa deformándose durante el esfuerzo. Eso significa que el ejercicio, aunque esté bien ejecutado, no está resolviendo el problema funcional.
¿Puede perjudicar al cuadro hacer estos hipopresivos?
Depende del caso. Los hipopresivos no son perjudiciales por definición. El problema aparece cuando se indican sin valorar previamente cómo responde la pared abdominal. En determinadas mujeres con una línea alba muy debilitada o con una mala transmisión de fuerzas, la maniobra hipopresiva puede aumentar la deformación del tejido en lugar de mejorarla. Esto es algo que hoy podemos observar directamente mediante ecografía dinámica.
Por eso defendemos que no existen ejercicios buenos o malos de forma universal. Existen ejercicios adecuados o inadecuados para cada mujer según su valoración clínica. La ecografía nos permite objetivar esa respuesta y personalizar el tratamiento. Otra observación en práctica clínica es que hay perfiles de pacientes a los que les resulta muy difícil aprender a realizar correctamente los ejercicios hipopresivos, lo que supone invertir demasiado tiempo para aprender una técnica cuando hay otros caminos que nos ayudan a rehabilitar el abdomen desde la primera sesión.
¿Hay algún otro ejercicio popular que pueda resultar contraproducente para la diástasis abdominal?
Sí. Más que hablar de ejercicios prohibidos, preferimos hablar de ejercicios mal indicados. Un abdominal clásico, una plancha, correr, levantar pesas o incluso un ejercicio de pilates pueden ser perfectamente seguros en una mujer y resultar excesivos para otra. Todo depende de la capacidad de su pared abdominal para controlar la presión intraabdominal. Cuando esa presión supera la capacidad del tejido para soportarla, la línea alba puede deformarse aún más. Por eso, la progresión del ejercicio debe estar guiada por una valoración funcional y no por modas o vídeos de internet.
¿Qué es lo que aconsejan como profesionales para luchar contra esa diástasis abdominal?
Lo primero es dejar de pensar únicamente en cerrar centímetros. Nuestro objetivo como fisioterapeutas es devolver la función al abdomen. Eso implica: realizar una valoración ecográfica; analizar la calidad de la línea alba; estudiar cómo respira la paciente; valorar el suelo pélvico; revisar su postura; y observar cómo gestiona las presiones durante el movimiento. A partir de ahí diseñamos un programa individualizado que combine ejercicio terapéutico progresivo, educación, control de cargas, entrenamiento funcional y seguimiento ecográfico. Pero siempre personalizando y con un seguimiento de 12 semanas.
¿Cuál es el momento más indicado para tratarla, cómo se lleva a cabo el tratamiento y qué exige por parte de la mujer?
El mejor momento para comenzar es una vez que el cuerpo ha iniciado su recuperación tras el parto y la mujer ha sido valorada por un profesional especializado. Cuanto antes se identifique una alteración funcional, más sencillo suele ser intervenir. Eso no significa que una mujer que lleva cinco o diez años con diástasis no pueda mejorar. Vemos mejoras muy importantes incluso muchos años después del parto cuando el tratamiento está correctamente dirigido. El tratamiento requiere tres elementos fundamentales: un diagnóstico preciso mediante valoración clínica y ecográfica; un programa de ejercicio terapéutico individualizado y progresivo; y la implicación activa de la paciente.
No existen soluciones milagro. La recuperación depende de la constancia y de realizar el ejercicio adecuado, en la dosis adecuada y con una progresión adaptada a cada caso. Nuestro mensaje es claro: la diástasis abdominal no debe normalizarse ni minimizarse como un problema estético. Es una alteración funcional que afecta a la calidad de vida de miles de mujeres y que, afortunadamente, hoy puede diagnosticarse objetivamente con ecografía y tratarse con fisioterapia basada en la evidencia.









